sábado, 5 de septiembre de 2015

Doña Margarita Soto: el Lujo y la Resistencia Por Alberto Espinosa Orozco

Doña Margarita Soto: el Lujo y la Resistencia
Por Alberto Espinosa Orozco


Donde reina la envidia
no florece la virtud.”
Miguel de Cervantes


   Doña Margarita Soto Alvarado, oriunda del barrio de Tierra Blanca en la capital del estado de Durango,  puede considerarse por derecho propio como la decana de la artesanía regional. Su dedicación y amor al oficio comenzó hace más de cuarenta años, reviviendo la tradición del arte popular de la piñatería, que por aquellos años se extinguía de su solar nativo. Comenzó realizando pequeñas figuras modeladas en papel mache, vestidas y  adornadas con lustrosos listones de papel crepé, ricos en policromías y diseños. Durante largos años innumerables obras sonrientes han sido cosechadas por sus manos creativas, las cuales van de Bobo´s Esponjas a brujas y ratones Mikey´s, pasando por un amplia gama de ratones Mimosos, ranas, dulces Winys Poos, dinos (la mascota de Picapiedra), megazanaorias y payasos, multiplicando en la actualidad sus diestras manos, como si un pan de participación se tratase, cómicas figuras de payasos y de graciosos burritos, dando con ello realce a los ilusionados ojos de niños y viandantes que cada domingo alegremente deambulas por la Plaza de Armas.
   El precio de tales maravillas cotidianas llama también a asombro, pues con desenfado las vende por apenas diez pesillos –no pudiendo por ahora, debido al alza de los costos, enriquecerlas con la tradicional barriguilla del jarrito de barro, pues hoy en día anda la alfarería  por los seis pesos, con lo cual se elevaría en demasía el costo de la manufactura.
   Otrora Durango conoció mejores tiempos para los artesanos, pues en una larga mesa se llegaban a reunir hasta ochenta artesanos de la región, articulándose a la manera de los gremios de la antigüedad. Todo ello gracias a los esfuerzos de la Maestra Lilia Santaella y del Maestro Rural Manuel Lozolla Cigarroa, fieles amantes y promotores del arte quienes, dedicados al rescate de la tradición popular, formaron la sociedad “El Refugio del Arte”, la cual tuvo por una época su centro de reunión en el Parque Guadiana, frente a la fuente de “Las Ranas”, y su cede en lo que hoy es el Centro Literario Olga Arias –grupo extinto hace cerca de tres lustros, debido a las vicisitudes de planes y programas de la moderna centralización, más atenta al ideal del progreso homogéneo que a la tradición y a la importancia entrañada en la continuidad de tales esfuerzos o al valor cultural esencial de tales empresas –afectando de tal manera el desarrollo e integración social de tales comunidades.

   Sin embargo, las tareas de Doña Margarita Soto no se quedaron en el rescate y en la repetición del arte piñatero o en su mera difusión o enseñanza (rama en la cual trasmitió sus conocimientos a varias de sus cuñadas) sino que infatigable profundizo sus conocimientos y amplió sus horizontes creativos –en parte debido a la competencia que se suscitó en tal disciplina. Primero inventó una singular artesanía, consistente en la manufactura de flores realizadas con alambre y revestidas en sus pétalos con inconsútiles medias de licra. A ello siguió la confección de graciosísimas y tiernas muñecas hechas con retazos de tela y media, las cuales aún en la actualidad pueden adquirirse por la módica suma de doce a veinticinco pesos –pesos mágicos que sólo algunos pocos encuentran, acolchados como si fueran de trapo.




   La exploración del mundo simbólico a trabes de ese espejo magnifico que resulta ser la artesanía siguió entonces adelante. Cuenta Doña Mago, nombre con que se le conoce y trata en el barrio, que gracias a la sociedad de “El Refugio” conoció primero a un matrimonio huichol proveniente de Tepic, Nayarit, a quienes invitando a ver televisión en su hogar le enseñaron a trabajar la chaqira. En la actualidad Doña Mago realiza no sólo prendedores de muñecas y pulseras, sino un amplio espectro de obras diamantinas, entre las que se destacan singulares jarritos que, ostentando la leyenda de “Durango”, van conformando pequeños mapas del corazón o microcosmos espirituales, en los que igual habitan venados que alacranes, paisajes arbolados que la constelada noche. Actualmente sus pulseras originalísimas llevan alternados pequeños milagritos de tanto en tanto, siendo buscadas con avidez por intrépidas colegialas, quienes al parecer alcanzan a leer en los rosarios “historias divinas”.
   En otra ocasión unos indios norteamericanos venidos de Oklahoma la iniciaron en otra artesanía más, esta vez insólita y llena de magia y misterio: la confección de los codiciados “Atrapasueños”. Se trata de una elaboradísima tarea consistente en un circulo de madera adornado con estambre de colores mexicanos que en su interior lleva una compleja red rígida formada a partir de hilillo deshilachado y luego rematado con plumas armoniosas teñidas de los mismos colores. Cuenta la leyenda que los “atrapasueños” son también una especie popular de los conocidos talismanes, los cuales allende su policroma belleza tienen como función la de filtrar los malos espíritus o repeler el mal de ojo (las “energías negativas” o las “malas vibras” diríamos hoy en día), sirviendo así de resguardo contra los ataques simbólicos de la envidia o de la “ojeriza”, purificando en consecuencia los sueños tanto de los niños pequeños como de los adultos.  
   Así, el conocimiento en el trato de los materiales populares y la iniciación en el mundo simbólico por ello proporcionado le ha permitido a Doña Margarita Soto entrar al campo de la fertilidad creativa no menos que  las regiones de la metáfora y el mundo analógico, donde por razón de armonía o semejanza una cosa llama a otra para reflejarla, acompañarla o potenciarla. En este rubro, la insólita artista durangueña ha incursionado en el arte de los collares de cristal de cuarzo, potentes para relacionarlos con el cosmos. Los jóvenes artesanos no menos que los hipís psicodélicos tendrían mucho que aprender de sus manufacturas y de su sencilla sabiduría vital.
   Por otra parte, habría que añadir que junto con su esposo Javier Cepeda, el famoso y legendario “Ideas”, hoy convaleciente -quien por lo demás fuera condiscípulo de un gobernador del Estado, por más señas apodado “el zurdo”, durante  5º y 6º en la primaria “Vicente Guerrero”-, Margarita Soto practicó durante años el arte del baile, participando en maratónicos concursos de cuatro días y cuatro noches de duración –ostentándose su marido a la fecha como histórico o tradicional campeón imbatible en esa disciplina. También han sido maestros de su disciplina artesanal tanto el la televisora local Canal 12 como en el Ex-Internado Juana Villalobos, durante la época de oro del ICED, presidido por Don Héctor Palencia Alonso, quien convocó a más de cuarenta aprendices, pagándoles a los artistas hasta trescientos pesos por lección. Por añadidura Margarita es también hermana del magnífico pintor minimalista Don José Soto, quien se ha destacado a nivel regional por sus bellas miniaturas del paisaje natural durangueño, las que lo han llevado del paisaje regional durangueño y allende de sus fronteras hasta atisbar geografías de otros mundos y así comenzar a descifrar el infinito –constituyendo de tal forma y a su manera una despaciosa meditación sobre la creación e irremisiblemente sobre el Creador o Dios. 

   Arte humilde, pues, pero de exquisito buen gusto, el cual por sus características generales podríamos situar bajo la categoría estética de la ornamentación. Arte útil, es verdad,  pero cuyo contendido simbólico va más allá aún, convirtiéndose en una poesía elaborada que está ahíta de sabiduría ancestral e imbuida de espiritualidad en lo que tiene de profundo sentimiento religioso. 



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