miércoles, 18 de abril de 2018

Los Gallos y los Caballos: Ricardo “El Pajarito” Moreno Por Alberto Espinosa Orozco

Los Gallos y los Caballos: Ricardo “El Pajarito” Moreno
Por Alberto Espinosa Orozco




         Entre 1949 y 1950, cuando tenía 12 a 13 años, trabajé también con los gallos en Chalchihuites. De chavo me gustaron los gallos de pelea. Puse una jaula para doce gallos. De todos, giros, colorados, “Hach”, negros, “Blue Red”, “MacKean”, “Jhon Roper”. Tenía doce, trece años. Los peleaba. También los vendíamos en jaulas en el zaguán de la casa. Los sacaba a pasear, a hacer ejercicio, a hacer guantes. Como entrenamiento se les ponen los guantes en el espolón, para que se den un tiro con otro sin lastimarse, sin matarse.
         En el tiempo de esa infancia que tuve hacían peleas de gallos en el pueblo, los sábados y los domingos. Era una gran diversión, una diversión a todo dar. Es juego de apuesta. Yo más gané que perdí. A veces se mueren los gallos en la pelea, a veces después, pero su destino es morir en algún pleito. Sólo los sementales se salvan de esa suerte, cuando ya llevan varias peleas y están vivos, invictos, por su estilo de pelea, se los lleva uno al corral a echarlos con las gallinas pa´ la cría. Mueren esos de viejos.
         A los gallos los tiene uno que alimentar bien. Amarrar navajas es un arte. Yo también se amarrar. Recuerdo que tenía una gallina, buena pa´ sacar pollos, era una gallina prieta. “La Pedos” se llamaba. Le puse así porque se echada pedos cuando estaba echada -no diario, cada semana. Negra de color. Tienen que ser gallinas finas. No cualquiera se mete a los gallos, porque es peligroso. Porque los apostadores toman, puede haber broncas, pues. Era niño, pero competía con los grandes. Me enseñe solo. Viendo a Juan Rosales, a Tiburcio Serrano. Ellos eran galleros. Tiburcio se fue a Estados Unidos, California. Juan todavía está en Chalchihuites.
Tenía un gallo que había ganado muchas peleas, de seis a siete, no recuerdo. Morado, colorado. Lo curé. Lo puse a descansar para que cicatrizara bien, le di su medicamento para que cicatrizara pronto. Mi mamá me aseguró que estaba herido del corazón. El gallo cantaba cada vez más delgadito. Me aseguré de lo que ella decía: lo maté y le revisé el corazón. Efectivamente, tenía un piquete, una pequeña puñalada. Nos lo cominos mi mamá y yo y no me acuerdo a quien le convidamos.
   Fue entonces cuando me fui con Don Tomás Carreón Pérez, General de Brigada, a trabajar en el Bolsón de Sinaloa, límite con Agua Prieta. Le falta un ojito a mi tía, su esposa de él. Vecino del Licenciado Ignacio Muños Flores, jefe de la Comisión de Box y Lucha Libre del D.F. Ahí mataba al picudo del algodón, cuando estaba chilpayate, de catorce o quince años.
    Me fui pa´  Sinaloa, con un tío, Don Tomás Carreón Pérez, en Nabolato, el Bolsón de Sinaloa, Municipio de Nabolato. Ahí almacenan agua para los ejidos. De ahí me regrese. Me fui a México y pele como amateur en 1951. Fue en la Arena Coliseo de México.
     En 1950 me encontré con mi tío General de Brigada con dos estrellas, de permiso, y Delegado Agrario del Bolsón de Sinaloa, y me fui con el Bolsón, a trabajar, a limpiar la mata, de picudo, que se comía la mata de algodón, a exterminarlo. El picudo se come las matas de algodón y es negro, grande, primo del pinacate. Eso fue entre 1949 y 1959. Para principios de 1952 me daban mil o dos mil pesos de domingo. Con ese dinero me compré un caballito amarillo gallo, garañón, con huevos, entero. Garañón para coger yeguas; chiquillo, joven. Bruno y cabrón. Todos los caballos eran formados para jugar carreras. Y entonces me fui para Santa Rosa, rumbo a Nabolato, y allí llegó un día el de Guamúchil, Sinaloa: Pedro Infante, en un caballo pinto, alto el caballo:
        
Ya mis canciones no son las de antes
Ya mis cancones tristezas son
Ya me encontré con mi pensamiento
Ya me encontré con mi decepción”.
===
Soy en ranchero afamado
Que de la sierra he bajado
Vengo a gastar mi dinero
No les vengo a pedir fiado


         Yo soy gallero, yo soy gallero desde muy chavo. Yo soy hombre de a madre y llevo siete calaveras, y el gobierno no me ha podido detener, porque he tenido razón para poder matar. Yo no soy soba lomos, porque ya le dije lo que soy. A mí me debe ocupar el gobierno, para una dependencia federal y defender a la patria.
La gente es injusta, no toda, pero sí hay gente injusta. Yo quiero mucho a la gente. Por lo que no es correcto. Yo estoy envenenado con media humanidad… o un poquito más, porque yo nací para morirme en la raya.    
   Yo aprendía a boxear con Arturo Vázquez, campeón ligero y welter de Guerrero y de Morelos, hermano mayor de Mauro Vázquez, el que se murió. Y viendo las peleas en Taxco, Acapulco, Morelos.
         R.M.

***
A Ricardo “El Pajarito” Moreno le acompañaba como cábala el número siete, desde su nacimiento, pues era del 7 de febrero de 1937. Lo perseguía también la imagen de las siete calaveras. Comenzó su carrera de gallero  como amarrador de navajas de los gallos en las peleas de palenques de su pueblo. Como gallero llegó a tener doce pollos, de pelea, finos. Cuando tenía 11 o 12 años, en Chalchihuites los peleaba a sus gallos, que fue donde le pusieron el sobre nombre del “Calilo”, mote que heredó de un gallero muerto que lo había ostentado. Se fue de su tierra recorriendo el Bajío para pelear sus gallos, llegando hasta Nayarit, y luego se fue para a Jojutla, Morelos, donde al quedarse sin gallos, porque se los mataron todos, entró a trabajar como cobrador de camiones, trabajo en que prestó sus servicios por dos años, siendo descubierto entonces como peleador de primera por “Chucho” Cuate.
Cuando tuvo dinero compro gallos de pelea, también un cuervo, un chango y dos perros pastor alemán, a los que alimentaba con rojas chuletas frescas, pues era amante de las fieras. Era la época de la casa en el Pedregal de Taxqueña, por la Campestre Churubusco, que tenía frontón, en una zona volcánica. También tuvo dos caballos de carreras en el Hipódromo. En medio de la fama comenzó a despilfarrar su fortuna en las peleas de gallos y en las carreras de caballos -también con mujeres nocturnas y en los cabaret´s de moda y haciendo prestamos y donaciones a los pobres-, donde perdió mucho dinero, pues como reza la canción: “Hasta donde tuvo apostó”.
Al llegar a lo más bajo de su intermitente decadencia, a los cuarenta años de edad (1977), todavía soñaba con recuperarse, con poner una cuadra de caballos para el Hipódromo y un establo de boxeadores, y de dedicarse a los gallos. Había sido muy mal asesorado por un tal Juan Martínez, un simulador, que decía saber mucho de caballos sin saber en realidad nada, por lo que pensaba hacerse socio de su tío Juan Haro, quien tenía un rancho en San Juan, Río Colorado, Zacatecas. Pensaba en ese tiempo que su cuadra de gallos y caballos se llamaría “La Bufa”. Pero ya no se recuperó y todo se resolvió en humo.
         A.E.     














Pedro Infante Un Dia Nublado

Ranchero Afamado

LA CONSENTIDA: GORRIONCILLO PECHO AMARILLO





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