lunes, 27 de junio de 2016

Guillermo de Lourdes: los Murales en la Escuela Guadalupe Victoria Por Alberto Espinosa Orozco

Guillermo de Lourdes: los Murales en la Escuela Guadalupe Victoria
Por Alberto Espinosa Orozco 



   En la ciudad de Durango el artista Manuel Guillermo de Lourdes dejó una obra monumental de gran importancia. La primera serie de murales la realizó en el Instituto Superior de Educación Primaria General Guadalupe Victoria (Escuela # 17), que se encuentra frente a la Plaza Baca Ortiz, edificada sobre el antiguo panteón del viejo Hospital Civil.[1] El diseño de la escuela corrió a cargo del gobernador interino Ing. Pastor Rioaux, quien presentó el proyecto en agosto de 1932, una semana antes de concluir su mandato. A la entrada del nuevo gobierno de Carlos Real, encargó la edificación de la obra al mismo Pastor Rouaix, la cual fue finalizada a principiosde1934, con una inversión total de 75 mil pesos.[2]
La Escuela Guadalupe Victoria, fue mandada construir por el entonces gobernador de Durango, Carlos Real, en 1932 e inaugurada el 18 de marzo de 1934 por el entonces presidente de la república general de división Abelardo Rodríguez Luján, abriendo sus puertas a los estudiantes del primer ciclo escolar el 16 de agosto del mismo año.



La arquitectura de la Escuela Guadalupe Victoria sigue, dentro de los patrones tradicionales propios de la región, un estilo art decó o modernista, con una fachada de cantería sobria, material usado con profusión en columnas, arcos, dinteles y cornisas. Destacan sus pisos elevados de metro y medio, y una hermosa fuente en el patio central construida de puro granito. Cuatro placas dan relieve al patio central, adornado con una bella fuente de granito diseñada por el mismo reformador agrario Pastor Rouaix, las cuales consignan sucesivas remodelaciones que ha experimentado con los años la escuela.






En 1934 el gobierno de Carlos Real encargó a Manuel Guillermo de Lourdes su decoración mural, teniendo más como aprendices que como ayudantes a los jóvenes pintores Horacio Rentería y Pedro Ávalos. Realizó cinco tableros murales, hoy en día maltratados por el paso inclemente del tiempo. Dos murales de pequeñas dimensiones a los lados de la dirección, flanqueando el paso de la escalera elevada, enmarcados con remates de cantera en que, representan de forma alegórica, bajo la forma de vírgenes, a la “Justicia”, quien con vestiduras clásicas sostiene con la mano derecha el fiel de la balanza, y; de la “Libertad”, quien con la toga blanca de la santidad, portando adornos medievales porta la larga espada del espíritu. El fondo, imitando emplomados de contornos arabescos, semejan la cristalería de los vitrales con colores: rojo, naranja, azul amarillo y blanco. Trazando con ello los ideales de la educación como obra de auténtica cultura: aquella que por medio la verdad libertad rompa los grilletes de la esclavitud, en una lucha espiritual potente para dar a cada quien según sus obras.[3] 



En la planta superior, acondicionada como biblioteca y salón de actos, se encuentran, además de la decoración de los remates de las ventanas y de cintas en los muros, todos ellos con motivos vegetales y frutales, dos murales más. Arriba de las escaleras el muro del “Río de los Cisnes”, donde se representa un misterioso paisaje, de estilo modernista y abstracciones chinescas en el que, sobre un fondo de sombras vagas que semejan árboles petrificados y delirantes montañas curvilíneas, plácidamente bogan por un río una pareja de cisnes, a mano izquierda, y otro más, solitario, a mano derecha. El cisne, imagen de la virgen celeste a la vez que epifanía de la luz, es por su blancura símbolo del poder y de la gracia, pero también de la fertilidad y fecundación espiritual de la pareja, que reúne las dos luces: la solar del día, que es cálida; y la lunar de la noche, que es fría, dulce y lechosa. Por otro lado, el cisne macho, solitario, activo, recuerda al compañero de Apolo, que simboliza la fuerza de la poesía, siendo emblema tanto del poeta inspirado como del sacerdote sagrado. La figura del cisne representa, así, la nobleza, el valor, la elegancia, la belleza y la pureza, puesto que viene del cielo, como virgen mítica o Espíritu Santo, y que tiende a volver a él, recordando no solo el origen uránico de la luz y de la palabra, sino la elevación del mundo informal hacia el cielo del conocimiento. Criatura celeste que es la forma tomada por los seres del otro mundo cuando penetran en el mundo terreno, siendo símbolo de los estados superiores o angélicos del ser, en curso de liberación, que vuelve al Principio Supremo.




En el muro posterior del salón de actos un interesantísimo desarrollo iconográfico  de exaltación nacionalista titulado: “Homenaje a la Patria”. Arriba, el águila real, en actitud desafiante, une bajo sus alas desplegadas con sus garras las banderas de España y México, atendiendo a las dos culturas y razas que esencialmente nos constituyen. Interpretación original del artista en la que el águila simboliza la fuerza uránica del sol y del padre, de la virilidad y la potencia, y la ascensión espiritual que comunica con el cielo. La agudeza de su visión, su vista penetrante, la identifica, por otra parte, con la luz intelectual (logos-luz). Siendo a la vez, por su poder de mirar directamente al sol, símbolo de la contemplación. Símbolo, pues, de los estados espirituales superiores, de la ascensión y de la realeza y la pasión consumidora del espíritu, el águila es también un emblema de la purificación por el agua y de regeneración espiritual, cifrada, de acuerdo a la síntesis llevada a cabo por Guillermo de Lourdes, en la renovada confección de los valores e ideales que desde nuestro origen han ligado a las dos naciones hermanas, unidas desde un principio no menos por su fuerza, valentía y carácter guerrero que por su espíritu de sacrificio y amor por la luz del día y la racionalidad.



El fondo del tablero, trazado en un tono abstracto y modernista, hace un claro de azul celeste tras la efigie del águila, desplegándose a izquierda a derecha bajo un escenario de espesos nubarrones negros, magentas y amarillos, probablemente en referencia al tormentoso contexto mundial, cuya intención iconografía sería, no solo la de la prevención ante dudosas alianzas, sino también la visión de alarma ante la visión de un mundo convulsionado por engañosos doctrinas, que bajo el pretexto del progreso nos vuelven fáciles presas del afán de dominación ideológica y de la crueldad y rapiña del poder pervertido. Sobresalen en un primer plano las imágenes simétricas de dos indios de penachos y calzones blancos montando sendos caballos níveos con las patas delanteras levantadas al aire, en actitud rampante, en donde se puede ver una sublimación del espíritu guerrero y a la vez una exaltación de la sabiduría ancestral de los chamanes mesoamericanos y su fuente inagotable de sabiduría simbólica. Más abajo, el mural cierra su composición con las imágenes, igualmente simétricas, de dos hermosísimas jóvenes criollas que, no sin coquetería, se asoman a los costados del ventanal, entre  grandes jarrones adornados con festivas flores y grandes esferas decorativas.





Por último, en el patio posterior del edificio, quedó plasmado, sobre el nicho de un corredor a la intemperie, uno de los más bellos murales del Maestro Guillermo de Lourdes, titulado “La Historia: Nuestros Orígenes”. El artista escribió sobre el proyecto de la obra: “Estoy pintando un cuadro que representa la Historia. El símbolo de la Historia es la mujer que guarda el secreto de Dios, la propagación de la especie, y medita sobe un libro marcando una fecha de suprema angustia: 1910. El lauro que nace de la tierra, acaricia el pasado, compuesto por las manifestaciones de Chichen Itzá y Teotihuacán.  A los pies de la Historia se encuentra un soldado moribundo, que enseña a los niños que para conservar su tradición y perpetuar un ideal, se llega al sacrificio de la vida.”[4] 



La obra final, realizada en grisallas y sepias, varió considerablemente, pues tan sólo exhibe en un primer plano el rostro de una bella mujer autóctona con los ojos cerrados, adornada con arracadas, imagen de una deidad, es sostenido por pilastras en las que conviven decoraciones de grecas prehispánicas con roleos y diseños modernistas: es la Historia. En se derredor un grupo de cuatro hombres de la antigüedad mesoamericana, entre místicas nubes de incienso, le ofrece tributo en solemne actitud reverencial. Composición que recuerda vivamente la obra al carbón “La Ofrenda” de Saturnino Herrán.   



Los cinco murales de la escuela Guadalupe Victoria, de estilo clásico y aliento universal, buscan resaltar el sentido educativo del edificio, de acuerdo a una interpretación simbólica de los más altos ideales de la patria. Cultivando un estilo de evocaciones clasicistas, pero añadiendo elementos modernos y afrancesados cercanos al art decó, el admirado artista avecindado en Durango desarrollaría una versión personal de la escuela Española, con notables influencias de Zuloaga, Sorolla, Ramiro de Torres e incluso de Francisco de Goya, Velázquez y José de Rivera, pero añadiendo ingredientes de la escuela mexicana de pintura, siendo uno de los grandes exponentes del nuevo clasicismo mexicano -ya anunciado en la obra de Saturnino Herrán.  Las cinco composiciones murales del Maestro Guillermo de Lourdes,  realizadas al óleo, atacadas por la lepra del salitre, acusan el paso del tiempo luego de más de 75 años de haber sido ejecutadas.
Hay que hacer notar que, paralelamente al desarrollo de esa obra por Guillermo de Lourdes, al pintor regional Francisco Montoya de la Cruz se le encomienda pintar, por parte del gobierno del estado, en el mismo año de 1934, una extensa serie mural para la Casa del Campesino en la ciudad de Durango.




[1] La manzana completa es ocupada por cuatro edificaciones, estando localizada a una cuadra de la Plaza de Armas del centro Histórico de Durango. La escuela Guadalupe Victoria, que se encuentra emplazada junto a la Iglesia de San Juan de Dios, añeja construcción del Siglo XVI, y terminada en 1595. En el Siglo XVIII  se creó a su lado el Hospital Civil, conocido luego como Antiguo Hospital, el cual fue cerrado en 1822, adaptándose los viejos  pabellones como salones de clase en 1934 para crear la Escuela Anexa Alberto M. Alvarado. La cuarta y última edificación la ocupa la Logia Masónica, Guadalupe Victoria y por la Gran logia de Estudios Francisco Zarco, acordes al rito escocés. 






[2] Pastor Rouaix Méndez (Tehuacán, Puebla, 19 de abril de 1874 - Ciudad de México, Distrito Federal, 31 de diciembre de 1950) fue un político y revolucionario mexicano, uno de los primeros agraristas que llevó a cabo el reparto de la tierra a los campesinos. Pasó la mayor parte de su vida en Durango, localidad en la que ocupó en dos ocasiones el cargo de Gobernador. Se dedicó al ejercicio de su profesión y fue uno de los autores de la primera carta topográfica de Durango. Fue diputado al Congreso del Estado y luego ocupó por primera vez la gubernatura de Durango, entre 1913 y 1914, sucediendo a Jesús Perea. Durante este periodo expropió latifundios y bienes eclesiásticos, estableció el primer pueblo libre y junto a la División del Norte colaboró en la Toma de Torreón. Posteriormente se ocupó de la Secretaría de Fomento y Colonización en el gobierno Constitucionalista de Venustiano Carranza, y desde 1914 fue Secretario de Industria y Comercio y luego de Agricultura. Desde estos cargos expidió la Ley Agraria del 6 de enero de 1915, que sería el inicio de la reforma agraria en todo el país. Fue diputado al Congreso Constituyente de 1917 por su natal Tehuacán e intervino de manera fundamental en la redacción del Artículo 27 y del Artículo 123, siendo nombrado Senador. Al producirse la sublevación del Plan de Agua Prieta, permaneció fiel a Carranza y lo acompañó hasta su muerte en Tlaxcalatongo. Volvió a la política en 1924 como diputado federal por Durango y fue por segunda vez Gobernador de septiembre de 1931 a septiembre de 1932, siendo sucedido por Carlos Real.
[3] Javier Guerrero Romero, “Escuela “Guadalupe Victoria”, aulas con historia”. El Sol de Durango. 30 de octubre del 2003.
[4] Javier Guerrero Romero, “Escuela "Guadalupe Victoria", aulas con historia”. Periódico El Siglo de Durango, 30 de octubre del 2003. 

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