viernes, 26 de septiembre de 2014

Horizonte Por Alberto Espinosa Orozco

Horizonte
Por Alberto Espinosa Orozco


La corrupción que rueda a nuestros pies trayendo
obstinados fragmentos coloridos de maravillas obsoletas
que pertinazmente un tiempo hollado vuelve nada;
el airado rugir del mar, que en densos torbellinos

mezcla en el caleidoscopio de la arena vida y muerte;
el polvo de la montaña erosionada que se filtra debajo
de las puertas, rodando sobre un fondo de hojas secas;
la reseca costra de la noche con su vagaroso manto roji-negro

donde anida insidioso el grosero ulular del terco olvido;
nada de ello habrá de oscurecer los claros tesoros de la costa,
la luz de la bahía transparente y sus riberas, donde las conchas
del recuerdo tornasolan al sol las perlas de su nácar:

la estampa de aquel grupo de focas sobre las rocas detenidas;
el largo puente de cinabrio que colgaba entre la niebla que surgía
de aguas aceradas entre enormes naves como islas encalladas;
o el viejo tren, hoy de ocre, que con equilibrio endeble bamboleante
se deslizaba a la carrera por cintas argentinas para hacer el viaje
-y el claro anuncio en el alba de jaspe de la otra orilla y sus riveras.





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