martes, 1 de diciembre de 2015

Mar Cansado Por Alberto Espinosa Orozco

Mar Cansado
Por Alberto Espinosa Orozco



Qué es el mal sino un dolor cansado,
vecino de la muerte y el olvido?
Qué sino el mar de un sentimiento desolado,
un malestar, un dardo, un vacío, un corredor
helado, ahuecado, 
en los ojos sin luz, heridos
por la luz, en sombras, funestos, ahuyentados?

Qué sino el hambre de no ser, la sed
exhausta, siempre, de poner una esponja de hiel
entre los labios y una lanza de odio en el costado?

Qué sino el deseo que huye del pasado,
haciendo del instante una estatua amarga
que cauteriza con su sal la vista del mañana?

Qué sino la alondra caída cada día, como la noche
agazapada cada noche debajo de la almohada?
Qué sino el pacto con la fiebre que reclama,
en su victoria helada, la extinción de la esencia,
la transparencia de existir sobre la cresta
inexistente del ahora, sin aroma,

Como el cristal de ámbar en que asoma
una constelación de polvo y líquenes marchitos,
petrificados de pronto por un grito;
como el fuego sordo entre las hojas que reclama
un nicho en donde reposar; como una mar amarga,
cansada de esperar ningún cobijo?

Qué sino el satélite quemado de las arenas movedizas;
 el vértigo, el delirio, sentados junto al cirio,
trastornando al impalpable papel del río de la memoria?
Para erigir en su centro la coraza, en su dureza de desierto,
del perfecto hueco eterno, ya sin vida, del caprichoso insecto.







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