martes, 3 de mayo de 2016

La Leyenda de la Alacrana Por Alberto Espinosa Orozco

La Leyenda de la Alacrana
Por Alberto Espinosa Orozco

“En otros tiempos cada hora nacía del vaho de mi aliento,
bailaba un instante sobre la punta de mi puñal
 y desaparecía por la puerta resplandeciente de mi espejito.”
Octavio Paz



I
   Inmemorialmente el alacrán ha sido un símbolo de la diosa madre, la deidad que conmovida por el hambre de sus hijos humanos se sacrifica haciéndose mutilar para luego dejar esparcir por el campo sus miembros, regresando luego como cosecha de maíz y tabaco, símbolos de alimento y de paz. Su imagen es así la del autosacrificio, pero también la de la muerte y resurrección trasfigurada.
   Su modelo arcaico hay que buscarlo en las diosas Isthar, en la dupla Deméter-Perséfone, o en Cibeles, pero sobre todo en la diosa egipcia Selkis. Tal arquetipo es propio de las sociedades matriarcales y endogámicas, cuyo carácter agriamente arcaico pide una sustitución del principio femenino por el masculino.
   La diosa egipcia Selkis efectivamente sobrevivió a la instauración del culto patriarcal, pero sólo a título de guardiana del sarcófago del muerto. En los tiempos predinásticos (IV milenio a. de C.) se representó a la diosa con su pareja, el dios Jerep Selk o “aquel que va por delante de Selkis”, siendo su figura sin embargo del todo secundaria. A Selkis, por el contrario, se le consideró siempre protagonista de la creación siendo una divinidad suprema en su calidad de madre sacrificada. Así, el simbolismo dl escorpión siempre fue entre los egipcios un atributo divino de gran poder. La abundancia de escorpiones en el mundo egipcio, salvo la especie acuática que es inocua, llevó a la invención de una serie de fórmulas de protección mágica y conjuros de sanación contra su picadura –poder invocador que todavía recogen alguna letanías en la actualidad, como la oración a San Jorge en la región de Durango, mientras que en áfrica se evita pronunciar su nombre o se lo designa sólo por alusión llamándolo “el aplastado”.  
   En el mismo orbe cultural figura Isis con su séquito de siete escorpiones (probablemente siete eunucos), los cuales tenían la facultad de concentrar su poder en uno sólo de ellos. Se trata de la misma diosa madre que representa Selkis o el mismo rostro en su aspecto a la vez rebelde, temible y creador (tal y como aparece en el pasaje de la reina Vastí, de ejemplar belleza, esposa del rey Artajerjes, descrito en el Libro de Ester). La constelación del Escorpión había así sido atribuida a Isis, aunque más tarde iría a simbolizar el falo extraviado de Osiris, en clara relación con el anterior poder femenino de la diosa. Selkis por su parte es representada en la Puerta de Occidente, que es la puerta al otro mundo identificada con la muerte por ser el horizonte por donde se pone el sol, siendo la diosa madre el regente de ese punto cardinal. En la epigrafía de los jeroglíficos egipcios el ideograma “Selk” (= Uahjá o Uhjá) significa así poder, pero también fuerza y agilidad en el sentido de capacidad de supervivencia. El mismo glifo se utiliza para expresar al capturador o cazador y es sinónimo de duro. En otros contextos tiene en cambio la acepción de pescador o pesca u hombre de mar, o bien de cortar, picar o partir.


II
   Su significación sexual es la del apetito insaciable, por lo cual se traba una enemistad y temor inconsciente masculino por el poder de la diosa madre al ser percibido el sexo femenino como abismo o como la boca de la madre devoradora, proyectándose entonces como una deidad maléfica y terrible y relacionándose entonces con figuras tales como las Ménades, las Furias, las Erinias, las amazonas o la Esfinge. Tal es el sentido que toma el escorpión en el “Zodiaco Demoniaco” del mago renacentista John Dee, quien lo relaciona con los demonios Barbel y Sepelor –punto en el que coincidieron Cornelio Agripa y el Pseudo Paracelso en el  Sello de su Archidoxis Magicae. Así, el escorpión aparece como el emblema del preado capital de la lujuria, siendo el aspecto más oscuro de la luna, que los griegos atribuirían a la fase oscura de la diosa Hécate.  . 
   En la especie del escorpión, la hembra es sensiblemente más poderosa que el macho. Sus costumbres sexuales así lo manifiestan, pues después de copular el macho debe huir a toda prisa para que aquella no lo mate, cosa por otro lado que a menudo sucede. Sabemos también que en situaciones extremas el alacrán se clava a sí mismo su aguijón para autoinducirse un estado de letargo. 
   Por su parte los hebreos, al igual que griegos y romanos, cultivan la funesta tradición de llamar “escorpiones” a los instrumentos y azotes con que castigaban a los esclavos y criminales. Los “escorpiones” eran una especie de látigos hechos de cuerdas y bolas de plomo. Se conservan las palabras ominosas que el hijo de Salomón dijo al pueblo de Israel: “Mi padre azotó con varas; yo lo haré con escorpiones”. Indicando con ello que los aguijaría con el cruel dardo, azote que producía terribles dolores y angustias. Se dice también que es el instrumento de trabajo del Escuálido Espectro que vigila las puertas de diamante del Infierno.
   Sus atributos son todos negativos según una leyenda de Malí que dice:

No soy un espíritu de los elementos,
ni tampoco un demonio, sino
el animal fatal para quien lo roza.
Tengo os cuernos y una cola
que retuerzo en el aire. Mis cuernos
se llaman: el uno la violencia,
el nombre del otro es el odio.
El estilete de mi cola se llama
punzón de la venganza.
Doy a luz sólo una vez en la vida:
la concepción, para los demás
signo de aumento es señal en mí
de inminente muerte.”

   En efecto, en su aspecto nocturno el escorpión encarna el espíritu belicoso, el humor maligno siempre embozado y dispuesto pronto a matar –aunque en su aspecto diurno simboliza la abnegación y el sacrificio maternos. Ambos montos, sin embargo, arrojan un balance más bien negativo de la figura, pues sus crías, al desgarrar los flancos y comer las entrañas de su misma madre salen a la luz cargados de violencia.


III
   Algunos pueblos encuentran una semejanza entre el clítoris y el alacrán, hallando su analogía entre el órgano sexual femenino y  el carácter orgulloso, cruel e imposible de satisfacer de algunas mujeres que, a la manera fáustica, no buscan el contentamiento, sino más poder. También el Zodiaco localiza el signo de Escorpión en las regiones genitales.
   Por último, hay que agregar que muchas tradiciones folklóricas han visto en los gemelos una proyección del escorpión, por estar dotados tener de ocho miembros al igual que los gemelos. Sus ocho extremidades y dieciséis ojos, correspondientes a Isis y sus siete vigilantes eunucos que aseguran una visión periférica amplia pero que por lo mismo resulta en su conjunto borrosa,  lo convierten  en un verdadero fósil viviente para la zoología y una supervivencia del mundo matriarcal en sus formas más arcaicas y beligerantes, por lo que está  asociado a la vida nocturna del alma, pues el alacrán brota del seno húmedo y oscuro de la tierra, del caldo espeso y fermentado de la vida, cuyo sordo vapor helado enmohece los metales y viste de musgo las rocas. El suave silbido de su canto sin intermitencias advierte, en la profundidad de su lamento, sobre la amenaza que implica apenas rozarlo, pues se trata de un animal en extremo hirsuto y susceptible, que apunta su venenoso aguijón y lo descarga a quién lo toca. 
   Las hembras dejan vivir en su lomo a sus crías durante dos semanas para, luego de dejarlas libes, devorarlas si osan acercarse y volverse a ella, siendo ello un símbolo más de sus hábitos sexuales y de reproducción terroríficos  Porque el arácnido anómalo a fin de cuentas no exterioriza su ira o su odio en expresiones corporales o de manera ruidosa, pues sabe bien que la cólera o el odios sólo se debe manifestar por actos, pues son sólo los animales de sangre fría los que tienen veneno. 


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