jueves, 10 de noviembre de 2016

Mictlán: Homenaje a Tomás C. Bringas Por Alberto Espinos Orozco (7ª Parte)

Mictlán: Homenaje a Tomás C. Bringas
Por Alberto Espinos Orozco
(7ª Parte)


VII
Ante la urgencia de responder a la pregunta sobre qué es ser hombre, de que significa ser un habitante, un morador del mundo  entre los hombres, el artista respondió dando testimonio de lo que hacemos entre nosotros, expresando aquello que nos ocupa, por lo que tuvo que hundir en la tierra su raíz de hombre para sembrar y cultivarla: para levantar de nuevo la morada y cultivar al hombre. Ser hombre es, esencialmente, vivir entre los hombres, realizar actos que por su propia naturaleza tienen a otros hombres por objeto: es convivir con otros hombres, no solo coetáneos, sino también distantes en el tiempo y lejanos en el espacio o disetáneos. A la vez, puede definirse al hombre como un ser de logos y memoria, que se educa en la palabra y en la imaginación al convivir con otros hombres. Función general de su existencia es educarse entre otros hombres, pues todos estamos educamos mutuamente en un proceso que no termina sino con el fin de la existencia.  Tomás Bringas potencializo la esencia social de la existencia humana especializando la función general pedagógica de la vida, pues asumió que tarea del hombre es a la vez la de un ser social que tiene que cumplir con una misión trascendente
El arte de Tomás Bringas puede calificarse así de campesino y artesanal, y a la vez como un arte misionero y pedagógico. Después de estudiar en la EPEA, marchó a la ciudad de México para titularse en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de San Carlos de la UNAM (1984-1994), desarrollando luego profesionalmente su pasión y gusto por la estampa esencialmente como un arte de servicio social a su comunidad, con estricto respeto y apego a la memoria y a la tradición.








Al cultivar con singular pasión y decidida entrega el oficio de grabador, abonando y sembrando con sus obras la tierra dormida de memoria, Tomás Bringas fue despertando a la par un arte misionero, no sólo en lo que tiene la estampa de cultivo de la sensibilidad popular, sino también poniendo su impulso decidido al servicio en la  formación de otros hombres, hasta llevarlos a las formas y contenidos más elevados del espíritu. Arte a la vez misionero y pedagógico, prácticamente franciscano, cuyo sencillo evangelio civilizatorio, fundado en la moral del oficio, no era otro que el de la fraternidad y el humanismo; el de la convivencia pedagógica diaria con otros hombres en la tarea común de incorporar calidades en la obra y, a través de ese proceso, lograr habitar naturalmente en el mundo ideal de los valores, logrando la participación del hombre en ellos o su encarnación: construcción, pues, de la casa del hombre, del cultivo del espíritu, de la casa cultural en que morar, en la cual participar y morosamente dilatarse y detenerse, y a la cual finalmente permanecer.
Desarrollo de la formación que va de abajo hacia arriba, de la enseñanza y aprendizaje de hábitos y destrezas técnicas, a la educación de los valores estéticos y morales indisolublemente unidos a una visión del mundo y a una jerarquía ontológica. Por un lado, formación del alma inferior, de los impulsos y las tendencias, mediante el desarrollo de la atención y la adquisición de normas interiores de conciencia, ligados a la hechura y discriminación de valores artísticos en el aprendizaje del oficio. Por el otro, la adquisición del refinamiento y el buen gusto a través de la adopción, asimilación, familiarización y recreación de los contenidos y formas de cultura estética del oficio de la estampa, enriquecedores del alma superior en el sentido de la libertad ascendente del espíritu.








El arte de servicio y pedagógico desplegado por Tomás Bringas estaba animado por la generosidad, propia  del eros pedagógico: por el gusto y afán de enseñar a otros, de compartir sus conocimientos, de ser padre espiritual, de ver crecer aquello que se sembró y desarrollar una personalidad propia, plena y totalizada. Hombree de servicio, cuya mayor satisfacción radicaba en articular situaciones de convivencia estética y formativa, desarrollando aptitudes y predisposiciones de carácter, descubriendo talentos e impulsando vocaciones -virtud, en efecto, que no tiene otro nombre de la generosidad. Orgullosa humildad, pues, que adaptándose a las condiciones del medio y superando la fatiga del esfuerzo, supo contagiar a otros el entusiasmo de su empresa, a la que se entrego enteramente, positivo y optimista y sin ningún resabio de amargura. Porque sorteando los escollos de la travesía y los rigores de la tormenta tardomoderna, supo siempre revertir las condiciones desfavorables y los problemas mediante fórmulas novedosas y creativas para salir adelante, haciendo de la necesidad virtud, de la rugosidad hirsuta del medio una tersura, haciendo, por decirlo así, rodar las piedras del camino.
Hombre de provecho, dedicado a servir a su comunidad, que asumió su tarea pedagógica como una alta misión de despertar conciencias, activar potencias, descubrir talentos y desarrollar vocaciones, el maestro Tomás Bringas impartió sus conocimientos en la Universidad José Vasconcelos de Durango, siendo de 2002 a 2015 maestro de la Escuela de Pintura, Escultura y Artesanías de la UJED (EPEA), donde impartió las cátedras de Dibujo, Fotografía, Medios Audiovisuales, Serigrafía y Escultura, encargándose también de desarrollar en ella el oficio de impresor y las nuevas técnicas de estampación.[1] Siguiendo el modelo del compañerismo y aun el de la fraternidad, el artista  siguió el método ancestral de la enseñanza del maestro-aprendiz, que pide la convivencia diaria en la adopción de habilidades, criterios y virtudes.
A Tomás Bringas se debe, así, el resurgimiento de los talleres de grabado y estampación en la EPEA, viniendo a tomar el relevo real en el tiempo a los viejos talleres de cerámica, vidrio soplado y textiles, que muy a  pesar de sus grandes logros a nivel nacional, fueron menguado, al ser dejados de lado por las autoridades en pro de las nuevas tendencias del arte contemporáneo. Gran animador de la comunidad estudiantil, el artista halló en sus últimos años, en la satisfacción en el cumplimiento de su deber como maestro, la coronación práctica de su carrera profesional.
Su tarea como grabador e impresor, que se prolongó ininterrumpidamente por más de 30 años, estuvo siempre estrechamente ligada a su vocación educativa de formación de profesionales y del despertar de la conciencia estética. Su arte misionero y pedagógico están por ello ligado estrechamente a la fundación de un sinnúmero de talleres de grabado. Su labor como maestro de la estampa comenzó con la fundación del Taller de Grabado del Desierto de los Leones donde, teniendo como a asistente al artista Hermenegildo Martínez,  enseñó la magia y el respeto por el oficio a importantes artistas de su generación, quienes posteriormente desarrollarían esa veta en su expresión artística fundado sus propios talleres, como son: su paisano de Santiago Papasquiaro, el durangueño José Luis Corral (Taller Arteria), Marco Antonio Platas y Felipe Cortez, egresados de La Esmeralda, donde aprendieron los rudimentos del oficio con Ignacio Manrique, quien con Benjamín Domínguez y leo Acosta habían inventado el grabado abstracto en México, en el Taller Profesional del Grabado.






Luego de pasar por el taller Editorial de la UJED, donde dejó muchas muestras de su calidad como artista en memorables carteles, libros folletos, tarjetas de presentación y anuncios, como fue el libro Cartuchos de Cañón del Dr. Enrique Arrieta Silva, estampado con viñetas a  manera de timbres postales en su portada envuelto en sobre amarillo añil,  o la revista “Fragua” del lingüista José Reyes González y Juan Manuel Almonte, prosiguió su labor magisterial con el Taller Experimental de Grafica, situado en los altos de un viejo hotel en la calle de Juárez, en la ciudad de Durango donde, teniendo como asistente a Nuria Montoya, impartía a todo el mundo lecciones abiertas del arte de la estampa. Viajó luego a Chicago, donde alterno el trabajo de constructor con la colaboración en el Taller Mexicano de Grabado (Mexican Print & Making Work Schop) en la década de los 90´s, al lado de los artistas mexicanos René Arceo y Nicolás Tesas, siendo parte clave de la exposición y carpeta de grabado y exposición itinerante titulada “Santitos”, que logrará importante reconocimientos internacionales en países como Alemania y Japón.




De vuelta a su Durango natal, Bringas continuó con la fundación de su talleres con el Taller Mexicano de Grabado, teniendo disímbolas sedes, siendo acogido más tarde por el IMAC, contando con el apoyo de Jesús Alvarado desde 2010, en donde fundó definitivamente, en el año de 2011, el Taller Perro Bravo, dándose a la formación de más de 30 aprendices. Periodo del 2010 al 2013 en el que el artista alcanzo granes resultados pedagógicos, organizando paralelamente una importante labor de difusión cultural con más de 18 exposiciones de grabado, destacándose a muestra “Cien Años del Grabado en México” en celebración a los 99 años del nacimiento de José Guadalupe Posada, que fue acompañada con la conferencia “La Mexicanidad Vista por el Arte”, y la exposición, en mayo de 2012, en honor al descubrimiento de la imprenta por Johannes Gutenberg, titulada “Tipo, Cali, Lito… Grafía”, celebrada en el ITD, siendo reconocida por la institución por la alta calidad técnica, expresiva y estética de las obras, estando actualmente la colección bajo el resguardo de las autoridades del IMAC. Actos que fueron rubricados por el maestro Bringas en el mismo periodo con el Curso Intensivo de Xilografía, dirigido tanto a profesionales como a los aficionados y al  público en general.  





Por último, aunque en la EPEA no tuvo propiamente la cátedra del Taller de Grabado, desarrolló un cerrado tejido de pedagogía  interdisciplinar, tanto en la experimentación como en la impresión de estampas y libros objetos de arte, poniendo así en práctica sus enseñanzas teóricas en las técnicas de xilografía, huecograbado o calcografía, punta seca, aguafuerte y aguatinta, mezzotinta, reducción, fotograbado, litografía, litografía en seco y grabado no tóxico. Enseñanza que combinaba con el respeto por la tradición y la enseñanza de la historia del arte -historia que no empezó con nosotros ni terminará con el individuo, punto de partida en radical contraste con nuestro época, tan enfrascada con su tiempo y con las frivolidades de su engolosinamiento vanguardista, que ha perdido incuso toda noción del tiempo. Producto de esas empresas es el libro Taller de Grabado “Perro Bravo”. Arte Joven. Catálogo, publicado por el IMAC en el año de 2015, volumen que refleja fielmente el logro de haber dotado a Durango, gracias a sus enseñanzas, de una memoria gráfica a la altura de los tiempos .[2]






Su método de convocatoria fue así el de una graciosa actitud incluyente y de generosa humildad, consistente en prestar ayuda y de pedirla; de brindar a otros generosamente sus conocimientos, para luego pedir su asistencia en un proyecto común, bajo esa otra forma de dar, que es el pedir, como quien invita a una celebración y a una fraternidad. Pedir, pues, que entrañaba en su núcleo el misterio de un regalo: en de la celebración de una fraternidad que baila ante un altar, que baila para celebrar el arte de la cultura, de la trasmisión de una tradición y el del despertar de una memoria.
Arte de la convivencia, pues, que se presentó como una verdadero arte de la vida, su enseñanza dejó rápidamente atrás los convencionalismos constrictivos del academicismo, las abstracciones de los hueros vanguardismos, o los tallados tradicionalismos cacofónicos, encallados en saberes sordos  o muertos, heterónomos sin verdadera creatividad, estancados en su inútil roer sus huesos especulativos, para desarrollar entonces en la plena autonomía de su oficio una labor autentica  expresión y experimentación artística, ceñida fielmente al espíritu de la escuela y a la tradición. Libertad artesanal, quiero decir, que poniendo una limitación a la inventiva, una traba a la originalidad y una dificultad a la eficiencia, encuentra su legitimidad y fundamento en el trato amoroso con la materia, en la excelencia y pulcritud de la manufactura, en el logro de la perfección de la maestría que, pasando los grados de la competencia, la floritura y la excelencia en la realización e impresión de las imágenes, logren reflejar, como valor añadido, las condiciones escasas de su realización.




Continuación de la Escuela Mexicana, pues, no atenazada por dogmas y que se prolonga en el tiempo bajo un mismo espíritu tradicional y moderno, que afianza lo propio para alcanzar lo universal, respirando de las mismas enseñanzas, reglas y normas, pero sin repetir imágenes o actitudes fallidas, sino buscando en la periferia tanto como en el interior de la persona su validez y su verdad. Así, el profundo movimiento en el arte gráfico contemporáneo durangueño, detonado y dinamizado por el maestro Tomás Bringas al través de la enseñanza en inúmeros talleres y en la EPEA, se especificó así como una tarea esencialmente antropológica y civilizadora, pues el artista cumplió con la misión de sembrar en otros el gusto por el conocimiento de su disciplina artística, creando y desarrollando, en la concentración de la atención, hábitos y destrezas artísticas y refinamientos estéticos, decantados en la adquisición de una conciencia despierta y en la sencilla adopción del buen gusto, tanto como en la maduración del propio estilo, que son las metas más altas que se pueden alcanzar en la formación y dignificación de la persona.












[1] Los orígenes de la EPEA se remontan al año de 1952, cuando en septiembre se iniciaron las clases de dibujo en los altos del Edifico Central de la UJED por parte de Francisco Montoya de la Cruz. A la cátedra de Dibujo se fueron sumando las de Pintura, Modelado, Historia del Arte, Dibujo Constructivo y Anatomía, convirtiéndose pronto en un gran polo de atracción y expresión para la sociedad durangueña. La EPEA fue reconocida oficialmente el 10 de febrero 1955, cuando era director de la UJED el Lic. Ángel Rodríguez Solórzano y Gobernador de Durango el Lic. Francisco González de la vega. La escuela, obra maestra de Francisco Montoya de la Cruz, de la que fue inventor y director activo de 1955 a 1988, se preocupó desde un principio por las artes populares, consideradas generalmente como menores o aplicadas, al grado de incluir una serie de talleres artesanales, principalmente el Taller de Fundición para la Escultura, a cargo del propio Montoya de la Cruz,  y el Taller de Talla Directa, pero que fue incluyendo al Taller de Cerámica, el Taller de Textiles y el Taller de Vidrio Soplado, junto con el Taller de Decoración, a los finalmente se sumaron el Taller de Vitrales y el Taller de Estampado. El 15 de junio de 1962 se inauguraron las nuevas instalaciones de la institución educativa por el presidente Adolfo López Mateos y el gobernador Francisco González de la Vega. Junto con ello, en lo que ahora son las nuevas instalaciones de la EPEA, Carretera a Mazatlán, Anillo Circunvalación S/N, se fueron desarrollando los Laboratorios de Investigación Química, desarrollando de la mano del propio Francisco Montoya de la Cruz, profundas investigaciones sobre arenas y pigmentos, aplicados luego tanto a las resinas epócsicas de la pintura como a la decoración de hermosas jarras y vasos trasparentes, que fueron símbolo por muchos años de la manufactura durangueña y que, junto con los zarapes regionales, todavía se alcanzan a ver el Kiosco de la Plaza de Armas, conocido también como Salón de Exhibición y Venta “Los Tlacuilos”, de la señorial ciudad norteña, que el mismo Montoya acondicionó para la distribución y venta de los productos elaborados en la escuela. En 1968 se creó, como foro de exposiciones de la EPEA, la Galería “Los Tlacuilos”, desde el 2002 denominada, “Francisco Montoya de la Cruz”, en la calle Bruno Martínez número 137 Sur, y en 1974 se comenzó a editar la revista “Andamios”. La escuela ha tenido posteriormente como directores a Donato Martínez (1988-1993); Marcos Martínez Velarde (1993-2000); José Candelario Vázquez (2000-2012); Irma Leticia Ontiveros (2006-2012), y; José Manuel Jiménez (2012-2016). Siguiendo la revaloración de lo propio llevada a cabo por la Escuela Mexicana de Pintura, pero también inscrita en las raíces mexicanistas de la UJED, la EPEA se encuentra bajo la advocación del dios prehispánico Huehuetéotl, ostentando la escuela una escultura monumental de la arcaica deidad teotihuacana. Huehuetéotl, el Dios del Fuego, es el Dios Viejo, muy venerado por los antiguos mexicanos, que lleva sobre la cabeza un inmenso brasero o Tecuil,  es el dios del centro donde se cruzan las cuatro regiones del cosmos, teniendo una relación vertical con los tres mundos, con el cielo por su relación con el sol, con la tierra por su poder fertilizador y de transformación, y con el inframundo por su relación con la muerte. Está íntimamente relacionado con Xuihcóatl, o la serpiente de fuego, deidad que lleva un cuerno en la nariz y está rodeado de siete estrellas, quien transporta al sol en su camino por las estrellas y que se identifica con el mismo Huehuetéotl, apareciendo en el Calendario Azteca bajo la forma de una doble serpiente. Patrono del fuego, está relacionado con los ciclos mexicas de 52 años, indicando entonces la regeneración de la vida y del mundo y la restauración del orden social, siendo así símbolo de un agente purificador. Se relaciona también con Huitzilopochtli como símbolo del día, y con Tezcatlipoca como símbolo de la noche. También se le asocia al conocimiento y a la libertad humana, que al decidir por sí mismo se separa de los dioses. Fundador del mundo  se le asocia y aún se le identifica con Ometéotl, entidad generadora y sostenedora del universo y que habito bajo la forma dual de Ometecutli y Omecíhuatl el 13avo cielo. Se le llama entonces solemnemente Tateo Innan Tateo Inta: Madre y Padre de los Dioses; o Tocanla, Padre Unitario. Huehuetéolt se relacionaba en Teotihuacán con el mito de Nnahuatzin, sacrificado para transformarse en el astro rey, en su acepción de Tota, que la valencia macho y fertilizadora o Nuestro Padre. Dios de la vitalidad que concede la cohesión familiar, Huehuetéotl es entonces el dios de hogar, por estar sentado en el centro del universo, sitio del poder regenerador, por lo que también está ligado a los momentos precisos de transición, donde se abren los periodos de purificación, transformación y regeneración, relacionado por tanto a los tiempos específicos de cambio el mundo.  Es entonces el fuego como elemento sacralizado, que define y enlaza los diversos ciclos y procesos sociales, naturales, rituales y míticos.
[2] Taller de Grabado “Perro bravo”. Arte Joven. Catálogo, Perro Bravo Artes Gráficas Ed.  IMAC y Ayuntamiento de Durango. 2015.











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