jueves, 19 de mayo de 2016

Ricardo Milla: la Cifra de las Horas y el Puente de los Años Por Alberto Espinosa Orozco (1a de 13 Partes)

Ricardo Milla: la Cifra de las Horas y el Puente de los Años
Por Alberto Espinosa Orozco
(1a de 13 Partes)



Los hombres dicen que los tiempos son malos,
que los tiempos son difíciles:
vivamos bien y los tiempos serán buenos.
Nosotros somos los tiempos:
así como somos nosotros, así son los tiempos.”
San Agustín


I
   El recorrido de Ricardo Milla Hierro (1974) por el arduo territorio del arte es, en mucho, análogo al del pasajero, al del peregrino en tierra, el del artista que va en búsqueda de la patria perdida, que ha sido siempre la belleza. 
   Su libro 5, 475 Días Después, dividido en dos partes en cierto modo opuestas y complementarias, como el día y la noche, como la temporalidad y lo eterno, como lo finito y lo infinito o la luz y las tinieblas, desarrolla, paralelamente a su elegancia compositiva clásica, el recuento de su labor creativa por los últimos tres lustros, de 1999 a 2015, desde que era periodista en Monterrey a su labor ininterrumpida como artista plástico en Durango. “¡Artists!, Artists!. Artists!”, es así una lúcida reflexión, una convocatoria y una invitación a pensar, dirigida a los creadores, pintores, críticos, escritores, coleccionistas, intelectuales, periodistas y arquitectos, al gremio todo de los creadores, pues, sobre la problemática del quehacer estético contemporáneo.[1] Su obra,  realizada a partir de ese centro cultural de la provincia mexicana, que es Durango capital, azotado por largo tiempo por el aislamiento, articula, con una mirada tan alegre y cordial como crítica y penetrante, una serie memorable experimentos visuales, de ensayos plásticos e instalaciones móviles. Sumando en su recorrido e infatigables exploraciones 5,475 días de trabajo, experiencia y existencia, que corresponden, en sus innumerables correrías, encuentros, aventuras experimentales y desafíos conceptuales, al modulo vital de su primera madurez como creador y como persona. Ciclo vital que se acopla al modulo por excelencia de las generaciones, encabalgadas tres de ellas en cada momento de la historia, separadas por periodos de una longitud de 15 años o tres lustros. Situación que llevada al límite se expresa con la frase del oscuro Heráclito: "El hombre puede ser abuelo a los 10 años". 


   Espacio de tiempo abierto al recuento y que ahora se cierra, como un respiro, en el balance de los años transcurridos, ingiriendo en sus impresiones las correspondencias necesarias con la vida cultural y antropológica de la región, así como sus singulares reverberaciones en los grandes centros  mundiales del arte –dejándonos sus expresiones, como la piedra arrojada al pozo de agua,  empero, con un regusto en cierto modo amargo, de vacío y de sordera, incluso de exasperante parálisis y esterilidad, de crudo excentricismo, dispersión y enajenación mental, como si sus ondas no lograran suavizar el oleaje centrífugo y de tormenta que se agita insensible en su derredor.
   La tarea de Ricardo Milla, sin embargo, ha sido durante todo ese lapso cronológico, la de concentrarse en el desarrollo estético y conceptual de unos cuantos temas, estrechamente vinculados entre sí, cristalizando su obra en dos motivos profundos de reflexión filosófica que giran en torno del arte: el de lo estático y el de la estética misma. Mundo de la reflexión, y por tanto doble, en donde el artista se preocupa y ocupa con esos dos conceptos cardinales de la razón estética, insistiendo n ellos hasta calar en su fondo y profundidades metafísicas, a partir de una serie de discursos visuales, en cierto modo cinematográficos, cuyo objeto es la recuperación de un centro. Camino del centro, en efecto, es el de Milla: el de la metaxis o mesotes de los griegos, en donde hallar el equilibrio de nuestras potencias y la armonía de su verdadera naturaleza, estabilizando de tal forma a la vez nuestra relación con los otros y con el mundo. Búsqueda de armonía, del orden y del equilibrio y de la belleza, que al situarse en medio de una aguda crisis de decadencia cultural, tiene necesariamente que utilizar ingredientes de la crítica, apelando paralelamente a nuevas formas y contenidos estéticos, y al uso  inéditas herramientas de trabajo, provenientes de la industria de la comunicación tardomoderna, decantando se obra en una especie sui generis de  “minimalismo conceptual”, de carácter evocador e impresionista,
   Artista comprometido con las categorías más elevadas de la estética, que son el resplandor y la hermosura, Ricardo Milla propone su trabajo como un fiel testimonio de nuestro tiempo, siendo a la vez una meticulosa y morosa reflexión sobre el tiempo mismo: sobre los tiempos que pasan, para irse definitivamente, o que corren a cumplirse . No sólo de los tiempos  que vemos y vivimos individualmente, cada uno de nosotros, cada día, sino del tiempo de todos, de lo que nos pasa en tanto comunidad y, más en general, por el hecho mismo de ser hombres.





[1] Ricardo Milla 5 475 días después.Artists!, Artists”. Artists!”,  ICED. CONACULTA. 2016.



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