martes, 2 de agosto de 2016

Manuel Guillermo de Lourdes: Fray Diego de la Cadena Por Alberto Espinosa Orozco

Manuel Guillermo de Lourdes: Fray Diego de la Cadena  
Por Alberto Espinosa Orozco



En el cubo de la escalera bifurcada, se encuentra, a mano derecha, otro mural de Guillermo de Lourdes, de carácter votivo, hecho en homenaje a los padres Franciscanos quienes, descalzos y enfundados en pobres sayales color de alondra, llevaron sobre su humanidad la amorosa carga de la promesa evangélica, encomendados a la tarea de la conquista espiritual del nuevo territorio. Se trata del temple La Fundación de Analco por los Padres Franciscanos, en el que se puede leer, en grandes letras, la siguiente leyenda:

Fray Diego de la Cadena
Y el michoacano Donado Lucas,
Trajeron la primera misión
De religión y cultura
A la Nueva Vizcaya
Fundando San Juan de Analco”.




El mural recrea la visión de la erección de la misión de San Juan de Analco, en el año de 1553, un año antes de que el Capitán Francisco de Ibarra partiera de Zacatecas para fundar la Provincia de Nueva Vizcaya. Fue llamada San Juan Bautista porque los misioneros llegaron a esta tierra un 25 de junio, siendo el principio en las inmensidades del Norte de la Nueva España, un paso más allá de Sombrerete, y otro a cuyá del Trópico de Cáncer. Imitando a San Francisco, los frailes llegaron cantando al sol y a la armónica fraternidad de las cosas y, haciendo montón menospreciable de las riquezas, pusieron toda su energía en formar los corazones y las manos de los indígenas, tanto para enseñarlos en el trabajo como para orientarlos respecto de la salvación eterna.
Los primeros en llegar al Valle del Guadiana fueron, en realidad, los conquistadores. En efecto, el Valle de Durango fue descubierto en 1533 por la expedición comandada por Cristóbal de Oñate y José de Angulo, enviados por el sanguinario  Nuño de Guzmán, gobernador de Nueva Galicia. Ginés Vázquez del Mercado, buscando un mítico cerro de pura plata en estado nativo, que soñaba como uno de los yacimientos argentíferos más grandes del mundo, descubrió en 1552 el llamado Cerro del Mercado, que resultó un inmenso filón de origen meteórico de puro hierro, y cuyo hallazgo le costaría la vida.
Llegaron luego los misioneros franciscanos: Diego de la Cadena, acompañado por Juan de Topia, Pedro de Espinareda, Jerónimo de Mendoza y Jacinto, más claros que el sol entre esplendores, para predicar el más alto ideal entre los naturales. Fundaron la Misión de San Juan Bautista, que los indios llamaron de “Analco”, palabra de origen nahua que significa “más allá del agua”, en referencia a la Acequia Grande, que manaba del Ojo del Obispo. La misma misión albergaría más tarde a Alonso de Pacheco y en la que se celebraría el primer bautizo de un indio, al que llamaron en castellano Vicente Simón.

Francisco de Ibarra fundó la Villa de Durango un año después, en 1554,  tomando el nombre de su tierra natal, que en un principio se decía Urango, el cual viene de las raíces vascas: “Ur”, que significa “agua” y “ango”, que significa “lugar”; es decir, valle rodeado de enormes montañas, bañado por un río, en referencia al río Tunal. Ibarra dedicó la villa recién fundada a la Virgen de Uribarri, con advocación a la Asunción de la Virgen María, en recuerdo de la iglesia de Durango, en España. Francisco de Ibarra gobernó las tierras por él conquistadas, llamándolas de la Provincia de la Nueva Vizcaya, desde 1554 a 1577, año en que murió, a los 38 años de edad, en el Mineral de Pánuco, hoy estado de Sonora.      




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