martes, 22 de septiembre de 2015

Irwin Sandoval: la Secreta Yaga Por Alberto Espinosa

Irwin Sandoval: la Secreta Yaga
Por Alberto Espinosa 


“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne,
Sino contra principados, contra potestades,
contra los gobernadores de las tinieblas
de este siglo, contra huestes de maldad
en las regiones celestes.”
Efesios 6.1.2

“El Señor es Espíritu,
y donde está el Espíritu del Señor,
ahí hay libertad.”
2 Corintios 3.17.










I
      La más reciente exposición de Irwin Sandoval, “Oximorons de Padecimientos” equivale a un sombrío deslumbramiento: atmósferas fantásticas de intenso dramatismo que son un petrificado torbellino de signos que dan cuenta de la anarquía biológica y moral de nuestro tiempo.[1]
   Artista precoz, Irwin Sandoval (1995) empezó a adiestrase en el oficio pictórico a la edad de cuatro años, recibiendo sus primeras lecciones formales a los siete. En el año de 2009 gana en la Secundaria técnica su primer premio en la justa “El Niño y el Mar” y comienza a pintar sus primeros oleos bajo la dirección de su padre, el reconocido pintor regional. Luis Sandoval. En 2010, 2012 y 2014 se confirma como gran artista del concurso anual Madonnari, en Durango. En 2012 viaja a Europa con el artista Valentino Salas, a Salerno, Italia, recorriendo con su mochila España, Francia y Cerdeña, empapándose de la estética occidental contemporánea y de todos los tiempos, refinando extraordinariamente el dibujo anatómico. 













   En 2012 en los muros de la EPEA pinta un gran mural en varias secciones con temas regionales titulado “Centenario de la Revolución”, asesorado por su padre, el experimentado muralista regional Luis Sandoval. Es galardonado en el Concurso Mural 450 Aniversario, realizando la obra “El Desarrollo Regional” para los muros de la biblioteca del ITD. A inicios de 2013 participa  en la elaboración del grabado gigante en xilografía “Mural de Alacranes” realizado por 16 artistas plásticos de Durango  en el Museo Ángel Zárraga, dirigido por Angélica Carrasco Acevedo.[2]







  Expone en 2010, en la Casa de la Cultura la muestra “Criaturas I”; un año más tarde la colección ampliada es presentada en la Galería #618, “Creaturas II”. En marzo de 2015 gana, con un magnífico paisaje,  el concurso independiente otorgado por el CORE con el tema del Parque Guadiana, titulado “Hogar Silvestre”.[3]   








II
   En la presente muestra “Oximorons de Padecimientos” el novel artista durangueño realiza una apuesta surrealista, dando forma al sentimiento de malestar y a la inconformidad contemporánea, detectando por un complejo sistema de analogías y vasos comunicantes las enfermedades sociales y los padecimientos psicosomáticos del ser humano en los albores Siglo XXI, producto de sus transgresiones y constitutiva rebeldía tardomoderna, que ha desembocado no sólo en la profunda perturbación y confusión de la conciencia, sino en una especie de hibridismo psíquico feroz, asociado a una decadencia de la especie humano sin paralelo la historia de la humanidad.
   Así, lo primero que salta a la vista en sus trabajos experimentales es el coque de potencias contrarias, que en la anulación de sus términos da lugar a otra cosa: a la visión de formas inéditas y sobrecogedoras, mutantes o en franca tendencia transformista, que frisan con el hibridismo.
   Metáforas visuales, alegorías de la insatisfacción y el desequilibrio contemporáneo y nuestro, que al ir en círculos excéntricas en busca del cambio y del comienzo topa con lo más arcaico: con las metamorfosis arcaicas del ser que presumen al hombre como un ángel y, a la vez, con la retrogradación del hombre hacia las formas más primitivas, incluso mineralógicas,  de la creación.    


   En cierto modo estética de la belleza convulsiva e incluso diagnóstico de sus peligrosas consecuencias morales y espirituales, Sandoval se sumerge en el riesgoso territorio onírico del subconsciente, ese antro de fieras, para traer de sus pesquisas submarinas a la superficie una serie de complejas ideas-sensaciones, las cuales son notables por su altísimo grado de síntesis y de abstracción.
   Atmósferas de una densidad sin sosiego, cuyo sentimiento dominante es el de la zozobra: el de lo sub-supra, que sube hasta lo más alto imaginable para asentarse en un reino de formas puras, para luego despeñarse en el sensualismo primario del alma inferior. Primero las constelaciones siderales; luego, las llamas y la fiebre helada del submundo –en una visión por decirlo así post-apocalíptica donde se refleja un mundo psíquico en ruinas, donde el dólar y sus yagas parecen no poder dar lugar a cosa alguna sana. Espejo de nuestro mundo interior, velado por el tenebrismo de las sombras vanas, que sin embargo de pronto se condensan hasta volverse tangibles y encarnadas o alcanzar incluso el peso contundente de la roca.
   Porque la aceleración, el cambio y la novedad perpetua del mundo contemporáneo no puede sino conducir a lo otro del hombre: al peligro dejar de ser, del desequilibrio axiológico de la escisión de sí y de los otros, e incluso a la manifestación o contra-natura en el hombre: al luciferismo en lucha contra las normas. Visión, pues del undgraund, del otro lado del ser: al vacío y su barroco torbellino quieto, su páramo de espejos afilados.






III
      Exploración, pues por los confines de la tierra árida, en la que se atrevido un puñado de adelantados gambusinos, sirviendo a ellos como guía el primero de ellos: Fernando Mijares Calderón, al que han seguido Oscar Escalante, Gloria Rincón y un poco más cerca José Luis Ramírez-
   Ir a los confines de la tierra castigada por los extremos de pavoroso sol de la sequía, herida por el rayo y por los fantasmas fugitivos de la noche que abren la llaga secreta del olvido, hasta tocar los límites del ser y su otra cara, la vacía. Tierra que es refugio de demonios en lucha y de misterios de posesos y alienados, de hombres atados a los caprichos de la subjetividad o roídos por el doble chancro del confinamiento o de la indiferencia.
   Así, en el límite del aciago mar de las arenas, Sandoval se interna por borrascosos paisajes de tormenta, azotados por la desolación y el desamparo, asaltados por rojos y aciagos resplandores. Entre los terribles celajes de tiniebla los seres que suben hacia lo alto como ángeles o como el amor, que también es medio pájaro, o que bajan a las aguas abisales para quedar marcados con escamas. Sentimiento de zozobra, que primero se expande y efervesce entre plumas con las alas y que luego quemado, partido por un rayo, se achicharra y cae, lánguido, entre los velos negros de la mariposa hasta volverse ígneo y duro y de obsidiana, que se dispersa y evapora hasta busca el agua e impregnarse con el limo del barro y reposar en el nácar de la concha.
   Insospechadas condensaciones arbitrarias, metamorfosis de mezclas misceláneas, donde las células genésicas realizan insospechados cruces de géneros y especies. Saleas que se vuelven olas que son alas en donde abrevan escuálidos fantasmas. Explosiones, seres difusos heridos por el trueno, para luego ser dispersados por el viento.
   Paisaje de las presiones internas cuyas lajas fragmentadas, en medio de la densidad del escenario, simulan al vacío de la piedra, a lo que tiene ser pero sin dentro. Exceso de humedad evaporada de donde surgen  fosilizados seres marinos y sólo brilla el calcio de los huesos, participando en los niveles más arcaicos, no orgánicos, de la creación o del frío sin rostro de las sábanas. Ensambles góticos de mineral de hierro que recuerdan el insensible vicio o la tiranía del instinto, contiguos a las puertas del Seol o del abismo.
Osario vegetal cuyos cristales se rompen el choque con el magro arrecife de las sombras. Lozas que se deslizan en sus macizas plataformas planas hacia la disolución: las mutaciones de las formas. Transgresión de las fronteras vueltas polvo; formas que envuelve el torbellino donde lo que es más bien un ir dejar de serlo. Alegorías del proceso del ser humano por ser otro, lo otro o por dejar de serlo. Andróginos, autómatas, estatuas renegando de ser hijos de la tierra de la que toman, sin embargo, sus sustancias: mercenarios del cosmos y esclavos de las formas fugitivas.









IV
   Irwin Sandoval se sirve de las armas técnicas y poéticas desarrolladas por el surrealismo para despertar la sensibilidad y despertar la imaginación. Sus herramientas, el azar objetivo y lo real maravilloso,  le sirven así para captar y luego fijar las radiaciones excéntricas de la libertad equívoca, subiendo y bajando por la espiral espiritual de los ecos y las rotaciones magnéticas, exhibiendo en cada una de sus composiciones gran madures artística y artesanal. . 
   Su exploración, así, da cuenta del ritmo de una serie de realidades demetéricas que, violentando las normas, perturban en su raíz misma la esencia de la naturaleza humana. Su obra, inquietante, está sujeta a atmósferas de altísima presión existencial, lo que le permite internarse en los antros del inconsciente y de su imágenes psico-mentales, en una especie de saturación informática bien resuelta.
   El tema del artista así es doble: por una parte la fascinación ejercida por los poderes de las sombras, aparecen como prolegómenos a la lucha espiritual contra las nuevas formas de la esclavitud y sus virulentas metamorfosis incesantes; por la otra, el de la soledad y el fin del futuro, es decir, el tema del tiempo clausurado y de la cancelación del mañana donde, por tanto, nada pasa que no sea el estancamiento y el desvencijamiento rutinario de la ruina. Se trata así de la contingencia, de la no necesidad de todo lo creador, mejor dicho, de todo lo existente, de la extrema fragilidad del tiempo y de la ruptura con la tradición. Que nos habla de una especie e hiperbólica desilusión trascendental. Era post-metafíscia, en cierto modo post-apocalíptica, donde se da junto a decadencia social una especie de degeneración y confusión categorial, que remata sobre todo en hibridismo.
   Territorio sembrado de aguadas contradicciones lógicas y existenciales, donde el hombre se presenta por su ausencia, por su hueco, por su falta, tomando su lugar los poderes de las realidades súbitas acosados por el tiempo. Lugar en donde cada cosa se vuelve su contrario y en el que cada signo es inverso en su reverso, cada cosa adversaria de sí misma.
   Visión de la humanidad también como el foro de los desgarramientos donde se trenzan las luchas de ángeles y demonios, peleando cada uno por la liberación o la esclavitud de la carne. Choque de verdades, de veleidades, de debilidades y poderes. Escenario del silencio y del estruendo, torcidos para cerrar los ojos del entendimiento a los acólitos de la astucia y de la vergüenza, ajenos a la verdad –que permanece oculta para aquellos que se pierden, como la cara cubierta por un velo, disfrazada con un gesto.
   Retratos de fuerzas, más que de formas, y más que de formas de deformes sensaciones. Por tratarse de formas que no logran sostener su fuerza o de formas que no logran incorporar su fuerza.  Pugna, choque, querella, sobre todo desequilibrio entre el fundamento (graund) y la falta de fundamento (ungraund), en donde cada uno está expuesto a su capricho, sin oídos para otro corazón que no sea el del perverso, el del olvido del ser y de la negatividad.
   Retratos de la región de la abundante escases y del vacío del alma, los cuadros de Irwin Sandoval transitan por el delgado filo de la espontaneidad y la reflexión. Sus imágenes insólitas son también formas fatales que revelan una gran conciencia de la imagen, de la imaginación y sus poderes. Sensibilidad desnuda que percibe las vibraciones y llamados de los signos, contenidos gracias a un complejo sistema de señales urdido por una imaginación coherente.
     Así, la magia en harapos de la fascinación repulsiva que se petrifica en el rito logra volver el monolito en polvareda, y de movimiento sin fin de la metamorfosis una nada que regresa como una agua bañada: no la otra cara del ser y su fijeza, que es una nada sin ser, sino el sueño sereno que vuelve a reclinar la cabeza en la almohada. Porque el arte de Irwin Sandoval no es el que se funde, sino el que se distancia de su objeto. Porque el artista no pinta las apariencias del mundo, sino su reverso: las furiosas formas inconformes, las desapariciones de la realidad. O mejor: no pinta eso, sino su combate: su inane petrificación y su disolución final. 






[1] Del 28 de agosto al 28 de septiembre del 2015 en el Palacio de los Gurza (ICED). CONACULTA. PECDA.
[2] Obra administrada por el Colectivo # 618 de Carlos Cárdenas en la que también participaron Rodolfo Ortega, Oscar Mendoza, Luis Sandoval, Irwin Sandoval , Víctor Navarro, Armando Blancarte, Antonio Ruiz, Cristina Sandor, Melanie Peña, Liliana Cortez, Karla Sánchez, Felipe Piña , Thor Reveles, Humberto Ugalde, Jonathan Gone y Alma Santillán. Gerardo Rosales, “Mural artístico de alacranes, obra hecha por 16 artistas duranguenses”. Contexto. 28/01/2013.          
[3] 2do lugar pintura Escuelas Secundarias Técnicas, 2do lugar pintura infantil “El niño y la mar”. Proyecto Audio-visual “paisajes y resonancias” Mono-infinito, (Corredor Constitución), Día del zombie 2011 (Ex convento del Carmen, Guadalajara, Jalisco), Colectivo Durango, Galería Germán Gedovius (San Luis Potosí), Colectivo Durango, “618” (Cd. de México). Ha recibido varios reconocimientos en los Concurso Madonnari de la Ciudad de Durango.  











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