lunes, 6 de octubre de 2014

Breve Apunte sobre Fermín Revueltas Sánchez Por Alberto Espinosa Orozco

Breve Apunte sobre Fermín Revueltas Sánchez
Por Alberto Espinosa Orozco






I
   Fermín Revueltas nació en la población de Santiago Papasquiaro, Durango., el día 7 de julio de 1901. Inicio su educación primaria elemental en la población natal y la continuó en compañía de José en el Colegio Alemán de la ciudad de México y otras instituciones educativas de Estados Unidos. Desde pequeño manifestó aptitudes notables para la expresión gráfica. Dice uno de sus biógrafos que “huía de la escuela, para ir en compañía de un viejo dibujante, a caricaturizar a los notables de Santiago Papasquiaro, lo que le acarreaba reprimendas de su padre”.  El trabajo de José Revueltas Gutierrez propiciaba el nomadismo de la familia, razón esta que hizo que Fermín viviera parte de su infancia en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, donde recibió clases del pintor Benigno Barraza.
   De 1913 a 1919 estuvo en la ciudad de Chicago, E.U, recibiendo clases de pintura en el Instituto de Arte de aquella ciudad. Regresó a su patria siendo aún adolescente cuando tenía 17 años de edad, lleno de inquietudes revolucionarias, sociales y artísticas ya que en su condición de pintor tenía que adentrarse profundamente en las condiciones de vida del pueblo para quien produciría sus mejores obras. Llegó en el preciso momento en el que el Movimiento Muralista Mexicano estaba en plena efervescencia, al que pronto se incorporó, pintando al lado de los grandes artistas de su tiempo, como Diego Rivera, Jean Charlot y Ramón Alva de la Canal, participando en la confección de los murales de la Escuela Nacional Preparatoria -ya que José Clemente Orozco, paradójicamente, se incorporaría más tarde. 
    Fermín Revueltas, al terminar su mural en la Preparatoria de San Ildefonso se concentró, en el año de 1924, en dos encomiendas, que apenas dejaron escuetas referencias documentales por su destrucción: la decoración de la Escuela de Ferrocarriles, en Buenavista, una serie de formas primigenias de raigambre indígena y estilo abstracto, y el mural para la compañía El Águila, en las oficinas de Avenida Juárez 94, en la que se representaba a la Avenida Juárez entre cláxones, águilas, mujeres de pelo corto y un avión que venía de Tampico. 
    Merecen especial mención los murales que pintó en la residencia del General Lázaro Cárdenas del Río y de las de los médicos Vargas Lugo y Martín. Presentó una exposición patrocinada por Instituto de Bellas Artes, donde destacó el cuadro “La Indianilla” que fue adquirido por el mismo Instituto y elogiado por los críticos de arte. Participó en las exposiciones de Pintores de América que se efectuó en París, donde fue premiado el óleo “Casa de mi Tío”.
   Ejerció la docencia como maestro de pintura en las Misiones Culturales, instituciones educativas móviles que por esos años ejercieron gran influencia en el cambio social de México. Siendo maestro misionera, conoció a la profesora Ignacia Estrada, maestra de escuela con la que contrajo matrimonio en 1921. Intuyó con agudeza y serenidad que su vida sería corta, circunstancia que lo obligó a producir obra aceleradamente.
   En 1923 fundó con imaginación su propia Escuela al Aire Libre de Milpa Alta, en el ventisquero de Echecatl, donde impartió clases de pintura a jóvenes, señoritas y niños. Su inquietud y angustia de hacer mucho en corto tiempo lo llevó a recorrer la República de extremo a extremo, dejar en sus pinturas la huella de su paso por los lugares que visitó. En su vertiginosa trayectoria dejó impresa una visión ideal de México. Realizó murales en la Sala de Conferencias Agrícolas de Cuernavaca, Morelos, y en la Biblioteca de la Casa Eréndida, de Pátzcuaro, dejando también grandes cuadros relativos a la vida de Morelos, en el Palacio de Gobierno de Morelia, Michoacán. Colaboró en la restauración de las pinturas de la Catedral de Villahermosa, Tabasco, y en la construcción y decoración del Teatro al Aire Libre de Calquini y Macuspana. Realizó murales para la Casa del Pueblo en Hermosillo, Sonora e  hizo los vitrales del Centro Escolar Revolución, que se encuentra en la esquina de la avenida Arcos de Belén y Niños Héroes, en la ciudad de México. También son suyos 3 vitrales realizados para el Centro Escolar Revolución de Ciudad Juárez, Chihuahua, así como los vitrales del Hospital de los Ferrocarriles de la capital de la república, en donde además pintó los murales del periódico “El Nacional”. También realizó una obra conjunta con el escultor Ignacio Asúnsolo en el Monumento al Héroe de Nacozari, en Sonora y un proyecto, que la muerte le impidió terminar, para  el Monumento a Álvaro Obregón en la ciudad de México. Su último trabajo lo realizó para el Banco Nacional Hipotecario.
    Revueltas fue maestro del color que logró el equilibrio con la forma sin caer en el impresionismo en ninguno de los dos términos. Su pintura tuvo expresión natural, armonía y proporción que agrada a primera vista. El precursor durangueño de la pintura mural de México falleció a la temprana edad de 34 años, en los albores de su carrera, cuando apenas empezaba lo mejor parte de su producción, el día 9 de septiembre de 1935, en la ciudad de México, D.F.


II
   Su primer mural, realizado en la Escuela Nacional Preparatoria de San Ildefonso, es una interperpretación  de la Virgen de Guadalupe, de tono revolucionario y mexicanista, que toma como tema un motivo religioso profundamente vinculado con nuestra nacionalidad.  El día de hoy llama la atención que, buscando un carácter que identificara a la nación y uniera la conciencia popular, se adentrara en un tema religioso. aunque en realidad practicamente todos los pintores que iniciaron el movimiento terminaron  derivando sus temas y asuntos de la iconografía tradicional cristiana: vírgenes, mártires, entierros, redentores, el Pantocrator, hasta culminar todo ello con la mismísima Virgen de Guadalupe realizada por Revueltas.
  Los primeros en pintar frescos en la llamada “Escuela Grande” de San Ildefonso fueron Jean Charlot y Amado de la Cueva, teniendo como tema las fiestas mexicanas y la caída de Tenochtitlan. El muro de Jean Charlot (1898-1979) “La caída de Tenochtitlán” (también conocido como “Masacre en el Templo Mayor”), se inspiró en la Batalla de San Román de Paolo Ucello y en el que aparecen como testigos de la Conquista Fernando Leal, Diego Rivera y el mismo Jean Charlot, en una muy afortunada visión. Posteriormente fueron obteniendo muros para su decoración Emilio García Cahero, Fernando Leal y Fermín Revueltas. Entre 1922 y 1923 Fernando Leal (1901-1964) representó “La Fiesta del Santo Señor de Chalma” y  Ramón Alva de la Canal (1892-1985) “La Primera Cruz de México”, junto con “El Desembarco de los Españoles”, donde pintó el arribo de los conquistadores a nuestras costas, tablero también conocido como “El Desembarco de la Cruz”, y finalmente la decoración de Fermín Revueltas “La Alegoría a la Virgen de Guadalupe”. 











   Conciencia de una falta, de una carencia, pues, que como una llaga dejaba ver la carne viva, tallada y abierta por nosotros mismos, y que al ser llenada por la imagen divina se convertía también un bálsamo y un fuego para cauterizar y sanar las heridas. Esteticismo místico cristiano de extraño cuño crítico, que a la vez que hacia un retrato y diagnóstico de la enfermedad que nos roía por fuera y despedazaba por dentro aportaba la medicina para poder elevarnos a una cultura superior, dando a la vez a la vista el descanso redentor de la esperanza.





     Clemente Orozco había regresado de los Estados Unidos a fines de 1919 luego de dos años de ausencia, pero al no encontrar la situación propicia para su desarrollo en México volovió a San Francisco, para establecerse luego en Nueva York. A su regreso pintó grandiosos frescos en la planta baja del patio grande de la Escuela Nacional Preparatoria, en sus escaleras y en el primer piso, de de 1923 a 1924. Se trata de una serie de frescos cuyas imágenes simbólicas están organizadas en el cuerpo de una alegoría. En el primer nivel los tableros Maternidad, Cortes y La Malinche y La Trinidad, éste último un fresco a La gloria de San Francisco; en la parte media un San Cristóbal, un Cristo y un Ángel; y en el último nivel de la Escuela La Trinchera, La destrucción del viejo orden, y el Padre Eterno.
    A Ramón Alva de la Canal y a Fermín Revueltas se les otorgó el vestíbulo de entrada a la Preparatoria, el cual es estrecho y tiene por tanto una perspectiva fugada, teniendo los pintores que valerse de juegos ópticos para evitar la distorsión de los trazos, para mantener a los personas dentro de la obra y que no cayeran sobre el espectador. La “Alegoría a la Virgen de Guadalupe” de Revueltas es irrefragablemente una obra de carácter religioso, cuyas figuras tradicionales, sin embargo, dan lugar a una representación nacionalista de motivos y personajes mexicanos, aunque influenciados en parte por la estética formal y parisina de Rivera.
   Revueltas debió sentirse interiormente repelido por el Olimpo personal diseñado por Rivera en los muros del Anfiteatro Bolívar, del cual se derivaba por rigurosa consecuencia de la lógica estética una especie de religión pagana, montada sobre un clasicismo nacionalista, cuyas figuras cristianas (las tres virtudes teologales) se insertaban a la manera de un mero código simbolista, de un juego formal que se presentaba como un especie de acertijo, consecuencia más que nada de la inercia decadente  de la tradición metafísica, asumida sin fe viva, todo lo cual daba al su mural un tono más bien humorístico y poco serio. Fue entonces que Revueltas reaccionó adoptando el código estilístico de Rivera, pero a la vez buscando las corrientes fontales y vivas de la tradición, para ponerlas verdaderamente al día mediante la renovación práctia de fe metafísica –intento que, estaría presente también en las obras de José Clemente Orozco, de Jean Charlot y, un poco más lejos, de Ángel Zárraga.








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