domingo, 28 de febrero de 2016

Redes Sociales y Futurología Editorial Por Alberto Espinosa Orozco

Redes Sociales y Futurología Editorial
Por Alberto Espinosa Orozco



   Lo que se cocina en las entrañas de la historia pasa primero desapercibido en sus consecuencias al espectador ordinario. Es el caso de las redes sociales, que empiezan a emerger desde las profundidades mismas de ese seno o caverna histórica de la modernidad en los medios masivos de comunicación. Es claro que con sus pros y sus contras, con sus luces y sus sombras, pues todo es susceptible de llegar al exceso, o de usarse de manera fraudulenta. 


   Las luces que despuntan son mayores, en todo caso, al poner a disposición de cualquier persona mas o menos ilustrada, o al menos inquieta, un caudal sin precedente de información a su alcance, lo cual no hará sino desbaratar, reduciendo a mal olientes escombros, el imperio de la unidireccionalidad informática, haciendo añicos el control de la información mediática y permitiendo la expresión escrita o fílmica de la libre opinión personal, no menos que abriendo la ventanas a los frecuentes abusos de poder llevados a cabo día con día por falsas autoridades, que se pasan de tueste incurriendo en la deplorable falta moral del autoritarismo, que manda y expande su voluntad de forma aviesa e injustificada, debido a la corrupción y el abuso de las conciencias. Pero sobre todo, las novedosas redes sociales abren la posibilidad a la difusión a plena luz pública de los valores sociales, tanto estéticos como de las ideas y de las verdades, a veces incomodas, cribadas, omitidas o censuradas por la prensa y los medios masivos oficiales.


   Por otra parte, sus posibilidades en política están por ocurrir; porque las redes deberían ser los foros propios para las campañas de los partidos, que al ser gratuitas y austeras ahorraría literalmente miles de millones de pesos a la nación... y miles de millones de toneladas de basura a los muladares, con lo cual se colapsaría una industria perfectamente desvirtuada, tan onerosa como ociosa, de imprimir millones de retratos y leyendas golondrinas, que cada seis, cuatro, tres, dos, un año, afean bardas y arbotantes citadinos, en el futuro cercano, no habrá esa miseria y llegarán sólo al honor de la tipografía libros de arte, literatura, cultura, que es el objeto propio y el fin congruente de la industria editorial -de ser usada con una mística pedagógica, con una misión educativa, como hiera en los albores de los años 20´s el visionario filósofo mexicano José Vascolcelos y su egregio equipo de jóvenes intelectuales


   La política ya no nos atormentará a horas fijas por radio, televisión y prensa, sino que estará restringida por estos nuevos organismos, fabulosos, que son las redes sociales -en cuyos calces es posible opinar, e incluso debatir, aunque sería mejor decir dialogar, teniendo en todo momento el ciudadano derecho de réplica, dándose por consecuencia la bidereccionalidad de toda comunicación real y efectiva, ajena a la imposición del mensaje impuesto por los grandes financieros económicos de los aspirantes al servicio público, en una publicidad y propaganda roma, chata, sin absolutamente ningún beneficio social, cuyas marmotas y afisches sirven lo mismo que el engrudo: el de ser el equívoco aglutinante, por no decir la cola, apelmaador de las masas. 



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