sábado, 17 de mayo de 2014

Asúnsolo y Revueltas: Monumento al General Álvaro Obregón Por Alberto Espinosa Orozco

Asúnsolo y Revueltas: Monumento al General Álvaro Obregón 
Por Alberto Espinosa Orozco 


   En el año de 1931 Ignacio Asúnsolo se asoció al pintor durangueño Fermín Revueltas para el proyecto del monumento al Héroe de Nacozari, Jesús García Corona (1881-1907), humilde ferrocarrilero quien salvó al pueblo sonorense desviando la maquina 501 que conducía con 4 toneladas de dinamita a punto de estallar fuera del pueblo. Encargándose ambos artistas personalmente de la construcción, de diciembre de 1931 a marzo de 1932, juntos diseñaron toda la estructura del monumento, traduciéndola Revueltas a dibujos y Asúnsolo a maqueta. Se trata de una estructura de cuerpos geométricos regulares, un hexaedro de cuatro caras levando sobre una base piramidal. El estilo sobrio de la composición atendía la idea de reflejar en el cubo central mediante la pureza de las formas las ideas de justicia, verdad y perfección. Para las cuatro caras del hexaedro Asúnsolo diseñó relieves de gran simplicidad alusivos a la acción heroica de Jesús García, siendo añadidas inscripciones igualmente sobrias sobre las superficies por parte de Fermín Revueltas. La solución arquitectónica, que contaba con un recinto interior, resulto de gran equilibrio y elegancia, influenciando notablemente posteriores proyectos monumentales.



   La amistad con Fermín Revueltas se prolongaría en el tiempo, colaborando como un binomio para el proyecto al Monumento de Álvaro Obregón, realizado entre 1934-1935 en La Bombilla, lugar donde Obregón cayera asesinado apenas 6 años atrás por el fanático religioso de la ACMJ (Acción Cristiana Juvenil Mexicana) José de León Toral, en el 17 de julio del año 1928, quien se le acercó haciéndose pasar por dibujante, mientras al fondo interpretaban los músicos la canción “Limoncito” de Alfonso Esparza Otero.
La compleja estructura debió de ser decorada en su interior con un mural de Fermín Revueltas, el cual quedó bocetado, pero la muerte le impidió realizar. Sin embargo algo de su labor quedó plasmado en los relieves de la parte baja de la cripta, de gran delicadeza de trazo. De hecho la relación entre Asúnsolo y Revueltas era de lo más intensa en ese tiempo, quedando impresa la aportación de Revueltas en el diseño de los relieves del interior del monumento.
   Luego de ganar el concurso abierto y al faltar Fermín Revueltas, Asúnsolo se asoció al arquitecto Enrique Aragón Echegaray para la realización de la obra, la cual se situó sobre un parque y una fuente proyectada por Vicente Urquiaga. Se trata de una pirámide truncada, cuyas figuras frontales representan el Trabajo y la Fecundidad, y las laterales el Sacrificio y el Triunfo –donde el escultor rinde tributo y enaltece a las figuras de la madre, del campesino y del obrero.  



   Se ha dicho que la arquitectura resultó poco adecuada, endeble y baja y por tanto desproporcionada respecto de las estatuas. Se trata, sin embargo, del último gran tributo publico a la utopía educativa obregonista y, por lo tanto, al vasconcelismo que le estuvo desde un principio ligado. Obregón, héroe trunco de la revolución, dejó también una obra trucada como presidente, sin continuidad, siendo su figura y obra incómoda para sus sucesores, sobre todo en el capítulo relativo a la educación. El monumento en realidad resulta completamente desfigurado en su intención al incluir en el recinto interno el brazo amputado del Manco de Celaya conservado en un enorme frasco de formol, como si se tratara, no de un altar al prócer de la patria, sino de un museo o de circo trashumante donde se exhiben fenómenos de las contingencias genéticas, desde abortos deformes hasta los misceláneos e indistintos horrores del reino zoológico. Es también lamentable que los murales destinados a ser pintados por Fermín Revueltas en el recinto no se hayan realizado, dando todo ello al interior una apariencia sombría y mortecina.



   Al poco tiempo de terminada la obra Aragón Echegaray se adjudicó la autoría total, jactándose de ser el director de la construcción. Asúnsolo tuvo que defenderse, desmintiéndolo en un artículo publicado por el periódico El Universal, señalando que la parte arquitectónica se debía a él mismo, siendo en general las pequeñas soluciones aportadas por Aragón torpes y filisteas, habiendo sido su ayudante en la ejecución de la maqueta el señor escultor Mercado. En la revista Reforma Social Joaquín Fernández del Castillo exaltó la obra, señalando que se trataba de una cátedra viva, permanente y objetiva, de la revolución social –que quedó petrificada en su primer proceso: el Sacrificio, el cual al quedar cercenado y sin cristalizar no alcanzó sin embargo a consolidarse en el paso definitivo: el Triunfo. Por su parte, en la misma publicación David Alfaro Siqueiros saludó la obra de Asúnsolo como un impulso hacia la integración plástica entre arquitectura, escultura y pintura. También celebra que el artista viva el momento del ahora “sabiendo asirse con talento y energía al carro nuevo de la historia”.



   Hay que agregar que el recinto guardó celosamente durante años el brazo mutilado del "Manco de Celaya" en un gran frasco de formol, como si se tratara de uno de los viejos circos de trashumantes. El Monumento, como quiera que sea, rinde tributo a un gobernante que apoyó el proyecto educativo más imponente y trascendente de América Latina, y quien inyecto nueva vida al arte mexicano al dar muros públicos al movimiento muralista, el cual se expandió en sus primeras etapas del ex convento de San Pedro y San Pablo a la Escuela Nacional Preparatoria y de ahí a la Secretaría de Educación Pública.
   Posteriormente Asúnsolo se encargaría de modelar tres conjuntos escultóricos más: el Monumento a la División del Norte, en Chihuahua; el Monumento a Ignacio Zaragoza, en la calzada del mismo nombre, bajo el orden de una composición neoclásica, y: el Monumento a Cuitlahuac, en el Paseo de la Reforma, que hace alusión a una figura más mítica que heroica, depositando en ella la gravedad del símbolo –un poco a la manera que hiciera Ramón López Velarde con la figura idealizada de Cuauhtémoc. Arte completo que añade al refinamiento la función de dar estabilidad a la ideología de un estado nacional, que supo aliar al clasicismo lo mejor de las vanguardias y del antiguo arte mexicano, de manera contenida, mirando, pues, al futuro, sin olvidarse del pasado.



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