domingo, 6 de septiembre de 2015

El Entrometido de Cremes: la Antropología Científica y el Relativismo Contemporáneo Por Alberto Espinosa Orozco

El Entrometido de Cremes: 
la Antropología Científica y el Relativismo Contemporáneo
Por Alberto Espinosa Orozco



  "Homo sum, humani nihil a me alienum puto" es un proverbio latino que significa "Hombre soy; nada humano me es ajeno".
Esta frase fue escrita por Publio Terencio Africano en su comedia Heautontimorumenos (El enemigo de sí mismo), del año 165 a.C; la dice Cremes, el entrometido.
   En efecto, en la obra de Terencio, esta frase es pronunciada por Cremes para justificar su intromisión en un asunto privado, íntimo, referido a un delicado caso de honra o deshonra marital. Sin embargo, la cita ha quedado para la posteridad como una justificación de lo que ha de ser el comportamiento humano. La frase es citada por Karl Marx en una conocida entrevista con ese sentido.
   Cabe añadir que la voz “puto” viene, contra todo pronóstico, del verbo de la primera forma de conjugación en primera persona presente del indicativo, que en latín se enuncia: puto, putas, putavi, putatum, putare; en español podría ser traducido con el verbo: "considero".
    Y ya Sartre lo decía: “Porque ese problema humano no tiene nada que ver conmigo, tiene que ver conmigo” -que no hace otra cosa que magnificar las implicaciones dudosas de tal sentencia arropada por la conciencia tardo-moderna… y sobre todo por su mala conciencia. 
   Muy bien, muy bien… obviemos entonces la flagrante contradicción del famoso adagio de Terencio puesta en evidencia por el filosofo de la existencia. ¿Y qué nos queda? Un interés disperso, global, historicista por todo: por todo lo humano, habría que agregar, que si bien se mira es todo, pues todo, al ser materia de conocimiento, lo seria: todo interesa al conocimiento humano -para su experimentación ... o su dominio. El  conocimiento científico, sin embargo, mucho se nos ha repetido, es neutral, pues no valora lo que toca, que sería la forma menos científica de conocerlo; valora en cambio el conocimiento mismo -por amor a la verdad?, supuestamente, si; tan vez por otro valor que se esconde detrás: lo valora para poder manejarlo y servirse de él, de ese conocimiento, por lo que la ciencia suele terminar por ser una ancilla o criada de la técnica. 
   Es decir: se trata de un íntimo interés por el objeto propio de la antropología llamada científica: por los accidentes de la especie humana... por sus contingentes maneras de ser y de vivir -todo lo cual no puede sino conducir a un... a un ... si… a un relativismo escéptico. Lo que se pierde entonces es la atención sobre la esencia misma del ser humano, lo que no son pues sus accidentes, que no se plantea nunca, ni por asomo, que sería lo propio o exclusivo de nuestra especie (la razón, el logos)  -que es, dicho sea de paso, lo que el feroz contingentismo de nuestra época tiene pánico mirar de frente, exorbitado como es, extremista en su naturaleza impropia, desbordado ya en posturas de alienígenas, que no puede dar a colación sino un existencialismo de cuño autoritario y rabiosamente gregarista, o a un individualismo de confinados, en una especie de retrogradación de lo humano hacia la solidarización con las formas más bajas de la creación.
   Su resultado final: el intento de legitimar un mundo de rampante relativismo, o donde "todo está permitido" -menos, claro está, decir estas cosas.




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