jueves, 18 de junio de 2015

Miguel Noreña y el Paseo de la Reforma Por Alberto Espinosa Orozco


Miguel Noreña y el Paseo de la Reforma
Por Alberto Espinosa Orozco 










I
      El último maestro de aquella destacada generación de escultores mexicanos decimonónicos fue Miguel Noreña, quien a su vez había sido discípulo del artista catalán Manuel Vilar. Justamente célebre, Vilar alcanzó la famoso por introducir en la Academia el llamado Purismo Academicista de Roma, de origen alemán y extendido a País, y a quien sucedió Miguel Noreña como maestros de escultura en San Carlos –mientras que a Pelegrin Clavé le sucedería en la cátedra José Salomé Pina, especializado en París, haciendo equipo con Eugenio Landesio, José María Velazco, discípulo preferido de Landesio, y Santiago Rebull.[1]
    Miguel José María Marino Noreña Argurte, hijo de Marino Noreña Grcía y Feliciana Aegurte Castro, nació en la Ciudad de México en 19 de julio de 1939. Estudió en la Academia de San Carlos donde ganó una pensión para especializarse en Europa, viviendo en Paris por varios años. A su regreso sucedió al escultor catalán Manuel Vilar como maestro de escultura y en 1868 fue nombrado Director de Escultura de la Academia, en sustitución de Felipe Sojo. Su obra se caracteriza por la búsqueda de la identidad nacional, también por una completa sustitución de los motivos religiosos en sus trabajos a cambio de recibir contratos con el gobierno, así como por haber sido maestro de la generación con que cierra el siglo XIX mexicano: Jesús Fructuoso Contreras, Gabriel Guerra y Enrique Guerra.
   Miguel Noreña, luego de viajar a París para profundizar sus estudios (1863-1868), regresó a México para ser nombrado Director de Escultura en la Academia de San Carlos, siendo su obra más conocida el Monumento a Cuauhtémoc, en Paseo de la Reforma. En 1877 se integra al proyecto de Porfirio Díaz para la realización de una serie de monumentos de carácter nacionalista, para ensalzar a los héroes de la Reforma y a las grandes figuras del mundo prehispánico. Destacan en este renglón el Monumento a Carlos Pacheco y el Monumento Hipsográfico a Enrrico Matrinz, el cual realizó en 6 meses durante el año de 1880 y 1881, por encargo de Vicente Riva Palacio.


II
   La figura de Enrrico Martinez merece cierta consideración. Nació en Hamburgo, en 1550 y murió en Cuautitlán del Valle en 1632, lugar de residencia elegido luego de la pavorosa inundación de la Ciudad de México en 1629. El barón Von Humboldt lo hacía alemán u holandés, con el nombre de Henrrich Mertins. La verdad es que, aunque nació en Hamburgo, descendía de familia mexicana y se educó en España, y aunque vivió en Alemania fue un ferviente católico que aprendió el oficio de impresor en España. Su conocimiento de la lenguas y su conocimiento de las leyes lo llevaron a la Nueva España. Fue protegido por el Virrey Luis de Velazco junto con Juan Ruiz de Alarcón. Llegó a México en 1589 con el título de Cosmógrafo del Rey, formando parte del Consejo de Indias, encargado de relatar los viajes, descubrimientos y choques armados entre las flotas y navíos, así como observar el movimiento de los astros y marcar la longitud y latitud de ciudades y montañas. A partir de 1599 fue también intérprete de la Santa Inquisición. En 1607 Luis de Velazco le encomienda los trabajos de desagua de la cuenca de México, que lo harían trascender en la historia moderna porfirista, como ingeniero y hombre de empresas. Se empezó a realizar desde esa temprana fecha el desecamiento de los lagos de Texcoco, Xochiclaco, Chalco, Xaltacan y Zumpango, más el lago de San Cristóbal, debido a los grandes desbordamientos lacustres que inundaban la Ciudad de México. Henrrich Martin llevó a cabo el asombroso, aunque ineficaz, procedimiento de excavar un canal para drenar los lagos entre 1607 y 1609. El canal no tardó en derrumbarse, entrando al ingeniero alemán en litigio con el nuevo Virrey García Guerra, azuzado por Felipe II. El siguiente Virrey, Diego Fernández de Córdoba, Marqués de Guadalcazar (1612-1621), resolvió contratar a otro ingeniero, Adrian Boot, flamenco, y junto con Henrrico Martínez y 100 hombres repararon los canales.





   El monumento labrado por Miguel Noreña, primero entre las calles de Seminario y Apartado, guarda su memoria, encontrándose a un costado de la Catedral Metropolitana, marcando el llamado “Kilometro Cero” de la ciudad de México, estando erigido sobre un pedestal diseñado como un basamento de chiluca por el arquitecto Francisco M. Jiménez.
   El Monumento Hipsográfico al General Heinrrich Martin (o Enrico Martínez), quien como repito llegó a la Nueva España en 1589 y se encargó hasta 1607 del desagüe y desecación de las lagunas del Valle de México, se encuentra montado sobre  un pedestal en mármol blanco á rematado por la figura en bronce de una mujer de rasgos clásicos coronada de laureles, símbolo de la Ciudad de México, y fue inaugurado en 1876 celebrando la construcción del Túnel de Nochistajo y de Texiquiac o desagüe de la ciudad–descansando ahora en la esquina suroeste de Catedral Metropolitana de la Ciudad de México.







   Destaca también el Monumento a Benito Juárez García de 1891, figura sedente que fue vaciada en bronce tomando como material los cañones arrebatados a los enemigos de la República, los que se fundieron para tal propósito, la cual se encuentra en el ala norte del  Patio Mariano de Palacio Nacional.
   En efecto, quince años después del deceso del Benemérito, en 1890 Porfirio Díaz organizó una serie de actos para recordar la figura del ilustre oaxaqueño: develó una placa conmemorativa en la habitación donde Juárez falleciera y, en encargó a Miguel Noreña la realización de una estatua cuyo bronce se obtuvo después de fundir piezas de artillería que el ejército conservador de Miguel Miramón utilizó en las Batallas de Silao y Calpulalpan, el 22 de diciembre de 1860, victoria que dio el triunfo a los liberales en la Guerra de Reforma, , así como balas disparadas por los franceses en el Sitio de Puebla en el sitio de 1863.[2]
. La multiforme figura la de Juárez, que sigue atormentándonos hasta la fecha en innúmeras estatuas y efigies de dudoso valor esparcidas por toda la nación -de no menos innúmeros rostros, tamaño, complexión y facciones-, sería una clave del complejo discurso nacionalista, tanto del viejo Porfirio Díaz como del posterior proyecto de estado-nación independiente. La apoteosis de la fiebre porfiriana por el juarismo se alcanzó en 1910 con la construcción del marmóreo  Monumento Hemiciclo a Juárez.[3]  Desde el 18 de julio de 1957 el Palacio nacional consagra uno de sus espacios al Recinto a Benito Juárez, donde en siete salas se encuentran en exhibición los objetos personales donados por sus descendientes y parte del acervo que conforma la colección.[4]










III
    Miguel Noreña se distinguió por abordar los temas de carácter histórico nacional, siendo su principal obra el Monumento a Cuauhtémoc del Paseo de la Reforma. Sobresale su friso “La prisión de Cuauhtémoc” de 1879. 





   En el año de 1877 se empezó a construir el Monumento a Cuauhtémoc, de Miguel Noroña, el cual no sería terminado sino diez años después, en 1887, inaugurándose el 21 de agosto de ese mismo año por el dictador Porfirio Díaz. La gran pieza de Cuauhtémoc, cuya sola cabeza, orgullosa y que mira hacia lo alto, mide más de medio metro de altura. La escultura en total tiene 4.9 3 metros de altura, con un peso de 4.2 toneladas  y fue fundida en los grandes talleres artísticos de Jesús Fructuoso Contreras. Miguel Noreña cultivó en esa pieza el estilo del neoindigenismo académico, promovido abiertamente por la facción liberal porfirista, tomando como modelo del héroe mexica a Ignacio Manuel Altamirano. El Cuauhtémoc de Noreña porta una túnica estilo romano, lo cual delata el intento de introducir nuestra cultura en la historia universal, asimilando las formas clásicas. 






   El costo de la obra fue de 37 mil 863 pesos, aunque se tuvieron que pagar 3 mil pesos más en razón de los ocho leopardos de bronce adornados con penachos y joyas de Epitacio Calvo, con claras evocaciones egipcias de Esfinges faraónicas. El basamento tiene dos altorrelieves: uno de Miguel Noreña que recrea el primer Encuentro de Cuauhtémoc y Cortés; el segundo de Gabriel Guerra, que describe gráficamente el Tormento de Cuauhtémoc y Tizoc ante las brasas.[5]   












   La obra fue colocada en la segunda glorieta del Paseo de la Reforma, luego del Monumento a Colón, cerca de Avenida Insurgentes, prosiguiendo la serie de esculturas que irían adornando las glorietas del Paseo de la Reforma, añadiéndose así a la Glorieta de “El Caballito”, una serie de esculturas, a las que seguiría la Monumento o Columna de la Independencia, y posteriormente en la ampliación del Paseo, el Monumento a la Raza y el Monumento a Cuitláhuac, etc.[6] 



   La obra fue fundida en el Taller de Arte, del controvertido artista hidrocálido Jesús fructuoso Contreras, quein puso su fundición con un jugoso préstamo aportado por Porfirio Diaz, debido a ls estupendas relaciones matrimoniales del artista quien se había ligado a la encumbrada familia Elizondo por ese medio.  




   Por otra parte, cabe mencionar que hay una reproducción en bronce de la escultura a Cuautémoc en Brasil. La reproducción se encuentra en medio de una plaza ruinosa y descuidada, rodeada de inmensos rascacielos proletarizados, en algún lugar de Río de Janeiro.













"Torso con Penacho" de Miguel Noreña
Sala-Biblioteca de la casa de Juan Antonio Azumendi Zamora 
III
   El MUNAL atesora en su colección su obra escultórica La Lección (Sátiro y el Amor). Compleja obra, y perturbadora, en la que el acompañante de Pan y de Dionisio abraza malicioso al el Amor (Eros o Cupido),  llevando la boca a su oído para mal aconsejarlo, pues la naturaleza subversiva del lesivo romano lo impele a romper con el orden y el decoro, intentando incluso corromper de ser posible al mismo dios de las dulces flechas. Imagen crítica de su tiempo, que presenta la contrapartida moderna y pesimista de nuestra era, específicamente al intentar obtener el amor por medios venales. Espíritu contrastante con el piadoso optimismo del barroco que suponía la imagen de El Eros divino derrotando al Eros terrenal, por Giovanni Baglione, 1602.[7]
   La pintura más conocida de Baglione, también llamada Amor Sagrado y Amor Profano, donde Putti desnudo en compañía de un enrojecido sátiro se prepara para recibir el castigo del ángel bienhechor, fue una respuesta directa a la obra de Michelangelo Merisi da Caravaggio, llamada Amor Vincit Omnia (1601-1602), donde en cambio se muestra a una Eros ambiguo y envilecido, cuyas negras alas lo delatan como ave de mal agüero. Conflicto entre el querubín Putty y el dios Eros, o entre el eros terrestre y el celeste, en una palabra, tema que el maestro mexicano Noreña recrea con gran originalidad y contención clásica, dialogando con la tradición, bajo la forma de un angelical pero pervertido sileno y el pequeño un niño alado. 


   Hay que agregar la íntima relación que guarda la obra del escultor mexicano con otra de su discípulo Gabriel Guerra llamada La Lección o La Ninfa y el Amor, donde con otras formas se repite la misma escena de la venalización del amor o su corrupción por las malas artes de los caprichos de la concupiscencia.
   Esta escultura, vaciada al bronce, se encuentra reproducida ahora en el Paseo de las Esculturas de Álvaro Obregón.







 IV
 Otras esculturas de Miguel Noreña son: Fray Bartolomé de las Casas convirtiendo a una familia azteca, en yeso, de 1865. Hay en el MUNAL un óleo muy interesante de Félix Parra de 1875 con el mismo tema.







    La Escultura sedente de Benito Juárez, la cual se fundió con los cañones de guerra del general Manuel Miramón y fue inaugurada en 1891. Otra más es el Monumento a Vicente Guerrero, el último jefe insurgente, que se encuentra en el atrio del Templo de San Fernando y que data de 1867. 


   Es también obra de Noreña el Monumento a Miguel Hidalgo y Costilla, realizada en colaboración con su discípulo Eduardo Concha. Se localiza en la Plaza Principal de la Ciudad de Hidalgo, el cual fue encargado a instancias de Benito Juárez el 6 de junio de 1863, aunque dadas las vicisitudes bélicas de la nación no fue inaugurado sino hasta el 16 de septiembre de 1891 por el gobernador José Bibriesca Saavedra.




   Miguel Noreña murió en la Ciudad de México en 1894, a los 51 años de edad. Por último, puede agregarse que una de las calles de la Colonia San José Insurgentes lleva el nombre de Miguel Noreña. 




V
   El Paseo de la Reforma se creó por iniciativa del II Emperador de México, Maximiliano de Habsburgo, quien convocó en 1864 a una Comisión de Planeación, conformada por: Carl Gongolf, el arquitecto Ramón Rodríguez Arengoiti y por tres maestros de la Academia de San Carlos: Miguel Noreña, Santiago Rebull y Felipe Sojo –dejando éste último un busto del emperador “Maximiliano de Habsburgo”.
   El encargado de realizar la obra fue el ingeniero de minas Luis Bolland Kahmackl, quien se inspiró en la magnificencia del Paseo de los Campos Elíseos de París, Francia, el cual se llamaría inicialmente el Paseo de la Emperatriz., en honor a la emperatriz Carlota Amalia. La idea, así, era crear una espectacular avenida, digna del II Imperio Mexicano, con fuentes, glorietas, esculturas y arboledas, que condujeran de la Glorieta a Carlos IV al Castillo de Chapultepec.
   El camino recto del Palacio Nacional a la Glorieta del Caballito por la Calzada del Calvario (hoy Avenida Juárez), de 1.7 kilómetros de longitud, originalmente seguí su paso por el bello Paseo de Bucareli o Paseo Nuevo, de 1 kilometro de longitud, hasta llegar a la Garita de Belén del Acueducto de Chapultepec, que si por un extremo alcanzaba la Fuente Salto de Agua, por el otro llegaba hasta el cerro del Grillo, luego de 2.5 kilómetros de recorrido y, subiendo 750 metros, hasta  el Castillo de Chapultepec, elegido por Maximiliano de Habsburgo como la residencia de la nueva monarquía. El plan del monarca consistía así en trazar una línea recta, que pasaba por haciendas ganaderas y sembrados de maíz, para ir derecho de la Glorieta de El Caballito al Castillo de Chapultepec, en un recorrido de 3.5 kilómetros, constituyéndose en ella un hermoso paseo con dos vías monumentales paralelas de 9 metros de ancho y dos camellones laterales de 9 metros cada uno con una doble fila de árboles y jardines en toda su extensión. En medio del trayecto se planeó construir una glorieta, que es la Glorieta de la Palma de 120 metros de diámetro (en la calle de Niza) –donde originalmente iría el Monumento a Colón. El proyecto fue aprobado por el Ministro de Fomento, Industria y Comercio Luis Robles Pezuela, y llevado a cabo en sus primeros pasos por los hermanos constructores Juan Ramón Agea. Los trabajos se realizaron con celeridad entre 1864 y 1865, siendo inaugurada la primera fase del proyecto, aún no urbanizada, en 1866 como Paseo de la Emperatriz, La obra tuvo que ser interrumpida por la caída del II Imperio Mexicano y el asesinado te Maximiliano de Habsburgo por las fuerzas dirigidas por Benito Juárez, quien se negó a darle el indulto.
   En 1872 se retomó el proyecto bajo la presidencia de Sebastián Lerdo de Tejada (1872-1876), siendo Ministro de Fomento Francisco P. Herrera, abriéndose al público con el nombre de Paseo Degollado, intercalándose 4 glorietas más, de 110 metros de diámetro cada una. Bajo el primer periodo presidencial de Porfirio Díaz (1877-1880), se inaugura el Monumento a Cristóbal Colón (1877). Destacaron también las grandes bancas de  altos respaldos rematadas con jarrones tallados en cantera gris oscuro, diseñadas por los maestros de la Academia de San Carlos Miguel Noreña y Santiago Rebull, en estilo neoclásico, junto con los pedestales igualmente labrados en cantera, donde se pretendía colocar una, luego de una serie de jarrones de bronce, figuras mitológicas alternadas, siguiendo el proyecto inicial. Francisco Sosa se opuso desde su tribuna periodística y se sustituyeron a los dioses griegos por los nuevos héroes de la reforma, cambiando la majestuosa avenida su nombre al de Paseo de la Reforma.


 VI
  En cuanto al Monumento a Cristóbal Colón, a manera de corolario de ese pequeño excurso, sólo resta señalar que fue el primero de los monumentos colocados en el Paseo de la Reforma, por iniciativa del emperador Maximiliano I de México, quien encargó el proyecto a Manuel Vilar. A la caída del segundo Imperio Mexicano, al no concretarse el proyecto del artista catalán, el empresario Antonio Escandón lo retomó, sirviéndose de los bocetos hechos por Vilar, cambiando la idea original de rodear al genovés con la alegoría de los mares que rodean a México por las efigies de cuatro religiosos y evangelizadores del Nuevo Mundo: Fray Pedro de Gante, Fray Bartolomé de las Casas, Fray Juan Pérez de Marchena y Fray Diego de Deza.  En un principio encargo la obra al arquitecto Ramón Rodríguez Arangoiti, pero en un viaje a París le pareció mejor dar el conjunto estatuario al escultor francés Charles Cordier, llegando las cinco efigies a Veracruz en 1875 y colocándose en el sitio elegido por Maximiliano en 1877, en la glorieta de Paseo de la reforma y Avenida Madero. Hay que añadir que la escultura de Cristóbal Colón proyectada por Manuel Vilar se realizó finalmente, que es la que se encuentra en el Monumento a Cristóbal Colón en Buenavista.































VI
   Junto con los escultores neoclásicos de aquella época sobresalieron en el México decimonónico los grandes litógrafos de ese tiempo, los cuales estando interesados en la nueva grandeza de la nación no dejaron de reproducir las grandes imágenes propuestas por la Escuela Nazarena de Vilar y Clavé, así como algunas de las deslumbrantes esculturas marmóreas que se estaban realizando por aquellos años en la Academia de San Carlos, y de cuyas estampas dejamos aquí apenas un pequeño esbozo.   





































[1]   Eugenio Landesio llega a la Academia de San Carlos por recomendación de Pelegrín Clavé y como un primer intento por reformar la Academia y el arte mexicano durante el México Independiente.  Landesio escribió algunos tratados y clases para sus alumnos como La Pintura general o de paisaje en la Academia Nacional de San Carlos y Cimientos del Artista, los cuales tenían por objeto marcar el método para sus progresos. En estos escritos podemos encontrar algunos de los artilugios visuales que Velasco adquirió para la composición de sus paisajes. Entre las instrucciones del maestro vemos que comienza señalando que lo indispensable es el genio y la disciplina, aunados a una gran capacidad de observación. También solicita la formación en las ciencias. En tercera instancia pide que practiquen la perspectiva y la figura humana, que dibujen incansablemente grupos de hojas, que pasen luego a los troncos, terrenos, montes y edificios. Ya que fueran capaces de reproducir lo anterior, entonces podrían captar los motivos de las nubes, para así bajar la mirada y volver a los follajes, ahora más complicados. Es decir que su método era unir la mano con el ojo, que cargasen consigo siempre una pequeña libreta en la cual tomarían apuntes de los que luego se servirían como un repertorio de la mecánica de la naturaleza para la ingeniería del cuadro. Podemos concluir que, en general, la lección se resume en su consejo a Velasco: «El ignorante debe errar, y el sabio puede equivocarse».
[2] En 1861, después del triunfo liberal de la Guerra de Reforma, Juárez instaló su gobierno en la capital de la República. Actuando contra la costumbre arraigada desde la época colonial, se negó a habitar la esquina suroeste de Palacio Nacional y mandó hacer algunas adecuaciones en el ala norte, donde planeaba establecerse con su familia. No obstante, la caída de Puebla en manos de las tropas invasoras francesas y el inminente establecimiento del Imperio obligaron al presidente Juárez a abandonar la Ciudad de México. Para volver hubo que esperar hasta 1867, año en que resultó reelecto como presidente constitucional y se concretó el triunfo republicano. En tiempos de Maximiliano, el espacio que ocupaba su casa había servido de habitación al intendente del palacio imperial. La familia Juárez-Maza al fin reunida, vivió en aquel lugar los momentos de mayor intimidad doméstica, disfrutando por fin de la paz que Juárez había logrado para toda la nación. La muerte de Margarita Maza de Juárez el 2 de enero de 1871 ensombreció aquel ambiente e hizo que la entereza del presidente decayera. Un año y medio después, el 18 de julio de 1872, Benito Juárez fallecía en la que había sido su habitación conyugal, en la casa de su familia que se convertiría, años después, en el recinto de homenaje a su memoria. Después de la desaparición del presidente, los Juárez-Maza abandonaron el Palacio Nacional para ir a vivir a la calle de Tiburcio 18 (hoy segunda de Uruguay) bajo la protección de Pedro Santacilia, esposo de Manuela, hija mayor del Benemérito.
[3]Después de morir Juárez el Congreso de la Unión aprobó un gasto de 10,000 para un monumento para el y su esposa Margarita en el panteón de San Fernando, el nuevo presidente Lerdo de Tejada lo debería tener listo el 12 de Julio de 1874 para conmemorar el segundo año de su muerte, sien embargo no se pudieron  poner de acuerdo en la forma del monumento. Y así no fue sino hasta  que en 1876 Porfirio Díaz, arrebatando la presidencia a Lerdo de Tejada, inicia sus mandatos de gobierno y en el año de 1880 se encargo de financiar y supervisar el monumento que existe en el panteón de San Fernando, que resultó muy bello, colocado al centro del un minúsculo panteón lateral junto al templo de ese nombre, que se encuentra en la Colonia Guerrero. El mismo Porfirio Díaz promovió en 1887 que la Avenida de Corpus Cristi cambiara su nombre por Av Juárez, para conmemorar los 15 años de la muerte del prócer liberal, el día 18 de Julio.
[4] Las salas del Recinto de Homenaje a don Benito Juárez son siete: Sala 1 Muestra a Juárez como gobernante y político liberal. Exhibe objetos que denotan su investidura como gobernante. Destacan la banda presidencial y algunos bienes como un bastón de mando elaborado en caña de la India y una pequeña charola de plata. Se muestran también medallas y condecoraciones que le fueran otorgadas en vida. Sala 2 Es el Área de Exposiciones Temporales. Está presidida por un busto de don Benito Juárez y una leyenda en bronce que dice: "Todo lo que México no haga por sí mismo para ser libre, no debe esperar ni conviene que espere, que otros individuos u otras naciones hagan por él". Sala   Dedicada a las Leyes de Reforma y a resaltar la importancia de las diferentes luchas emancipadoras del siglo XIX mexicano. Sala 4 Perfil de un Hombre. Confirma la sobriedad en el vestir y la sencillez en la vida diaria de don Benito Juárez. En esta sala se muestran objetos donados por sus descendientes entre los que destacan relojes, prendas de vestir, arreos masónicos y las medallas que recibió como miembro del Rito Nacional Mexicano. Sala 5 Conocida como Vida Republicana, nos relata cómo la familia Juárez-Maza, a pesar de residir en Palacio Nacional, vivió de acuerdo a los cánones de austeridad que dictaron don Benito y su esposa. Los bienes que se muestran en esta sala dan cuenta de las costumbres de la época; destacan los objetos relacionados con la manera de comer y servir los alimentos y las piezas del servicio de comedor utilizadas por la familia presidencial. Sala 6 Le corresponde el Ambiente Familiar. La figura de Margarita Maza de Juárez es el eje de este espacio. El ambiente cotidiano se recrea a través de la exhibición de algunos de sus objetos personales, labores de costura y una colección de fotografías familiares. Durante el siglo XIX era común la reunión de familias y amigos en los salones de las casas de clase media. Las crónicas de la época nos relatan el gusto por la tertulia. En la ambientación del Salón Familiar se recrea un espacio con el menage característico de la época. Preside un retrato al óleo de doña Margarita Maza, atribuido a José Escudero y Espronceda. La Recámara es el espacio culminante del recinto, por ser el lugar en donde falleció don Benito Juárez. Su cama de latón, coronada con el águila republicana, confirma que su vida estuvo acorde con sus principios. En este espacio destaca el costurero de madera tallada, obsequio del artesano Manuel Lizeaga a doña Margarita Maza en 1867. Dicen sus biógrafos que Benito Juárez acostumbraba pasar largas jornadas en su despacho, donde se entregaba con gran disciplina a labores intelectuales. Aquí se exhiben ejemplos del mobiliario testigo de las grandes transformaciones del Estado. Sala 7 Es la Patria a Juárez. A la muerte de Juárez, su figura se convirtió en un símbolo y su imagen pasó a formar parte de la iconografía popular. Los gobiernos lo convirtieron en héroe y el pueblo en mito. En este lugar se exhiben algunas de las condecoraciones y objetos realizados en homenaje póstumo a Benito Juárez. El salón de Homenajes presidido por un busto en bronce de don Benito Juárez, circundado por los escudos de cada uno de los estados de la Federación y el Escudo Nacional, está dedicado a rendir homenaje permanente al Benemérito de las Américas.
[5] En los cuatro nichos del segundo cuerpo del pedestal destacan las esculturas de las armas de los principales cuerpos militares mexicas (águila y jaguar), como representaciones de las armas de sus ejércitos (macuilli, macana y chimalli, escudo) así como la representación escultórica del escudo de armas de México-Tenochtitlan. Un friso con armaduras acolchadas y escudos remata el cuerpo y  debajo, en placas de mármol, se encuentran inscritos en bronce en las cuatro caras los nombres de Cuitláhuac (oriente), Cacama (norte), Tetlepanquetzal (poniente) y Coanacoch (sur), quienes participaron como últimos jefes militares en la Conquista de México.
[6] La monumental escultura fue movida de lugar por instancia del arquitecto MarioPani, colocada al centro de lo que pensó un gran centro financiero y comercial de 12 edificios concéntricos, de los cuales sólo se edificó el Hotel Plaza, afectado en el sismo de 1985. La estatua volvió a su lugar original en el año de 2004, estando ahora en el parque Jesús Reyes Heroles. 
[7] Giovanni Baglione (1566 - 30 Diciembre 1643) fue un italiano manierista tardío y temprano barroco pintor e historiador del arte. Más recordado por su participación áspera y perjudicial con el artista, un poco más joven que él, Caravaggio. Nació y murió en Roma. Pasó de 1621 a1622 en Mantua como el artista de la corte del duque Ferdinando Gonzaga, donde la exposición a la fabulosa colección de pinturas venecianas Gonzaga influyó en su estilo. Tuvo una exitosa carrera, recibiendo un caballero Papal en la Suprema Orden de Cristo (la más alta de las órdenes papales) en 1606, y su larga relación en  Roma con la Academia di San Luca, ya que  sus biografías revelan "un artista obsesionado con el estado". Publicó dos libros, Las nueve iglesias de Roma ( Le nove chiese di Roma 1639), y La vida de los pintores, escultores, arquitectos y grabadores, activos 1572-1642 (Le Vite de 'Pittori, scultori, architetti, ed Intagliatori dal Pontificato di Gregorio XII del 1572. fino a 'tempi de Papa Urbano VIII. nel 1642 , 1642). Sus biografías cubren más de doscientos artistas en diversos medios de comunicación, todos los cuales habían trabajado en Roma y estaban muertos en el momento en que publicó su obra.













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