viernes, 11 de noviembre de 2016

Mictlán: Homenaje a Tomás C. Bringas Por Alberto Espinos Orozco (8ª Parte)

Mictlán: Homenaje a Tomás C. Bringas
Por Alberto Espinos Orozco
(8ª Parte)



VIII
La obra de Tomás Bringas estuvo siempre esencialmente preocupada por la maestría del oficio artístico, especificándose en él en el oficio de grabador. Junto con José Luis Calzada, el maestro grabador e impresor Tomás Bringas ha contribuido al fortaleció el conocimiento, el gusto del grabado en su región, y como nadie al logro de su profesionalización en la enseñanza. Artistas a los que hay que sumar a Oscar Mendoza y a Rogelio Rodríguez Ángel, pero también al pintor oriundo de Santiago Papasquiaro José Luis Corral con su Taller Arteria, y a la grabadora Coral Revueltas, maestra muy activa en la enseñanza y difusión de la estampa, primero en varias escuelas y universidades de la ciudad de México y ahora encargada del Taller de Grabado en la Universidad Autónoma de Cuernavaca. Pioneros de la estampa contemporánea durangueña, a los que se han ido agregando los aprendices y discípulos del maestro Bringas, como son: Israel Torres, Thor  Reveles, Melanie Peña, Antonio Gándara, Liliana Cortés, Abraham Valles, Arturo Ávila y Ricardo Villareal, entre muchos otros.







Su método de trabajo comenzaba por su concepción del artista como un observador de su realidad o mundo en torno, lo que no lo exime de registrar los comportamientos y prejuicios de quienes lo rodean. Porque el artista, en efecto, comienza por percibir, por sentir y sufrir,  el mundo de una forma más intensa y sutil que el resto del mundo, siendo de suyo más perceptivo, teniendo más despiertos los sentidos, captando incluso valores específicamente estéticos, de calidades visuales, táctiles o pictóricas, que pasan a los demás inadvertidas. 
A partir de un tema común propuesto, huyendo de los tropismos y del lugar común, dejaba que los aprendices dibujaran o trazaran espontáneamente  en la placa, para así revelar los arquetipos del inconsciente colectivo, las imágenes prístinas y los símbolos analógicos de la realidad psíquica, individual o colectiva, fijando con ello, en términos de imágenes analógicas o costumbristas, el sentido disperso o espolvoreado de lo social, expresando sus temores y angustias, sus esperanzas y sus sueños más profundos.
Lenguaje analógico o simbólico, pues, porque el símbolo sirve para figurar  lo que no se piensa o expresar lo no dicho, pero que se encuentra latente en la imaginación, escapando al control y a la censura o represión de la conciencia. La imagen sirve entonces como radioscopia o diagrama de la altura histórica de nuestra edad, denunciando tanto reclamos sociales como los desequilibrios propios de nuestra era, siglo o mundo, dando con ello un reflejo fiel de lo que hacemos, de lo que nos ocupa y  de lo que nos preocupa, por lo que sus imágenes vienen a ser espejos lúcidos de nosotros mismos.     
El artista es también un ordenador en busca de armonía. Por lo que la ordenación compositiva y estética de la obra, guiada por el artista mexicano con estricto apego a la propia tradición, se mueve a medio camino de la creación, de la contemplación y de la reflexión crítica, presentándose a la vez como diagnósticos de nuestra situación y como vía de sabiduría, que son los pasos conducentes a la clarificación y fortalecimiento de un verdadero carácter nacional. Vía, pues, para valorar positivamente nuestra cultura y a nosotros mismos en ella insertos, por medio de la observación de nuestro entorno, por la estimación de nuestras costumbres y crítica de nuestros prejuicios, y por el conocimiento de nuestra historia nacional, con la actitud de una franca superación de nosotros mismos, no tanto para alcanzar alguna supremacía o poder mundial o cultural, sino en el sentido de trabajar por el progreso estético y moral de la humanidad toda en su conjunto. 


Artista completo, creativo, sencillo y trabajador, Tomás Bringas fue también un artista compartido, deseoso de hacer participar a otros de sus hallazgos y resultados, los cuales decantó en la concepción estética de una serie de hermosas carpetas de grabado y de fabulosos libros objetos de artista, que llevaran la impronta de nuestra cultura y de las condiciones artesanales de su realización. Así, integrando a disímbolos profesionistas, organizó grupos de trabajo interdisciplinario para el logro estéticos de sus objetos artístico-artesanales, consciente de que para ser universal basta expresar los rasgos propios, siendo lo más nacionales que nos sea posible. Tarea, pues, de frenar el vértigo de la aceleración moderna y sus fuerzas centrífugas de disipación y distracción, que amenazan succionarnos en las aguas procelosas del devenir, de lo que no tiene trascendencia metafísica, para recordar quienes somos, de que piedra fuimos desprendidos, refrescando así la tradición de nuestro rico arte disímbolo y nuestras plurales bellezas geográficas, étnicas y culturales, en un claro proyecto esencial de rehumanización.  
Sus libros objeto contemplan la participación con un grupo plural de trabajo, convocando primero y luego integrando en la ejecución de la obra a: escritores, ebanistas, carpinteros, talladores, pirograbadores, encuadernadores, viñetitas, impresores, serígrafos y editores, enderezados todos para el logro de un objetivo común, contado en todos los casos con el apoyo de su esposa e inseparable colaboradora Paola B. Moreno. Labor de inventor y organizador, que tomó sus modelos del desarrollo propio de la industria del libro antiguo y decimonónico, en un proceso de contribución a la consolidación de nuestra propia identidad como durangueños y mexicanos, dentro de los requisitos estéticos de la alta calidad y la composición artística. Bestiarios, breviarios, bitácoras de navegación, anecdotarios, herbolarios, prontuarios, monografías, diccionarios, cancioneros, etc., fueron entonces sus modelos guías de inspiración.[1]




Entre sus libros de arte pueden enumerarse: Breviario de Neologismos y Arcaísmos, de 2008, compilación de voces usadas en Durango y otras expresiones diversas mexicanas, donde el maestro exploró novedosas técnicas de la gráfica contemporánea, hecho por el itinerante taller del Perro Bravo, el cual se presentó en varias partes del interior de la república, como Tijuana, Aguascalientes, Nayarit y en la Ciudad de México.; Juego de Lotería, de 2009, inspirado en el grabador José Guadalupe Posada, con textos y grabados litográficos originales de varios autores, alumnos de la EPEA, entre los que cabe mencionar a Israel Torres, Liliana Cortez, Melanie Peña, Thor Reveles y Antonio Gándara y estampas de Tomás Bringas, con un tiraje de 50 ejemplares;  Breviario de lo Insólito e Inesperado, de 2010, con textos de Paola Moreno y grabados de Thor Reveles, Israel Torres y el propio Tomás Bringas, con un tiraje de 50 ejemplares; Diario de Calle de 2011, que es un registro de las tribus urbanas en la ciudad de Durango y que fue acompañado de un video en su presentación; Breviario de lo Insólito y lo Inesperado de 2012; el breviario Entre el Amor y la Costumbre, presentado el 25 de abril de 2013, trabajo artesanal realizado con diversas técnicas de impresión, realizando poco después una serie de carpetas de grabado en el IMAC con los alumnos del Taller Perro Bravo Thor Reveles, Melania Peña, Antonio Gándara, Othón Garría, Israel Torres, Francisco Galeana, Ricardo Villanueva y Leticia Cortés, Abraham Valles y Martín Peña; Crónicas al Servicio de una Causa, de 2014, impreso en los talleres de grabado de la EPEA, con textos de Paola B. Moreno, y; Sotol: La magia del Desierto Liquido, de 2015, con grabados de Tomás Bringas e Israel Torres, textos de Abigail Salazar, Mónica Tarabilla, Alerto Espinosa, diseño de portada de Karen Rivas e impresión serigráfica de Liliana Cortés y Divonne Maldonado, presentado en el Museo Pancho Villa el mismo día de su fallecimiento, 18 de octubre del 2015. Un libro caja objeto de arte más está por aparecer llamado: Mictlán: Homenaje a Tomás Castro Bringas, del 2016, coordinada por Paola Moreno, con un texto de Alberto Espinosa Orozco, un gradado original de Tomás Bringas acompañado por 22 estampas más, las que constituyen la exposición que se presenta en el Museo Palacio de los Gurza a un año de su fallecimiento.[2] Porque Tomás Bringas no sólo fue un incansable maestro grabador e impresor, sino también, desde un principio, un integrador y articulador de equipos de trabajo, a los que supo contagiar su entusiasmo por la belleza y la cultura propia.



Joyas bibliográficas artístico-artesanales a las que hay que sumar un sinfín de carpetas de grabado, en las que colaboró o de las que fue directamente autor, preservadas entre las reliquias materiales de su inmensa producción gráfica. Proyecto de libros objetos artesanales y de colecciones de grabados que abrió una ventana al cosmos en la evolución editorial artística en Durango.[3] Porque las obras editoriales de arte del maestro Tomás Bringas constituyen una valoración abierta de nuestra cultura y de su profundo arraigo a la maestría del oficio artesanal, por la participación que el grabado tiene, en su fidelidad al principio de autenticidad, con un mundo humano, con el sentimiento, calidez y expresión que deja el sello de la mano humana y la riqueza incomparable de su factura. El reconocimiento de valor de la maestría tiene entre sus funciones reforzar el sentido estético, de la distinción, del orden y de la jerarquía, pero también invita a ver lo que tiene el oficio de meditación sobre la materia, sobre la relación del hombre con las sustancias del mundo y la acción simbólica del trabajo, donde se mezcla el arte con el rito y el modo de combinar y repartir realidades -combatiendo de tal forma no sólo el atroz subjetivismo y la temible inversión y degradación de los valores contemporáneos, sino también la voracidad del consumismo que simplifica hasta el extremo de lo artificial a las sustancias mismas. 
No por ello el artista se arredró en el terreno de la investigación y de la enseñanza ante las llamadas imágenes de segunda generación, generadas por computadora, reconociendo que, tanto en la experimentación como en la enseñanza, no se pueden dejar de lado los procesos digitales, pese a su vibrante frialdad y a la indiferencia y lejanía causada en el artista y en el espectador por su masa indiferenciada, carente de aura, consistente una serie de de adiciones y sustracciones, asumiendo así el deber de tender un puente de prudencia entre el oficio tradicional del grabado y el proceso de asimilación de las nuevas tecnologías creadas por los medios electrónicos, tolerando todas sus modalidades, por más que resulten tan democratizadoras como avasallantes.[4]         





Los resultados de sus acuciosas investigaciones teóricas e históricas en materia de grabado, visibles tanto en la enseñanza del oficio como en sus prácticas experimentales y producción plástica, sujetándose a las limitaciones y servidumbres propias de su oficio artesanal, abrieron sin embargo las ventanas del futuro a la gráfica durangueña, vislumbrando toda una gama de posibilidades inéditas para su revaloración y resurgimiento. Arte visiblemente relegado por la modernidad tecnológica triunfante que, sin embargo, constituye todo un bastión de humanismo y de resistencia cultural y espiritual en nuestro tiempo, que Tomás Bringas ayudó como nadie a fortalecer, tanto en la integración de grupos disímbolos de trabajo como en su difusión en otros sectores sociales y de la cultura, precisando de su decidido auxilio para la viabilidad y consolidación de su permanencia, en vistas de la primavera futura que se anuncia, con brillantes timbres de clarines propios, desde la lejana provincia del noroeste mexicano. 
Es así que el impulso y despertar de la gráfica durangueña está ya desde hoy presidida por la inolvidable figura y las enseñanzas de Tomás C. Bringas, la que alcanzó bajo su comando niveles de excelencia, tanto a nivel  nacional como internacional, hallando soluciones ingeniosas y originales para su  producción, desarrollo y distribución, apreciación y mercado.









[1] Caso modélico es el libro Los mexicanos pintados por sí mismos, tipos y costumbres nacionales, de Hilarión Frías y Soto y otros. 1855. Obra redactada por algunos de los más famosos escritores mexicanos de mediados del siglo XIX, como Hilarión Frías y Soto, José María Rivera, Juan de Dios Arias, Ignacio Ramírez, Pantaleón Tovar, el español Niceto de Zamacois. Los grabados que ilustran los textos son obra de Hesiquio Iriarte y Andrés Campillo, notables grabadores litógrafos de aquel tiempo. Esta nueva edición destaca por la belleza y precisión de las imágenes originales, coloreadas a la usanza de la época; asimismo en beneficio de nuevos lectores, se repuso la tipografía original con la finalidad de suplir los caracteres heridos y las carencias propias de la época, y se ha modernizado la ortografía. Sin duda, esta obra nos presenta la riqueza del pluralismo ideo­lógico de los mexicanos en una sola identidad. Hay una reedición de Miguel Ángel Porrúa, de noviembre de 2011, que suma textos de Andrés Henestrosa.
[2] Hay que destacar que ese mismo año del 2014 circuló la carpeta “Historia Viva”, sobre la Toma de Zacatecas y Pancho Villa, impreso en los Talleres Pentágono de Zacatecas, y que sirvió como base de la exposición 100/100, celebrada en conmemoración de la famosa batalla, presentada en el Museo de la Ciudad de Zacatecas el 8 de agosto del mismo año.  
[3] Ejemplo que ha sido continuado por su discípulo más cercano, Israel Torres, con la publicación de XURAVET, en marzo del 2016, libro de artista sobre un ritual que se hace en San Pedro de Xícora, Mezquital en los límites de Durango con Nayarit que se suma a dos libros anteriores hechos en Guerrero, con  Atsajsilistle y Yolkampan. XURAVET contó también con la participación de los artistas Evangelina Galindo Reyes, David Villa Cumplido, Brasileira López Villa, Verónica de la Cruz reyes, Prisciliana Reyes Solís, Imelda Victoriano de la Cruz, Miguel Ángel, Lincer Reyes, Ignacio Mendoza Javier, Norberto de la Cruz Ciriano, estando la impresión y la encuadernación a cargo de Liliana Cortez y Norma Leticia Martínez, compuesto por 11 grabados en linóleo y 11 textos bilingües impresos en serigrafía, con un tiraje de 50 ejemplares.
[4] Para el estudio de las técnicas de grabado y los procesos de estampación puede verse el libro de Tomás Humberto Castro Bringas, Memoria Gráfica. La Fibra y las Telas en las Artes Visuales, tesis de grado con la que recibió su título en la ENAP de la UNAM en enero de 2012.  Capítulo de gran importancia es el dedicado a las nuevas técnicas no tóxicas del grabado, debido a la beligerancia y agresión para la salud de las sustancias y métodos tradicionales de trabajo, constituyendo sus propuestas, tanto en la implementación escolar de normas de seguridad como en la práctica y experimentación profesional, expedientes pioneros que irán volviendo más segura a la disciplina de la estampa  en el futuro próximo.           https://issuu.com/tomasbringas/docs/memoria_uno






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