domingo, 23 de abril de 2017

El Monumento al Héroe de Nacozari Por Alberto Espinosa Orozco

El Monumento al Héroe de Nacozari 
Por Alberto Espinosa Orozco 



   El Monumento al Héroe de Nacozari partió de un diseño de Fermín Revueltas, realizado en mancuerna con Ignacio Asúnsolo. Juntos se encargaron personalmente de la construcción, de diciembre de 1931 a marzo de 1932. Puede decirse que ambos diseñaron toda la estructura del monumento, traduciéndola Revueltas a dibujos y Asúnsolo a maqueta. El escultor Federico Canesi litigó para que se le atribuyera la obra , pero sin ningún éxito. 


   Se trata de una estructura de cuerpos geométricos regulares, un hexaedro de cuatro caras, levando sobre una base piramidal. El estilo sobrio de la composición atendía a la idea de reflejar, en el cubo central mediante la pureza de las formas, las ideas abstractas de justicia, verdad y perfección. Para las cuatro caras del hexaedro Asúnsolo diseñó relieves de gran simplicidad, alusivos a la acción heroica de Jesús García, siendo añadidas inscripciones igualmente sobrias sobre las superficies por parte de Fermín Revueltas. La solución arquitectónica, que contaba con un recinto interior, resulto de gran equilibrio y elegancia, influenciando notablemente a posteriores proyectos monumentales. Por tratarse de las tres virtudes abstractas de la justicia, de verdad y la perfección bajo la forma alegórica de tres figuras femeninas, la voz popular ha llamado también a la obra “Monumento a la Madre” –correspondiendo aquellas más bien a los lauros de gloria trascendentes que coronaron las sienes del héroe sonorense sub especie aeternitis.  
   El monumento, efectivamente, cuenta con tres caras marmóreas en bajorrelieves escultóricos, que Asúnsolo mandó chapear con una capa de granito mezclada con cemento.    


   El amor ideal a su patria chica, Durango, y las afinidades electivas, llevó a los dos artistas a un trabajo de gran armonía en su conjunto, levantándose el Monumento al Héroe de Nacozari en el Parque Madero de Hermosillo Sonora, en los terrenos del Puente Colorado, que había sido propiedad del ciudadano francés Pallet, a unos pasos del lugar donde habría nacido Jesús García Corona.[2] Algún crítico ha visto en el estilo de la obra la difícil conjunción entre el Art Decó y el totalitarismo ideológico de la época, planteándose ciertamente la tensión entre un arte revolucionario y un poder cada vez más corporativo, encarnado por el periodo presidencial denominado del “Maximato” (1924-1934), justo en la época en que el gobierno de Sonora era detentado por Rodolfo Elías Calles, el mismísimo hijo del general Plutarco Elías Calles. Lo cierto es que la obra refleja claramente la mano de la Escuela de Talla Directa, antecedente directo de “La Esmeralda”, trasportando los diseños de las virtudes ideados por Revueltas en mármoles extraídos del Cerro de la Campana, símbolo de la ciudad de Hermosillo, también conocida como “La Ciudad del Sol”.[3]  




   Hay que agregar aquí que Fermín Revueltas realizó una obra más para Sonora: el vitral para la Casa del Pueblo de Sonora del año de 1933. Los murales en emplomado, pertenecientes al último ciclo del artista de Santiago Papasquiaro, engalanaron el teatro de la casa del Pueblo, teniendo como tema el “Movimiento Obrero Mexicano”, hecho por pedido del Ingeniero Juan de Dios Bohórquez. El proyecto fue concluido y montado en su lugar por la casa Montaña de Torreón, Coahuila, contando como ayudante de dibujo con el novel pintor Francisco Montoya de la Cruz. La obra constaba de tres dípticos, cuyos anteproyectos a prisma color aun se conservan, que son: “Zapata y la Maestra Rural”; “La Revolución”, y; "Obrero Muerto y Mitin”. La Casa del Pueblo formó parte de un complejo arquitectónico de beneficio social, contando con canchas de tenis, frontenis, alberca, ring de box y el estadio de beisbol “Fernando M. Ortiz”. Las instalaciones fueron convertidas en oficinas del PNR y los vitrales se perdieron, no dejando ninguna huella de su paso, porque a alguno les gustó y se los llevó para su casa.




   Por su parte Ignacio Asúnsolo  Mason dejó varias obras para Sonora, pues tenía una relación con la entidad, ya que su madre, Doña Carmen Mason Bustamante, era oriunda de Pitiquito, Sonora. Para Nogales, Sonora, labró el “Monumento a la Madre”, inaugurado el 19 de agosto de 1946. También realizó dos monumentos del general Abelardo L. Rodríguez, uno de ellos la estatua sedente que se encuentra en la Biblioteca de Sonora. El boulevard Abelardo L. Rodríguez cuenta con dos obras más del autor: dos estatuas de Plutarco Elías Calles y otra de Benito Juárez. Para Hermosillo, Sonora, labra en 1959 una obra más, titulada también “Monumento a Madre”. Por último realizó dos esculturas de primeros presidentes revolucionarios de la nación: Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles .
 









El Héroe de Nacozari Por Alberto Espinosa Orozco

El Héroe de Nacozari: Ignacio Asúnsolo y Fermín Revueltas
Por Alberto Espinosa 
Orozco





I
   En el año de 1931 Ignacio Asúnsolo se asoció con el artista, también durangueño, Fermín Revueltas. Juntos se dieron a la tarea de realizar  para Hermosillo, Sonora, el proyecto para el monumento al Héroe de Nacozari. De hecho ambos artistas trabajarían en estrecha colaboración hasta el año de 1934 para el proyecto del Monumento a Álvaro Obregón, aproximadamente durante el periodo comprendido por la presidencia interina del general Abelardo L. Rodríguez (Guaymas, Sonora, 1899- La Jolla, California, 1964).  
   Se conoce como el Héroe de Nacozari a Jesús García Corona (1881-1907). Jesús García nació en la ciudad de Hermosillo, pero a la muerte de su padre marchó a la ciudad minera de Nacozari para buscar mejor fortuna, acompañado por su madre y sus siete hermanos.
   La ciudad de Nacozari, que en la lengua aborigen ópata significa “lugar rodeado de nopales”, fue fundada en 1660 por los mineros españoles, que le dieron el nombre de Nuestra Señora del Rosario de Nacozari. A mediados del Siglo XIX, en 1867, la ciudad esperimento un crecimiento en su población cuando las minas de cobre explotadas por la Cia. U.B. Teader, fueron vendidas a la Moctezuma Copper Company (subsidiaria de Dodge Phelps), debido a que contrataron a muchos ingenieros y trabajadores de Estados Unidos, quienes introdujeron adelantos metalúrgicos modernos, además de hospital, biblioteca y casas estilo americano.[1]
   El humilde ferrocarrilero Jesús García Corona (Hermosillo, 13 de noviembre de 1883-Nacosari, 7 de noviembre de 1907), un hombre apuesto, de 1.80 mts de altura, moreno de ojos claros y bigote rubio, había aprendido el oficio de mecánico junto a su padre, Francisco García Pino, quien murió en el camino antes de llegar con su familia a Nacozari. Entró a trabajar muy joven a la industria minera Moctezuma Cooper Company, controlada por el Ing. W.L. York, siendo el menor de sus siete hermanos que ya se habían instalado para trabajar en ella, mientras su madre Rosa Corona Viuda de García atendía un pequeño negocio personal de lonches y café para los trabajadores.




   Su primer puesto fue de aguador, a los 16 años de edad, en 1898, escalando a bombero y luego a controlador de frenos, obteniendo cuatro años más tarde, por su dedicación y notables dotes, el grado de Ingeniero Mecánico, lo que lo facultó como ayudante de maquinista. por ese tiempo fue premiado por el superintendente de la minera Sr. James S. Duglas y el gerente Sr. Elizalde con un viaje todo pagado a Missouuri, estados Unidos. 




   La tragedia se dio cita en Nacozari el 7 de noviembre de 1907, cuando el maquinista oficial de la compañía, el alemán Alberto Biel, enfermó y tuvo que ser remitido al hospital. Como a las tres de la tarde tocó su turno a Jesús García, de 25 años de edad, quien por aquel azar del destino tuvo que tomar el mando de la locomotora, la que se encontraba estacionada en el Patio de Abajo, junto al bodegón de la casa de Máquinas, cargada hasta el tope con más de mil cartuchos de dinamita, lo que la convertía a aquel centro en un imponente polvorín. 
   Un viento contrario se desató entonces, llevando las chispas desprendidas de la caldera del vapor, avivadas por el fuerte viento, hacia las góndolas del tren, cargadas con una serie de cajas que contenían cuatro toneladas de dinamita, que  pronto empezaron a arder. El fogonero y los garroteros se bajaron presurosos del tren. No así Jesús García, quien tomó la decisión de sacar el ferrocarril, corriendo con su Maquina # 501 a toda prisa por la pendiente, cuesta arriba, para que no volara la ciudad entra. Jesús García logró llevar el tren a un lugar abierto, siendo el último en saltar el garrotero José Romero, quien salvó su vida al esconderse detrás de una piedra. A la altura del kilómetro # 6, al llegar al patio de Arriba, lugar conocido como "El Seis", la locomotora y los carros cargados con 2 toneladas de TNT volaron en mil pedazos por el aire, cimbrando la ciudad de Nacozari con un estrépito horrendo que se oyó a más de 16 kilómetros de distancia, rompiendo la onda expansiva todos los vidrios de las ventanas que halló a su paso. Se escucharon tres explosiones sucesivas como a las 2:20 de la tarde, causando una gran destrucción, matando en el acto a Jesús García que iba al frete de la cabina de tren, junto con 13 personas más que deambulaban por los alrededores y dejando heridas a otras 18 más, varias de ellas mortalmente lesionadas. Efectivamente, en el acto también murieron 6 mujeres y dos muchachas que estaban en una casa de sección junto al camino, más 5 hombres que pasaban por los alrededores. También murió el hijo del carpintero de la industria, un muchacho de apenas 14 años de edad de nombre William Chilshom. El superintendente Sr. J.S Duglas rindió a las pocas horas un informe detallado de lo sucedido al gobernador del estado de Sonora, Sr. Luis E. Torres, mientras el cielo se encapotaba de nubes grises y llovía durante toda la noche en el pueblo de Nacozari, como si el cielo mismo se vistiera de luto y llanto.   
   El sacrifico del ferrocarrilero no fue, sin embargo, en vano. Su hazaña heroica había salvado al pueblo de una terrible destrucción, quedando su epopeya labrada en la mente de sus coterráneos, y su figura como un símbolo verdadero, por encarnar los ideales de humanidad, valor y gallardía propios al más hondo arquetipo ideal de ferrocarrilero del norte del país. Héroe blanco de Sonora, héroe civil de la humanidad, en cuyo honor el poblado cambió en 1909 de nombre a Navozari de García por decreto de la legislación de su estado, celebrándose en México el día de muerte, 7 de noviembre, el Día del Ferrocarrilero, a partir de 1944.     



  La epopeya del ferrocarrilero inspiró la lirica popular vernácula, siendo el héroe de un corrido que narra sus hazañas, el que ha sido cantado a la largo de los años por variopintos intérpretes, desde el Charro Avitia hasta Pepe Aguilar, pasando por Los Camineros, Los Alegres de Terán, Las Voces del Rancho, Los Llaneros de Guamuchil, Los Rieleros del Norte, Montañeses del Álamo, Eduardo "El Gallo" Elizalde y Lorenzo de Montecarlo.







Maquina # 501

Maquina # 501
la que corría por Sonora
por eso los garroteros el que no suspira llora
era un domingo señores
como a las tres de la tarde
estaba Jesús García acariciando a su madre
dentro de pocos momentos
madre tengo que partir
del tren se escucha el silbato
se acerca mi porvenir.

Cuando llegó a la estación
un tren ya estaba silbando
y un carro de dinamita
ya se le estaba quemando.

El fogonero le dice
Jesús vámonos apeando
mira que el carro de atrás
ya se nos viene quemando
Jesús García le contesta
yo pienso muy diferente
yo no quiero ser la causa
de que muera tanta gente.

Le dio vuelta a su vapor
porque era de cuesta arriba
y antes de llegar al seis
ahí terminó su vida.

Desde ese día inolvidable
tú te has ganado la cruz
tú te has ganado las palmas
eres un héroe Jesús.




Fotografía de Alberto Bbiel (1904): Jesús García Corona, José Romo, Hipólito Soto, Francisco Rendón y Agustín Bruló


1] Nacozari se encuentra a 150 km de Hermosillo y a 123 km de Agua Prieta, enclavada en el extremo norte de la Sierra Madre Occidental, a 1, 100 metros de altura. En 1900 tenía apenas mil habitantes, contando en 1912 con dos mil y en la actualidad con una población de más de 10 mil almas. En 1912 fue nombrada Cabecera Municipal, con el nombre de Nacozari de García, en honor del héroe ferroviario. En 1904, debido a la necesidad de llevar el preciado metal a los Estados Unidos, se introdujo el ferrocarril, conectando Nacozari primero con Agua Prieta y luego con Duglas, Arizona –pues hasta esa fecha las vías del tren jalaban los vagones que eran arrastrados por mulas.  En 1948, cuando se agotaron los recursos minerales de Nacozari y la industria trasnacional cambio de nombre a Compañía Mexicana de Cobre S.A. de C.V., comenzó la exploración de los yacimientos circunvecinos, encontrando entonces, a 20 millas al sureste de la ciudad, la mina La Caridad  que empezó a explotarse a cielo abierto para el año de 1968, siendo en la actualidad la 3ª mina de cobre más grande del mundo, contando para su explotación con gigantescos camiones de 8 mts de altura por 12 de largo, de 27 toneladas de peso, que soportan paladas de 60 toneladas de mineral, el cual luego de ser triturado en el. Complejo Metalúrgico de Esqueda, Sonora.  
[2] Existe en el mismo Parque Madero un Monumento a Jesús García de confección más reciente, escultura de 1997 debida al escultor Julián Martínez Sotos. Hay que agregar que el escultor oficial postrrevolucionario Federico Canessi (1906/1977) realizo una escultura del Héroe de Nacozari para el Sindicato Ferrocarrilero de la bella ciudad de Toluca en 1948, dejando en Hermosillo, Sonora, la huella de sus cinceles con un retrato de Adolfo de la Huerta. 







[3] Blogger Sonora Diversidad. Tonatiu Castro Silva, “El Patrimonio Cultural ante un urbanismo rapaz,” 





sábado, 22 de abril de 2017

APOTEGMAS DE LOS PADRES DEL DESIERTO: SOBRE LA VIDA ESPIRITUAL

APOTEGMAS DE LOS PADRES DEL DESIERTO:
SOBRE LA VIDA ESPIRITUAL 




1
Preguntó uno al abad Antonio: «¿Qué debo hacer para agradar a Dios?» El anciano le respondió: «Guarda esto que te mando: donde quiera que vayas, ten siempre a Dios ante tus ojos, en todo lo que hagas, busca la aprobación de las Sagradas Escrituras; y donde quiera que mores, no cambies fácilmente de lugar. Guarda estas tres cosas y te salvarás».

2
El abad Pambo preguntó al abad Antonio: «¿Qué debo hacer?». El anciano contestó: «No confíes en tu justicia; no te lamentes del pasado y domina tu lengua y tu gula.

3
Dijo San Gregorio: «De todo bautizado Dios exige tres cosas: una fe recta para el alma, dominio de la lengua; castidad para el cuerpo».

4
El abad Evagrio refiere este dicho de los Padres: «Una comida habitualmente escasa y mal condimentada, unida a la caridad, lleva muy rápidamente al monje al puerto de la apatheia (1)».

5
Dijo también: «Anunciaron a un monje la muerte de su padre, y el monje dijo al mensajero: “Deja de blasfemar; mi padre es inmortal”».

6
El abad Macario dijo al abad Zacarías: «Dime, ¿cuál es el trabajo del monje?». «¿Y tú, Padre, me preguntas eso?», le respondió. Y el abad Macario le dijo: «Tengo plena confianza en ti, hijo mío Zacarías, pero hay alguien que me impulsa a interrogarte». Y contestó Zacarías: «Para mí, Padre, es monje aquel que se hace violencia en todo».

7
Decían del abad Teodoro de Fermo que aventajaba a todos en estos tres principios: no poseer nada, la abstinencia y el huir de los hombres.

8
El abad Juan el Enano dijo: «Me gusta que el hombre posea algo de rodas las virtudes. Por eso, cada día al levantarte, ejercítate en todas las virtudes y guarda con mucha paciencia el mandamiento de Dios, con temor y longanimidad, en el amor de Dios, con esfuerzo de alma y cuerpo y con gran humildad. Sé constante en la aflicción del corazón y en la observancia, con mucha oración y súplicas, con gemidos, guardando la pureza y los buenos modales en el uso de la lengua y la modestia en el de los ojos. Sufre con paciencia las injurias sin dar lugar a la ira. Sé pacífico y no devuelvas mal por mal. No te fijes en los defectos de los demás, ni te exaltes a ti mismo, antes al contrario, con mucha humildad sométete a toda criatura, renunciando a todo lo material y a lo que es según la carne, por la mortificación, la lucha, con espíritu humilde, buena voluntad y abstinencia espiritual; con ayuno, paciencia, lágrimas, dureza en la batalla, con discreción de juicio, pureza de alma, percibiendo el bien con paz y trabajando con tus manos. Vela de noche, soporta el hambre y la sed, el frío y la desnudez, los trabajos. Enciérrate en un sepulcro como si estuvieses muerto, de manera que a todas las horas sientas que tu muerte está cercana».

9
El abad José de Tebas dijo: «Tres clases de personas son gratas a los ojos de Dios: primero los enfermos que padecen tentaciones y las aceptan con acción de gracias. En segundo lugar, lo que obran con toda pureza delante de Dios, sin mezcla de nada humano. En tercer lugar, los que se someten y obedecen a su Padre espiritual renunciando a su propia voluntad».

10
El abad Casiano cuenta del abad Juan que había ocupado altos puestos en su congregación y que había sido ejemplar en su vida. Estaba a punto de morir y marchaba alegremente y de buena gana al encuentro del Señor. Le rodeaban los hermanos y le pidieron que les dejase como herencia una palabra, breve y útil, que les permitiese elevarse a la perfección que se da en Cristo. Y él dijo gimiendo: «Nunca hice mi propia voluntad, y nunca enseñé nada a nadie que no hubiese practicado antes yo mismo».

11
Un hermano preguntó a un anciano: «¿Hay algo bueno para que yo lo haga y viva en ello?». Y el anciano respondió: «Sólo Dios sabe lo que es bueno. Sin embargo, he oído decir que un Padre había preguntado al abad Nisterós el Grande, el amigo del abad Antonio: “¿Cuál es la obra buena para que yo la haga?”. Y él respondió: “¿Acaso no son todas las obras iguales”? La Escritura dice: “Abraham ejercitó la hospitalidad, y Dios estaba con él. Elías amaba la hesyquia (2), y Dios estaba con él. David era humilde y Dios estaba con él”. Por tanto, aquello a lo que veas que tu alma aspira según Dios, hazlo, y guarda tu corazón».

12
El abad Pastor dijo: «La guarda del corazón, el examen de si mismo y el discernimiento, son las tres virtudes que guían al alma».

13
Un hermano preguntó al abad Pastor: «¿Cómo debe vivir un hombre?». Y el anciano le respondió: «Ahí tienes a Daniel, contra el que no se encontraba otra acusación, más que el culto que daba a su Dios» (cf. Dn, 6, 56)

14
Dijo también: «La pobreza, la tribulación y la discreción, son las tres obras de la vida solitaria. En efecto, dice la Escritura: “Si estos tres hombres, Noé, Job y Daniel hubiesen estado allí…”. (cf. Ez 14, 1420). Noé representa a los que no poseen nada. Job a los que sufren tribulación. Daniel a los discretos. Si estas tres se encuentran en un hombre, Dios habita en él».

15
El abad Pastor dijo: «Si el hombre odia dos cosas, puede liberarse de este mundo». Y un hermano preguntó: «¿Qué cosas son esas?». Y dijo el anciano: «El bienestar y la vanagloria».

16
Se dice que el abad Pambo, en el momento de abandonar esta vida, dijo a los santos varones que le acompañaban: «Desde que vine a este desierto, construí mi celda y la habité, no recuerdo haber comido mi pan sin haberlo ganado con el trabajo de mis manos, ni de haberme arrepentido de ninguna palabra que haya dicho hasta este momento. Y sin embargo, me presento ante el Señor como si no hubiese empezado a servir a Dios».

17
El abad Sisoés dijo: «Despréciate a ti mismo, arroja fuera de ti los placeres, libérate de las preocupaciones materiales y encontrarás el descanso».

18
El abad Chamé, a punto de morir, dijo a sus discípulos: «No viváis con herejes, ni os relacionéis con poderosos, ni alarguéis vuestras manos para recibir, sino más bien para dar».

19
Un hermano preguntó a un anciano: «Padre ¿cómo viene al hombre el temor de Dios?». Y respondió el anciano: «Si el hombre practica la humildad y la pobreza y no juzga a los demás, se apoderará de él el temor de Dios».

20
Un anciano dijo: «Que el temor, la privación de alimento y el penthos (3) moren en ti».

21
Dijo un anciano: «No hagas a otro lo que tú detestas. Si odias al que habla mal de ti, no hables tampoco mal de los demás. Si odias al que te calumnia, no calumnies a los demás. Si odias al que te desprecia, al que te injuria, al que te roba lo tuyo o te hace cualquier otro mal semejante, no hagas nada de esto a tu prójimo. Basta guardar esta palabra para salvarse».

22
Un anciano dijo: «La vida del monje es el trabajo, la obediencia, la meditación, el no juzgar, no criticar, ni murmurar, porque escrito está: “Ama Yahveh a los que el mal detestan”. (Sal 96, 10). La vida del monje consiste en no andar con los pecadores, ni ver con sus ojos el mal, no obrar ni mirar con curiosidad, ni inquirir ni escuchar lo que no le importa. Sus manos no se apoderan de las cosas sino que las reparten. Su corazón no es soberbio, su pensamiento sin malevolencia, su vientre sin hartura. En todo obra con discreción. En todo esto consiste el ser monje».

23
Dijo un anciano: «Pide a Dios que ponga en tu corazón la compunción y la humildad. Ten siempre presentes tus pecados y no juzgues a los demás. Sométete a todos y no tengas familiaridad con mujeres, ni con niños, ni con los herejes. No te fíes de ti mismo, sujeta la lengua y el apetito y prívate del vino. Y si alguno habla contigo de cualquier cosa, no discutas con él. Si lo que te dice está bien, di: “Bueno”, Si está mal, di; “Tú sabrás lo que dices.” Y no disputes con él de lo que ha hablado. Y así tu alma tendrá paz».

(1) APATHEIA: Impasibilidad. No consiste en la extinción de las pasiones, sino en su perfecto dominio en aquel que está estrechamente unido a Dios.
(2) HESYQUIA: Tranquilidad, quietud, sea del alma pacificada, sea de la vida monástica en general, sea, finalmente, de una vida más solitaria dentro o fuera el cenobitismo.

(3) PENTHOS: Duelo por la muerte de un pariente. Y de aquí, en sentido espiritual: tristeza causada por el estado de muerte en que el alma se encuentra a consecuencia del pecado, sea del pecado propio o del pecado del prójimo.





viernes, 21 de abril de 2017

La Melancolía: El Espejo de la Muerte de Tomás Mondragón Por Alberto Espinosa Orozco

La Melancolía: El Espejo de la Muerte de Tomás Mondragón
Por Alberto Espinosa Orozco
1a Parte



I
      A partir del Siglo XVI se empezó a desarrollar en Holanda un estilo artístico, compuesto inicialmente básicamente por bodegones, al que se le dio el nombre de “Vanitas”, en alusión a la idea central del Eclesiastés: que las obras del hombre son vanidad, un correr tras el viento (“Vanitas vanitatum, et omnia vanitas”). Muchas de las obras del barroco holandés que caen dentro de ese género son de un gran refinamiento y de un realismo extremo, que prácticamente, de acuerdo a las modas contemporáneas, podríamos anacrónicamente denominar hiperrealistas. Sin embargo, a diferencia de las obras planas de día de hoy, los Vanitas de ayer tienen un trasfondo claro metafísico: recordarnos que en el mundo las riquezas, el poder, los placeres, el goce de la belleza, la vanagloria y los honores, en realidad nada valen, pues se esfuman tras la muerte; que la lucha por conseguir los bienes terrenales, que es la idolatría de Mamón, al alejarnos de Dios y de la verdad nos introduce en un hermoso sueño, engañoso… pues su despertar es sin embargo la muerte. Vanidad, pues, tanto en el sentido de orgullo y de soberbia, que por altivez o sentimiento de superioridad  lleva a tratar a otras personas de forma abusiva, despectiva o desconsideradamente,  como con el significado de la nada o de la insignificancia, pues el lujo, la riqueza o el poder, apetecibles como son, carecen de valor moral. Sus objetos son así aquellos que son propios de la vanidad: espejos, peines, maquillajes, vestidos lujosos, sedas, perfumes, embriagantes flores y opimos frutos perecederos, entreverados con la imagen de los huesos finales, con o cráneos y calaveras.  Los cuadros, de riquísimo simbolismo, invitan así de suyo a reflexionar, a meditar sobre la fragilidad y la brevedad de la vida, de nuestro tiempo finito, de nuestro ser mortales los seres humanos, recordando que, creados de la nada, a diferencia del Ser Supremo que tiene en sí el ser y la vida,  nosotros somos hechura del Creador, confeccionados con el barro de la tierra, teniendo el aliento de la vida en las narices, y que sí, surgidos de la materia, que es polvo, en polvo, en ceniza, en nada nos convertiremos cuando se cierre la cuenta de nuestros días llegado a su finitud.
     O dicho en resumen: que perseguir las riquezas de este mundo o agradar a Dios son dos caminos opuestos, pues que son dos opuestos señores, pues uno va al occidente del Infierno, mientras que el otro al Oriente de la Cruz y del culto, senda de la humildad y de la caridad cristiana por la que se llega al Cielo.




II
   Entre las más de 450 obras atesoradas por la Pinacoteca del Templo de “La Profesa”, en la Calle de Ignacio Madero del Centro Histórico, se encuentra una fabulosa pintura de Tomás Mondragón, que pertenece al género del Vanitas, en una de sus derivaciones conocidas como “Memento Mori”, que consagra la idea del “acuérdate que vas a morir”, conocida como “Alegoría de la Muerte” o “Espejo de la Vida”. El hermoso oleo, con grandes letras en el primer plano, consigna la leyenda: “Éste es el espejo que no te engaña”.
   La obra consigna la fragilidad de la belleza mundana y la futilidad de la vanidad de la tierra. El cuadro se encuentra dividido en tres secciones. A la derecha, sobre un tercio de la superficie, aparece, como recortada, la mitad de la imagen de una hermosa joven, de carne fresca y lozana, vista de frente, ricamente ataviada a la usanza novohispana,  en medio de un recinto de gran ostentación, que lleva su brazo derecho, doblado o en actitud de descanso, de indolencia, de despreocupación, hacia un tocador en el que se encuentra el espejo, apenas visible. Imagen de la doncella cortesana dispuesta a abrazar los bienes mundanos de los vivos, luciendo gemas y joyas en los dedos de su mano. A la izquierda, ocupando dos tercios de la tela, la otra parte de la imagen de la figura femenina, cuyos vestidos han sido roídos por el tiempo y ya en harapos, donde la carne pútrida deja ver el mondo esqueleto, los huesos atacados por el moho y los gusanos, y cuyo brazo se prolonga recto señalando el paisaje del camposanto, azotado por la tormenta, que se ahonda hasta perderse en un paisaje de cruces mortuorias y montañas moradas que se alejan, entre los ocres, a la distancia, Arriba, cargado hacia la derecha, en una tercera sección, se abre entre nubes celestiales , dejando ver la mano del Señor, en actitud de cortar el hilo con unas tijeras, partiendo en dos la línea entre la vida y la muerte, que simbólicamente divide a las dos facetas de la imagen femenina.
   El símbolo de la calavera, del esqueleto, que en otros casos cumplía la figura del difundo; o, mejor dio, de la mitad del esqueleto representado, tiene como función servir de antídoto contra la vanidad y nihilidad del mundo, al hacernos reflexionar sobre la horrorosa muerte o la finitud de la vida. Su propósito, en efecto, es el de causar horror en el espectador, despertando sus sentimientos de culpa por los excesos de la mundanidad cometida, llamándolo así y conminándolo a la salvadora conciencia del arrepentimiento, de la humildad, del amor trascendente de la caridad cristina que es a la vez justicia, búsqueda del reino de Dios en este mundo, desde este mundo –antes de volver como amarga ceniza a la tierra de la que fuimos hechos. Pavor de los ojos por la visión del horror de la muerte, del agotamiento de ésta vida, por el poder devastador, ineludible, de la muerte –que nos invita así una rectificación de la conducta, en advertencia de su pecaminiosidad, para así poder gozar de la salvación de nuestras almas, gozando de la bienaventuranza de la vida eterna, por participación en la suma felicidad de la luz y la bondad divina.

   Del misterioso artista Tomás Mondragón poco o nada sabemos, aparte de su obra ejemplar, firmada en el tardío año de 1859. Puede decirse, empero, que debió  haber sido contemporáneo del gran pintor catalán y director de la Academia de Pintura de San Carlos Pelegrin Clave, así como del escultor Manuel Vilar, quienes se habían formado en Roma, en la escuela de Nazarenos, cuyo purismo, de ambiciones murales, fue impulsado decididamente por el gran Overbeck, con la intención de purgar a la escuela renacentista de sus maculas paganas. Una nota más puede arrimarse a esta ascua: la fecha de elaboración de la tela, del año 1859, ya no corresponde a ningún periodo virreinal,  bien entrada la Independencia de la nación en el siglo XIX, justo en el momento en que se proyecta la secularización e incautación liberal de los bienes de la Iglesia por las Leyes de Reforma, promulgadas por Don Benito Juárez García, benemérito de la Américas – y por cuyo lance se granjeó la animosidad del papa Pio IX, quien no tuvo más alternativa que excomulgarlo para siempre de la Iglesia Católica y Apostólica Romana. 








miércoles, 19 de abril de 2017

Valeria Zapata: las Máscaras y la Persona Por Alberto Espinosa Orozco

Valeria Zapata: las Máscaras y la Persona

Por Alberto Espinosa Orozco


 “Cuando te hagan sufrir en tu manada, solo repite
que ya Tabiquí, el chacal, resucita”.
Rudiard Kipling



I
   Pude afirmarse que gran parte del arte actual se postula como una crítica a la crisis de la modernidad por la que atraviesa la época contemporánea. La obra de la joven pintora Valeria Zapata (Neuquen, Argentina, 1982) no es una excepción a esa generalidad. Lo que empero caracteriza a su visión del mundo es la expresión de una verdad íntima y personal cuya representación estética se fragua a manera de una serie de enigmas y atmósferas de condensado dramatismo, en las que la  delirante perturbación emocional esta siempre sin embargo buscando el momento de la reconciliación con el espíritu de la vida para ser redimidas por la luz.
   Su obra se establece así como una tensión    en pugna con las verdades pavorosas dionisiacas de nuestra era, haciendo del patetismo o bufonesco nietzscheano y de la parodia real del mundo charlatán en torno, la arena superficial sobre la que cual giran en torbellino sus imágenes para profundizar en la circundantica y al fijar en los colores sus imágenes de fiel simbolismo cromático desenmascarando al escrutar en las estériles muecas de las máscaras marchitas.
   Así, surgen ante su visión prematuras abuelitas tibias, acosados por colmillos invisibles y larvas de toda estofa,  saturados la atmósfera con el falsete gris de la parodia, anegado de fantasmales humedades y homúnculos que parecieran  absorber para al estafar la esencia humana o succionarla de toda su sabia sustantiva. Mundos agostados por la angustia en mengua de la vida o que declinan en blandas  penas pálidas de diminutos seres expuestos a la intemperie o envueltas caperuzas rusas  puestas en peligro de muerte ontológica –exhibiendo de tal suerte algunos rasgos sociopsicopatológicos de la complejísima estructura del hombre moderno contemporáneo.
   Pintura, pues, que sin tapujos enfrenta la metafísica de la naturaleza humana, afectada en nuestra altura histórica de “doblez”, decadencia y disolución mental, cuyas neurosis, socialmente desarrolladas, agregan a nuestro tiempo un ingrediente más de presión generacional, de desequilibrio de cuerda floja y oscilación emocional compensatoria. Su mirada así atrapa en la composición las huellas expresivas de distorsionados cuerpos y rostros, haciendo de habitáculos y  recintos de la intimidad densas atmósferas y estancias donde la luminosidad se ahoga, se mancha o empantana; de la autonomía formal del carácter una cábala de australes astros invertidos y de la  autonomía formal del carácter expresiones cuyo refinamiento, por paradoja muchas veces rayana en lo simiesco o en la caricatura amorfa de lo humano, produce como resultado final la dolorosa sensación del espasmo, por rodearse de ominosas huellas de lo amenazador ausente o de lo súbito.
   Porque ante lo que la artista se enfrenta es al a la salvajería informe y sin ley de la libertad caída donde al apurar la copa de la vida se trasvolaran y revuelven todos los valores consagrados por la tradición, dando con ello cuenta y razón de una modernidad anómala y desorbitada -en cuya fuga de contenidos, aceleración,  distorsión de los módulos naturales de la vida y disolución de las jerarquías y las costumbres se producen las expresiones aberrantes de la libertad gregaria y chacalesca o de la canalla individual, abriendo paso a la jungla de la anomia moral. Porque la crisis occidental moderna, grabada ahora a escala planetaria, simplemente no puede, no ha podido resolverse con una vuelta edénica a la natural, irresuelta a su vez en llana voluntad de poderío o en el élan vital de la compenetración progresiva del impuso y el espíritu, por lo que ha de buscarse en estratos más trascendentes de la naturaleza humana. 



II
   Pintura a la vez tierna y ambiguamente infantil, porque se trata del orbe de lo cotidiano femenino y maternal, pero cuya recuperación de la inocencia y de lo habitable pareciera evocar un espacio vital  rodeado por sonrisas heladas en formol, embriagando el aire de la conservera antigua de suero o en el pintado espacio deprimido por el pesado lastre amargo de plomiza plastilina derretida en la sordidez del tufo en la evaporada carcajada de orangután idiota que de sí misma recordando a solas sus maldades y donde de todo se burla nadie. También ejercicio liberador de los aspectos inferiores y demoníacos, para expulsarlos, barriendo así atildadamente el aire y lavando la lluvia pulcramente -para abrirle un lugar en el espacio a lo habitable. Obra en cierto modo catártica, en efecto, que pone en fuga las tendencias irracionales y simiescas al conjurar de reojo sus siluetas  de vulgar instinto o de indistinta trasparencia. 
   Habitáculos en que pululan homúnculos y sombras apenas coloridas de seres dibujados en potencia, traspasados por el paso de tanto azar y contingencia del tiempo u orilladas a frustrar el acto y crecimiento que las realizaría en su destino. Mundo, pues, acosado por  miserias y gelatinosos sapos que salen de las lenguas, también de las ilusiones yertas o estafadas,  que marcan con ello la iniciación en el mundo adulto de la madurez y su penosa ascensión  -con toda la carga de lo negativo que lo devasta,  corroe y despilfarra.
   Sus rostros y figuras son así esculturas móviles que en su pastosa y agitada danza de festivas mutaciones  buscan un retorno a los orígenes de las costumbres cotidianas, fundado por ello de tal suerte una ética crítica en donde reencontrar la organización primigenia del mundo y de la sociedad. Intento, pues, de regeneración del tiempo y del espacio sustancial al hombre, que por la vía de la manifestación de los aspectos socarrones o sardónicos quisieran salvar a los valores de la degradación sufrida por las cosas arrojadas al vértigo del tiempo histórico, y encontrar en esa travesía la semilla que siembre así de nuevo el lugar de cada ente los seres del cosmos.
   Sin embargo, sus imágenes están lejos de intentar controlar o dominar mágicamente la multiplicidad de fuerzas espirituales invisibles que flotan con el polvo por el aire en la imagen especular de la representación plástica sensible, sino que mejor se exponen como testimonio de la gravitación anímica, específica del hemisferio austral, cuyos cónicos astros nocturnos e inversos acosan en el viento con la presencia vaga de las apariencias desmedidas, siendo así sus máscaras heladas imágenes del apetito descontrolado e insaciable de los deseos multiplicados pero sin sustancialidad. Así, los fantasmas de la angustia que se aprestan a devoran su presa, terminan por alimentarse de ellos mismos, dando cuenta con en sus trasparencias de vitral de azúcar su disolución baba hueca –y del silente aterrador vacío del mal.




III
   Las imágenes del bufón malicioso y las gracejadas de arlequín resultan formas plásticas, necesariamente estilizadas, de lo inestable y circense, de lo que forzado por el vértigo de la aceleración histórica y de las comunicaciones masificadas resultan prodigios de equilibrio evanescente y execrable, siendo por ello emblemas de lo indeterminado. e inconsciente, confundiéndose por ello con el dulce hedor imperceptible de lo ayuno de ideas, de lo horro de ideales o de la pereza confortable apoltronada  en su osamenta sin principio ni carácter. De tal suerte lo ligero y lo superficial se alían a lo vertiginoso, tocando la zona en que se confunden  los proyectos y las posibilidades al ser succionados por la boba boca del caos indistinto, dando a colación seres que no han podido individualizarse o que por abyección han renunciado a  la personificación. Exposición, pues, de las fuerzas contrarias en la lucha de la vida para lograr enraizar y formar para constituir a la persona y con ella dar armonía al universo. Lugar, pues, de las oposiciones excluyentes, donde chocan los cuerpos o se emplastan por las anárquicas fuerzas que los mutan y enquistan, que discordantemente modifican y dolorosamente distorsionan.
   También reconocimiento de esa otra cara de la realidad que reclama nuestra atención, para poner en su lugar, sin apelmazar o revolver, lo grave y lo anodino, la chanza y lo sagrado, lo digno y lo olvidable. Del champurrado, pues, que provocan los excesos de la conciencia irónica, que de ir muy lejos desde la posición perfecta, acaba por transmutarse en su contrario: en meta-ironía disolvente de toda fe,  de toda certeza instituida, de toda posición y perfección posible. Porque la conciencia irónica, de verdugo de la debilidad y la involución espiritual, de ácido aguijón para devolver al equilibrio, de  búsqueda de un orden más comprensivamente humano y de una humanidad mejor –para revolverse contra sí misma en la parodia mortal o trasfundir  la mera posibilidad de dividirse en naturaleza contraria y tomar los dos caminos en pugna contra sí misma.
   Porque lo que la artista Valeria Zapata revela en su obra son las figuras y fuerzas cotidianas captadas con una óptica insólita, cuyas  atmósferas de abyección y de miseria arrastran tras de sí, como la cauda del cometa, enormes sistemas parasitológicos destinados a sumir a la sociedad en la novedad excéntrica y la violencia entrañada en la disolución de las costumbres. Tono humorístico e irónicamente inocente, es cierto, por la composición caricaturesca espontánea de sus figuras, cuya ligereza de formas queda inmediatamente circunscritas en los contrastes colorísticos de pesada densidad de atmósferas ajadas por la manipulación ideológica o por el feroz cinismo ambiente. Retórica estética que la maestra grabadora méxicoargentina Satella Fabbri. ha practicado también desde la década de los 80´s –siendo prácticamente idéntica la búsqueda de esa inocencia perdida. .
   Así, seres sin sustancialidad que pertenecen al mundo de lo adjetival, de lo trivial, de lo somero e informe se vislumbran sumidos en reinos chabacanos o succionados por embudos   de valores invertidos cuyos malabares son presentados por la artista en posiciones hijas de la confusión, no pudiendo ser así sino padres del caos lóbrego o de la frivolidad. Mundo inconsistente de las habladurías y la ignorancia, cuya representación a veces indetermina un grito, cuya desarticulación revela las tensiones de la carpa, de lo meramente circense,  de lo aparente, teatral  y nocturnal. Obra pues de cultura: cuya doble intención creativa, a la vez crítica y civilizadora, pone el acento en la llaga de lo anodino, de lo parasitario y amorfo, viendo latir el corazón insípido del drama envuelto de patetismo, pero sólo para superar la indistinción desordenada o lo abismado y poder ubicar así y por contraste las coordenadas espirituales de lo hospitalario en que se expande, como la flor bañada por la luz en el frescor matinal del rocío, la verdadera libertad, vertical y ascendente. 

17.V.2007