domingo, 3 de mayo de 2015

La Pobreza o Cae la Tarde en la Ciudad Añosa Por Alberto Espinosa Orozco

 La Pobreza
Cae la tarde en la Ciudad Añosa 
Por Alberto Espinosa Orozco
  

Cae la tarde en la ciudad añosa;
El día es de un aire limpio en el azul sereno
Mientras los copos blancos que bogan por el cielo
No alcanzan a lavar abajo el mundo gris
Que se asoma apenas entre las calles yertas
Cuyas sombras van inundando las aceras.

La avaricia que al dios del metal rinde su culto
Dicta el hambre de poseer que no se sacia
Sino en acumular más y más cifras abstractas
Para colmar los caprichos frustrados del deseo
Y luego, entre el cieno, amurallarse en la mezquina 
Forma a la que todo se somete o lo doblega.

Inconmovible el corazón petrificado arroja al aire
Sus migajas, luego de haberlas entre el fango pisoteado;
El corazón perpetra así el rito que lo llama para luego
Ser envuelto entre las llamas y consumirse entero
En el frío vacío de la nada, donde nada hay que hacer, nada,
Donde no hay nada: pasos desiertos al borde de una palma.

Reventando los botones a la mitad del pecho henchido
El corazón se engolfa en las aguas del estanque que corren
Al abismo, esclavizado por el hambre, dominado en el laberinto
Inacabable del instinto, que solo se abre a la lascivia de la sangre
Mancillada, para beber de la mesopotámica copa del horror,
Narcótica y viscosa, anacrónicamente, como antes del bautismo.










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