jueves, 14 de abril de 2016

La Verdadera Historia de Valentín de la Sierra Por Alberto Espinosa Orozco

La Verdadera Historia de Valentín de la Sierra
Por Alberto Espinosa Orozco



  El Corrido Cristero “Las Mañanitas de Valentín”, según nos advierte el historiador francés Jean Meyer, es de origen incierto y discutible. En la historia de los Cristeros nadie da cuenta de Valentín, de de donde operó, ni de su lugar en las fuerzas cristeras. Sin embargo, el popular corrido lo recuerda, quedando su nombre grabado en la cultura vernácula. Gracias a ello, el escritor durangueño Antonio Estrada, hijo del jefe cristero Florencio Estrada, logró reconstruir en los 60´s parte de su historia, en un ensayo titulado “Valentín de la Sierra”.[1]
   El corrido narra el final de la historia y fatal desenlace de Valentín Ávila Ramírez, quien fuera un héroe popular que murió por la causa Cristera. Valentín era oriundo del pueblo de San Cayetano, cerca de Huejuquilla y del rancho de los Landa, en el norte de Jalisco, lindante con Zacatecas, a 229 kilómetros de la ciudad de Guadalajara, Jalisco. Región donde nace la Sierra Madre Occidental, y de donde le vino el mote de Valentín de la Sierra.
   Gracias a nuevos documentos, especialmente el de Jesús de la Torre, podemos ahora reconstruir su historia.[2] Su verdadero nombre fue Valentín Ávila Ramírez, hijo de don Basilio Ávila y doña Ugenia Ramírez, de Rancho Viejo. A don Basilio lo mataron en San Diego, cayendo a manos de los villistas Justo Ávila y Baltasar Torres, quienes lo despojaron de todas sus vacas, dejando a su familia sin nada. Eso sucedió cuando sus dos hijos, Valentín y Andrés, ya eran unos muchachos. 
   Valentín Ávila Ramírez nació en 1898, mordiéndole dos años al siglo anterior, y en 1926 lo mataron las fuerzas Federales, por lo que tendría unos 28 años de edad cuando fue ejecutado. Más bien blanco, de ojos medio verdes, nada mal parecido. Muy liviano, muy fuerte y muy de pleito, que quitaba pistolas nada más con el puro machete. Buen jinete y bueno para las armas. Bien parecido, muy de a caballo, con sombrero grande de zayate, que no admitía competencia ni con el machete ni con las mujeres.
   En el año de 1914 Valentín y Andrés, de 16 y 15 años, se habían enrolado con Santos Bañuelos, dándose de alta en Valparaíso, a donde el revolucionario había llegado con Pánfilo Natera para hacer frente a los “Colorados” de Pascual Orozco.[3] En 1916 hubo varias escaramuzas, distinguiéndose Valentín por ser muy atrabancado, por lo que se ganó el aprecio de Bañuelos –como cuando en el Rodeo, cerca de Peñón Blanco, el matón del general  Tomás Domínguez y José María Castro intentaron asesinar a Natera cuando éste fue ofrecerle el indulto a Santos Bañuelos por seguir con los villistas, quien se rehusó. En otra ocasión, en la Puerta del Chacuaco, hubo una refriega con los carrancistas, matándole a su caballo y de la escapó de milagro. Valentín rodó hasta allá, yendo a dar a una nopalera, detrás de la que se escondió. Cuando se levantó, arrastrando una pata, recogió su sobrero apachurrado, mirando asustado como había quedado toda la nopalera bien agujerada. Tiempo después, cuando Bañuelos se acuarteló en la Hacienda de San Antonio de Padua, Basilio Ávila, preocupado, fue y le pidió a sus hijos, yendo a vivir con su familia por La purísima, por el mismo rumbo donde más tarde caería el mismo Bañuelos.
   Cuando Huejuquilla fue atacado por los Federales faldillones, Valparaíso prestó auxilio de 100 hombres, entre los cuales iban Valentín y Andrés. Entre la quemazón de casas Andrés y Valentín, a la entrada del Valle, alcanzaron a una vieja querida de Baltasar Torres, y haciéndole garras las naguas le encontraron una “víbora” entre las pretinas, repleta de monedas de oro, por lo que poco después Valentín lucía una silla, un caballo y una pistola nueva.
   En otra ocasión Trinidad Caldera invitó a corretear lobosa la rancherada de a caballo de Huejuquilla, de San Juan Capistrano, de San Antonio. Cuando algunos de ellos volvían a Rancho Viejo, el muchacho Crecenciano, hijo de Emigdio falcón, descubrió que Santos de la Paz, de Pino, de la defensa, bragado, grandote, de ojos gacho, le había robado una soga, por lo que Crecenciano se la pidió, negándose Santos de la Paz a devolvérsela con malas razones. Por lo que el muchacho, le empalmó el caballo y sin más ni más le aventó tres balazos, saliendo a galope a toda prisa. Valentín lo persiguió a todo galope, mientras que Falcón le vació el resto de la pistola agujerándole el sombrero. Valentín lo alcanzó, le quitó la pistola y no lo soltó hasta entregarlo. 
   Insuperable con el machete, Valentín acuño fama en la región como valentón de baile.  Por su afán de imponerse en las fiestas, con las novias y con los músicos. Su diversión, en efecto, era bailar con las novias en las bodas. Así sucedió en la Hacienda de la Peña con la novia de Rafael Navarrete, quien peló a machetazos con Valentín, quien le dio con un leñazo, a lo que Inés Navarrete respondió saliendo al quite, haciendo brincar a Valentín como venado. Luego de la corredera y a pesar de la advertencia de Guadalupe Simental de que no se volviera a meter al baile, se metió de nuevo bailando “Los Machetes”, con dos cuchillos que hacía sonar por debajo de las piernas y bailando alrededor de la lumbre, como poseído por el diablo. Por lo que lo dejaron solo, bailando, pues no dejaba gustar bonito. En otra ocasión acabó con un baile porque los músicos no tocaban las de él, encerró a los duelos de la fiesta en un jacal, y se fue con los músicos por su cuenta bailando solo.
   Un año después del año del hambre, en 1917, Valentín se casó. Pero no daba traza. De cuando en cuando visitaba a la pobre mujer, llevándole un envoltorio con galletas de animalitos. En otra ocasión la esposa le preguntó a Valentín que fue de aquella cobija que le vio de dos vistas; él le dijo que se la había dado a la otra, para que durmiera calientita. Por lo que la mujer se hartó, un día sacó sus triques y se fue a Colotlán, para no volverse a ver, dejando a sus dos hijos al cuidado de su hermana.
   El pelito en el baile de los Ruices, de Guadalupe, en el Rancho Las Cruces, sin embargo, suscitó un encono que terminaría en tragedia. El lio se armó cuando alguien le tiró una pedrada a Andrés, quien se agacho y le dio a otro. Pancho Ruiz, chaparrito, enfrentó con una daga a Valentín, quien se le aventó encima, le quitó la daga y le metió unos piquetitos en la espalda. No sin antes recibir un arañazo, que le dejó una cicatriz en la cara. Los Ávila se encontraron otra vez con los Ruices en otro baile, por el Cedro. Ya se iban, pero se devolvieron, Andrés sacó la pistola, pero Pancho de un balazo le quebró el brazo izquierdo y le dio otro en la pierna. Andrés tuvo tiempo de apuntar la suya, dándole un balazo a Pancho Ruiz en un ojo, quien cayó redondito para atrás, con los brazos abiertos. Entonces se acercó Pio Ruiz y remató a Andrés Ávila con una 30-30. A Valentín se le vio después de aquello vagando solo y muy callado. Eso fue por el año de 1924, un año antes del año del diluvio.
     Eso por una parte; por la otra, cuando andaba en su juicio era muy servicioso y casi no tomaba, y muy respetuoso de la gente mayor, pues se arrodillaba ante su padrino, un viejo que era muy pobre, y le besaba la mano. Se dice que él hacia cosas para hacerse notar, tropelías, porque quería que le compusieran un corrido. Hombre de carácter arrebatado y cabecilla de segundo orden en la defensa cristera, que sin embargo logró, finalmente, cumplir con aquel deseo.
      El 26 de agosto de 1926 empezó la revolución Cristera cuando llegó a Huejuquilla Pedro Quintanar con 100 hombres de Sombrerete, de Peñitas, de Peña Blanca y del Valle, y con ellos se enroló Valentín, ya para entonces sentido, malquistado con el gobierno por pendientes con la justicia. Ese mismo domingo cayó la Federación, los callistas, que corrieron, porque casi todo el pueblo les hiso resistencia. Eulogio Ortiz, jefe de la zona militar de Zacatecas, quiso cobrarse el desquite y llegó al pueblo con 600 hombres. El jueves 2 de septiembre Valentín salió solo a buscar unas vaquillas por el Arroyo del Fresno, armado, cuando para su mala suerte se topó con los agraristas del Valle de Valparaíso, quienes luego luego se le echaron encima. Se confió, y les dijo que quería darse de alta en el gobierno, sintiéndose reforzado por sus amigos agraristas del Valle, Epigmenio Talamantes y los hermanos José Pedro y Chon Salas, a quienes hacia poco les había regalado un caballo. Estuvo detenido con los de la Federación por la calle de abajo, y estuvo tres o cuatro días con ellos. Epigmenio Talamantes lo reconoció, montado en un caballo alazán y de calzón blanco. Los jefes del ejército iban a comer a la fonda de Doña Perfecta, que estaba en contra de los cristeros, por lo que denunció a Valentín, diciéndoles que andaba con Pedro Quintanar. Entonces ya no hubo remedio. Lo interrogaron, resultando que  Valentín dirigía a unos 15 Cristeros en un área muy reducida del norte de Jalisco. In extremis, Valentín les dijo que les juntaba gente de la Hacienda de los Landa, a sus amigos Candelario, Amado, Faustino y Heriberto Reséndez, a quienes apodaban “Los Ratones”.      
   Apareció después montado a pelo en un macho, amarrado de las manos. El coronel Pablo Ortiz tenía órdenes de que lo matara por el camino, pero él no quería matarlo. Por Milpillas lo mandó a traer agua, dándole el chance de que se pelara. Pero Valentín estaba muy seguro de que lo admitirían en el Ejército. Los primeros días de septiembre de ese año lo colgaron de un árbol en la Hacienda del Refugio, en Milpillas de la Sierra. Cuando el general cristero Jesús Pineda pasaba por ahí lo reconoció. Al estarlo sepultando cayó tremenda tormenta, por lo que la fosa quedó ahí abandonada, llena de agua. Las mujeres de la región lo tenían por un mártir, llevándole flores, adornos y veladoras, porque decían que hacia milagros. Solo cabe agregar aquí que el poblado de Huejuquilla el Alto, Jalisco, es famoso por haberse dado ahí el primer combate de la Guerra Cristera.[4]




“Las Mañanitas de Valentín”

Voy a cantar unos versos
de un amigo de mi tierra,
del valiente Valentín
que fue "afusilado"
y colgado en la sierra.

Ni me quisiera acordar
si era una tarde de invierno,
cuando por su mala suerte
cayó Valentín
en manos del gobierno.

En el arroyo del Fresno
con Valentín se encontraron
los agraristas del Valle,
le hicieron preguntas
y se lo llevaron.

Se fueron pa' Huejuquilla
en..... lo encontraron;
el pobre de Valentín
se encontraba triste,
muy desconsolado.

Se fueron para una fonda
todos juntos a comer,
todo el Estado Mayor,
Epigmenio, Chon Salas,
Valentín también.

Se sentaron en la mesa
juntos con el general,
una vieja lo entregó
que era de la gente
de ese Quintanar.

Le preguntó el general:
-¿Cuánta es la gente que mandas?
-La gente está afortinada,
son quince soldados
del rancho de los Landa.

Le preguntó el general
cuánta era la compañía:
-Son ochocientos soldados
que trae por la sierra
Mariano Mejía.

El general le decía:
-Valentín di la verdad,
mira que si tú me dices
te doy dos mil pesos
y tu libertad.

El general le decía:
-Yo te concedo el indulto,
pero me vas a decir
¿Dónde está el curato
y la casa de Justo?

Le contestó Valentín:
-Eso no puedo decir,
prefiero el que me maten,
yo por un amigo
prefiero morir.

Lo llevan para la sierra
a hacerle la ejecución;
-Ya me voy con los del Valle
adiós mis amigos,
adiós ya me voy.

Antes de subir al cerro
Valentín quiso llorar:
-Madre mía de Guadalupe,
por tu religión
me van a matar.

Al llegar al Charco Largo
le vuelven a preguntar:
-¿Quiénes son los levantados
de Higinio Madera
y Pedro Quintanar?

Del pobre de Valentín
un capitán se dolió
lo montaron en un macho
y en él lo llevaron
a donde murió.

Muévase este Valentín:
-¡Válgame Dios ahora qué hago!
-Le contestó este Chon Salas:
-Si  te quieres ir,
ahí está mi caballo.

Le pusieron una cruz
pa' no perderlo de vista,
para tener un recuerdo,
queridos amigos
de los agraristas.

Vuela, vuela palomita
de la torre hasta el fortín;
aquí se acaban cantando
versos de Chon Salas
y de Valentín.[5]





   Don Luis Domínguez cantó con su arpa, durante más de dos décadas, de entre los 70´s y los 90´s, todo tipo de corridos, especialmente los dedicados a los Cristeros de la región, en la esquina formada por 5 de Febrero y Constitución. Acompañado por su voz y las melodías emitidas por su instrumento al pulsar de sus cuerdas, el músico tradicional mantuvo así fresca la memoria entre los durangueños de los héroes populares locales, como Valentín de la Sierra, Trinidad Mora y Florencio Estrada. Un significativo cuadro expresionista, realizado en tonos fríos y dorados, del también cantante y pintor Armando Blancarte, retiene artísticamente su imagen para la posteridad. En lo que es hoy la “Plaza Fundadores”, un moderno obelisco montado sobre una gran piedra calcárea, también los recuerda.






[1] Antonio Estrada. Narrativa Póstuma. Ed. ICED, CONACULTA. Durango 2011. 293 págs.
[2] La verdadera historia de Valentín de la Sierra es narrada por un amigo suyo que luego se casó con su hermana, recopilada por Jesús de la Torre en el trabajo “Mito y Realidad de un amigo de mi tierra”, compilado en el libro de Jesús de la Torre y Manuel Caldera Pueblos del Viento Norte . Secretaría de Cultura de Jalisco, 1994. Introducción de Luis Salazar Godoy y Prólogo de Jean Meyer. Pág. 96 y siguientes. De los mismos autores hay otro libro: Pláticas de mi pueblo. Ed. Ágata. Guadalajara, Jalisco, 1991. Ver también: Francisco Segovia, “Campesinos: la voz sepultada”. Revista Fractal #2. Julio-Septiembre de 1996. Año I, Volumen I. 
[3] Pascual Orozco se levantó en el Norte, encabezando a un grupo de insurgentes denominados los “Colorados”. A ellos se les sumó Benjamín Argumedo Hernández, sastre y domador de caballos, quien se levantó en la comunidad de “El Gatuño”, seguido por el tendero de Matamoros Juan Livias. Dos hombres audaces que estaban al frente de 50 bandas poco organizadas, con 20 hombres por cuadrilla. En la Laguna, intentaron tomar Gómez Palacio el 20 de noviembre de 1910, siendo perseguidos y refugiándose en la sierra. Para el 20 de noviembre fueron reforzados por Jesús Agustín Castro, Orestes Pereyra, Gregorio García y Juan Pedro Estrada Lozano. 
[4] Huejuquilla se encuentra en los límites de los estados de Jalisco y Zacatecas, justamente donde inicia la cordillera de la Sierra Madre Occidental. El nombre es un diminutivo de Huexutla, siendo su nombre primitivo nahua  Huexuquillán, que significa lugar de los sauces o los sauces de la sauceda. Sus primeros pobladores fueron indios coras y huicholes que estaban bajo el señorío de Colotlán. El primer español en dar referencia del pueblo fue el fundador de Zacatecas, Cristóbal de Oñate, en 1548, y la fundación española del pueblo se llevó a cabo el 23 de marzo de 1573, dándose el mestizaje o la mezcla de ambas culturas. En 1833 se le concedió el título de Villa. Fue famoso por la Hacienda de San Antonio de Padua, que hoy en día es un muladar. Es reconocido a nivel internacional por la siembra de orégano, el mejor del mundo, azafrán y xoconoxtle. Otro corrido de la región muy conocido es el de la “Toma de Huejuquilla”, que narra la historia de la toma del pueblo por Miguel Romero, Jesús Madera y Justo Jaime –donde figuran también las siluetas de Cheche Campos, Felix, Benjamín Argumedo y Santos Bañuelos. 
[5] Ver Antonio Avitia Hernández, Corrido Histórico Mexicano. Voy a Cantarles la Historia (1810-1910). Tomo I. Editorial Porrúa. Colección Sepan Cuantos… México, 1997. 289. Pp. 




1 comentario:

  1. Terminándola de ver 22/10/2017 10:34 pm noche barranca huentitan

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