domingo, 16 de noviembre de 2014

Sic Itur ad Astra Por Guillermo Tovar y de Teresa

Sic Itur ad Astra
Por Guillermo Tovar y de Teresa




   La fuente en el Palacio Nacional de México está coronada por la escultura de Pegaso, el caballo alado. Según Higinio, Appolodorus, Estrabón, Antonio Liberal y Ovidio, entre otros, el mito de Pegaso - en resumen - se asocia con tres historias: la batalla entre Perseo y Medusa, entre Belerofonte y la Quimera y una fuente - la raíz de Pegasus significa fuente - que surgió del monte Parnaso, donde vivían las Musas, y las aguas que tenían la virtud de hacer que los hombres que bebían de ellas supieran.
   La batalla entre Perseo y la Medusa simboliza la liberación de la imaginación creativa. Medusa es un monstruo cuya mirada petrifica; es insoportable, ya que representa el enemigo interno, la mentira esencial, protegida por la vanidad, que sirve para rechazar la culpa, y que lleva a un callejón sin salida: la culpa es reprimida en vano, lo que conduce a una petrificación interior. Perseo pide a los dioses para evitar este peligro: Atenea, diosa de combate espiritual, le proporciona un escudo crudo -signo de la razón - que le permitirá ver el monstruo indirectamente; Vulcano le da una guadaña para decapitarla, y Mercurio, el de los pies alados, el espíritu y la ligereza para llevar a cabo la batalla. Armado con estos elementos divinos, y guiado por el espejo, Perseo lleva a cabo la tarea lúcida y logra su fin: decapitar Medusa, cuya cabeza sangra impregnando la tierra de la que brota el caballo alado. Para muchos estudiosos neo-platónicos de los siglos XVI y XVII, intérpretes de signos, Pegaso es el emblema de la imaginación.
   En el caso de Belerofonte, que ha sido calumniado, combate a la Quimera. Este monstruo escupe fuego por la boca es derrotado por Belerofonte gracias a los sabios consejos de Poliido, quien le dice que es posible, montado en el corcel de la magia, introducir en la boca del monstruo un pedazo de plomo, derretido por el aliento de fuego, y que quemará sus entrañas. Belerofonte, con la ayuda de la imaginación, la derrota: es la mentira.
   Sabemos, gracias a las crónicas de Sariñana, que en 1666, la fuente del caballo alado ya existía. Sin embargo, era necesario especificar la fecha de su colocación; 1625, una fecha en relación con los años del primer siglo de la conquista (1621) y la famosa sublevación de 1624, provocada por una disputa entre el arzobispo Pérez de la Serna y el virrey Marqués de Gelves. Este último llegó a México en 1621, enviado por Felipe IV y el Conde Duque de Olivares a aplicar una serie de reformas en un momento muy delicado; los nuevos españoles eran partidarios del arzobispo, el promotor del culto a la Virgen de Guadalupe, y proclamaron  a los cuatro vientos sus sentimientos religiosos de grandeza mexicana. No podían soportar al virrey, ni la parte española, y hubo un levantamiento ocurrido en la plaza principal, con un intento de quemar y destruir el Palacio Nacional. Humillado, el virrey tuvo que regresar a la Metrópoli. La audiencia comenzó la reconstrucción del edificio y fue durante esos años que la fuente con el caballo alado fue construida.
¿Cuál es el significado de un Pegasus en frente del Palacio Nacional? Recordemos que el siglo XVII fue una época de simbolismo y alusiones veladas, con frecuencia asociada con el neoplatonismo que, como Octavio Paz señala, contiene tres elementos: por ejemplo, en aquellos años, que se asoció con las estrellas, que tenían que ver con los diferentes temperamentos. Gracias al científico alemán, Enrico Martínez, diseñador del sistema de drenaje del Valle de México, se descubrió que la constelación gobernante la zona tórrida, Nueva España y la Ciudad de México es la constelación de Pegaso, de acuerdo con el tratado II, capítulo III de su Repertorio de los Tiempos (1606). Esta es la referencia del símbolo en términos de las estrellas. En términos temporales, el mito de Pegaso, según Perea y Quintanilla y Diego de Ribera, se relaciona con una alegoría de la conquista de México; en 1673, Perseo se cree que representa la monarquía católica universal, Hernán Cortés y los conquistadores, que lucharon idolatría - Medusa sería una especie de Coatlicue - que es decapitado. Su sangre impregna la tierra y Pegaso nace, símbolo de la Nueva España.  

   Carlos de Sigüenza y Góngora utiliza Pegaso como un símbolo en casi todos sus libros, acompañado de un lema latino: Sic Itur ad Astra: "Así se va a las estrellas", un texto que proviene de la Eneida de Virgilio, la gran epopeya vinculada por el sabio literato a las cosas de América. Sigüenza explica la razón de utilizar este símbolo en el final del siglo XVII: "El país es, pues, algo saludable, su nombre es suave y nadie se preocupa, no porque es grande e ilustre, sino porque es el País. Y yo creo que tienen razón para hacerlo, pues más que cualquier otro, han emprendido la tarea de elegir el dispositivo o jeroglífico (el símbolo, el emblema). Con el fin de publicar mis trabajos humildes puse mi mente en Pegaso, cuya disposición y epígrafe son bien conocidos, para representar al hombre que declara que su alma se volvió hacia lo sublime en beneficio del país ", y añade:"El hermoso amor de la virtud no se debe buscar en los modelos extranjeros; la alabanza doméstica renueva los espíritus, y es mucho mejor los que saben de los triunfos en casa ", que expresa los sentimientos de la Nueva España en ese momento. Y los nuevos españoles, orgullosos de lo que era suyo, trataron de ser diferentes - no imitar otros modelos - y con el fin de hacerlo, tenían que imaginarse a sí mismos, lo que produce ese maravilloso barroco flotante, que fue la expresión artística de la sensación mexicana de grandeza. Nueva España quería montar a Pegaso e intentar la gloria: Sic Itur ad Astra: "Así se va a las estrellas", con la imaginación y el amor a la patria.



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