sábado, 10 de mayo de 2014

Ángel Zárraga: el Muralista Mexicano y la Escuela de París Por Alberto Espinosa Orozco

Ángel Zárraga: el Muralista Mexicano y la Escuela de París
Por Alberto Espinosa Orozco 

“El templo de Dios es santo y limpio,
y Dios destruirá al que profane o corrompa a su templo,
y ustedes son templo de Dios.”
Corintios I, 3,17







I
   Ángel Zárraga Arguelles nació en la ciudad de Durango, capital del estado, el 6 de agosto de 1886. Situado en el extremo norte de la zona interior de la República Mexicana, Durango ha visto nacer a diversas personalidades, como el caudi­llo revolucionario Francisco Villa y los actores Dolores del Río y Ramón Navarro, estos dos últimos primos de Zárraga y de quie­nes pintó sus retratos.
   Su padre, Don Fernando Zárraga Guerrero, hijo de Juan Anto­nio Zárraga, de origen vasco, nació en 1861 en la misma ciudad de Durango, y se le reconoció como un prestigiado médico. En la Escuela de Medicina de la ciudad de México impartió las cátedras Obstetricia, Anatomía Topográfica y Clínica Quirúrgica, para luego fungir como director, también fue presidente de la Academia Nacional de Medicina, y años después, en el desaparecido Hospital Juárez, un pabellón llevó su nombre. Hombre de desarrollada sensibilidad artística, estimuló las bellas artes en su hijo Ángel. Deseaba que se dedicara, igual que él, al estudio de la medicina, pero al advertir los intereses artísticos de su hijo, lo impulsó para que llevara a cabo su vocación de pintor. El mismo Ángel Zárraga comentaba que tenía cuatro afectos: "su padre, un self-made-man, médico alto y fuerte, Tiziano, El Greco y Velázquez".
   Por medio de su madre de ascendencia francesa, Guadalupe Arguelles, el pequeño Ángel obtuvo sus primeros conocimientos del francés, así como el acercamiento a las enseñanzas religiosas que, junto con las oraciones aprendidas en casa, lo acompañarían toda su vida y que sembraron en su carácter una profunda devoción cristiana presente en gran parte de su producción plástica. Sobre sus años de infancia Zárraga rememoraba: “En esa recámara, mi madre, que se llamaba Guadalupe, como la virgen nuestra, tomaba mis manos infantiles y arrodillado me enseñaba aquellas oraciones [...] y era la oración a San Jorge para protegerme de las ponzoñosas [...] y era la oración al Santo Ángel de mi Guarda luz y compañía", guiándolo así por los caminos del mundo y del ultramundo.[1] Sus hermanos fueron Francisco, Guillermo, María e Isabel, así como Fernando, Guadalupe y Luz, quienes murieron de niños.
   Apenas dos años mayor que su contemporáneo y coterráneo el poeta zacatecano Ramón López Velarde, el pintor de origen durangueño se traslada en 1893 a vivir a la Ciudad de México, a los 7 años de edad, en compañía de su numerosa familia. Sus primeros estudios los realizó en la Escuela Anexa a la Normal, la misma en la que iniciaron su formación otros destacados intelectuales mexicanos, como Alejandro Quijano y Jaime Torres Bodet. En 1899 ingresa a la Escuela Nacional Preparatoria de San Ildefonso, teniendo como maestros a José María Vigil, Justo Siena, Manu Parra, Amado Nervo, el filósofo Ezequiel A. Chávez y al poeta y profesor de literatura clásica Pedro Arguelles -quien a la sazón era hermano de su madre Guadalupe y, por otra parte,  bisabuelo del escritor Guillermo Scheridan. En aquel entonces Zárraga escribía prosa y dibujaba .algunas caricaturas y retratos sobre tarjetas postales, las cuales vendía cono éxito en la casa Pellandini solventando así sus gastos con las ganancias.
   Hacia 1902 y 1903, cuando tenía escasos dieciséis años,  fue motivado por los grandes poetas Luis G. Urbina. J. J. Tablada y Amado Nervo para que publicara sus primeros versos en la Revista Moderna, y tres años más tarde, Rubén Darío incluiría en la Antología de Poetas Hispanoamericanos, de Manuel Ugarte (1906), dos de sus poemas, escritos en Bruselas en 1905. También realizó diversas viñetas que ilustraron la afamada revista, la cual agrupaba a los más excelsos escritores, también colaboraría con alguna epístola para la revista Savia Moderna. [2]




   Posteriormente estudia en la Academia de San Carlos teniendo como compañeros a Diego Rivera (Guanajuato, 8 de diciembre de 1886 — Ciudad de México, 24 de noviembre de 1957) y Saturnino Herrán   (Aguascalientes 1887 - Ciudad de México, octubre de 1918). Orfebre del claroscuro aprendido del maestro generacional Germán Gedovius y del neoclasicismo de Santiago Rebull. Empero pronto se impregnó del simbolismo funerario de Julio Ruelas  (Zacatecas, 1870-París, 1907), formándose en los rigores más exigentes del oficio, lo que le permitiría desarrollar una técnica segura y triunfante. A Carlos González Peña le confesaría un día Zárraga no sólo que Julio Rulas fue su primer maestro, sino que tuvo el privilegio de ser su único discípulo. En efecto, por arcano afortunado en 1903 se le otorgó al grabador zacatecano el Taller de Modelado en Yeso, donde por afinidades electivas imanta al joven Ángel Zárraga. Al finalizar ese año Ruelas marcha a Paris, donde muere de tuberculosis en 1907 a los 37 años de su bohemia edad. Ángel Zárraga quedó marcado desde el principio por el simbolismo vanguardista en boga representado inmejorablemente por Julio Ruelas, pues tal corriente estética era una respuesta a la época y altura histórica, reaccionando en contra del racionalismo y materialismo científico al expresar los estados del alma extremosos bajo el escorzo de los temas extremosos ellos mismos: la enfermedad, la muerte, la pasión sexual y los terrores ocultos de la crueldad o del pecado, hasta incursionar por los pasadizos y precipicios de lo sobrenatural, el misticismo y el ocultismo.
   Ángel Zárraga emprende pronto el viaje a Europa, del que regresó después de 37 años,  siendo testigo de la destrucción moral y material de Europa al iniciar la Segunda Guerra Mundial. En ese lapso de tiempo visita su patria solamente en cuatro ocasiones: en 1907, 1910, 1914 y 1929, siendo esta última especialmente desafortunada por las turbiedades del clima político creado por sediciosos y calumniadores socialistas de buró, quienes en delirantes filosofías especulativas sospechan de su desarraigo para acusarlo de antinacionalista, clerical y hasta de cristero. Vuelve definitivamente a México en 1941. y muere un lustro más tarde, en 1946, cuando pintaba uno de sus murales más importantes en la Biblioteca México de la Ciudadela.


II
   A su llega a Europa estudia en la Academia Real de Bruselas (1904) y posteriormente en la Academia de Bellas Artes de París (1910), viajando luego por España, Italia y Holanda, pintando y dibujando sin descanso bajo la influencia de El Greco y Zuloaga, para desarrollar luego un personal simbolismo, el cual se expresa plenamente un su obra mural con las notas de un clasicismo romántico de elevada serenidad y espiritualidad.
   La primera incursión de Ángel Zárraga en la pintura de gran formato la realizó en el año de 1917, en los estertores finales de la Primera Guerra Mundial,  para la escenografita de la puesta en escena de Antonio y Cleopatra de Willam Schaquespeare, montada en el Teatro Antonie de París, llevando a cabo un plan arquitectónico que rebasó toda expectativa –siendo uno de los artistas contemporáneos que investigó más acuciosamente la interdisciplinariedad de las artes del espacio, por la convivencia entre la pintura, el urbanismo, las grandes placas tectónicas en la naturaleza inanimada o arte del paisaje y la escultura. De la escenografita saltó al espacio mural, realizando su primera composición en la casa parisina de uno de sus coleccionistas particulares, el Dr. Van der Hernst. Su segunda obra mural tardo siete años en concluirla, ocupándose en ella de 1922 a 1929, en el Castillo Vert-Coeur, en Chevrease, cerca del Palacio de Versalles, perteneciente al conde René Phillipon, pintando al fresco los espacios del Oratorio, la Biblioteca, el Corredor, los muros de la Escalera Central y el Salón Familiar -Castillo que para 1950, con todo y murales, fue comprado por una hija del general De Gaulle, instalando en él una escuela especializada.
   Debido a sus compromisos de trabajo desatendió el llamado del Secretario de Educación con Obregón, quedando a distancia de la obra civilizadora del proyecto muralístico nacional convocado por del filósofo José Vasconcelos -al que de inmediato se adhieren José Clemente Orozco, Diego María Rivera, Fermín Revueltas y Jean Charlot-, puesto que sus compromisos de trabajo parisinos se lo impedían, ocupado en sus labores de pintor y muralista así como magisteriales, pues hasta 1929 dio clases de pintura en la Academia La Grande Chaumiére, en Montparnasse. Sin embargo, vale la pena señalar que Ángel Zárraga, al igual que el gran muralista Jean Charlot, de ascendencia méxico-francesa y exilado en las islas hawaianas desde finales de la década de los 20´s, dedicarían gran parte de sus esfuerzos murales a la decoración de templos cristianos, debido todo ello a una comunión que los une dentro de una refinada sensibilidad religiosa  y espiritual –veta, pues, de profunda significación dentro del Movimiento Muralista Mexicano aun por explorar.
   Así, para 1924 inicia su tercera gran obra: los murales a la encáustica en la Cripta de Nuestra Señora de La Salette, en Suresnes, donde pinta La Anunciación, La Asunción y La Coronación de la Virgen, logrando sus figuras con luz, sin recursos de relieve ni claroscuros.[3] Su cuarta obra mural la realizó para 1925 en la reconstruida  Iglesia de los Mínimos, en Réthel (Ardenas), desarrollando al fresco el simbolismo de los cuatro evangelistas a manera de bestiario, pintado detrás del altar una vidriera con El Redentor y en otra escena a Cristo entre los brazos de los Ángeles –iglesia y murales destruidos, junto con los vitrales de Jacques Simon y las esculturas de Georgers Saupique, durante la  Segunda Guerra Mundial.






   Es invitado por Alberto J. Pani en 1927 a decorar  la casona de Legación Mexicana de París, realizando 18 paneles móviles de intención mural en el Salón de Fiestas y la Sala de Estar, añadiendo a su lenguaje un tratamiento en  estilo Art Decó en donde adelanta una concepción simbólica en el orden del vestuario, a la vez fijando el estilo frugal la época de postguerra y tocado por la idea de la humilde redención intemporal. El lienzo mejor conocido de ellos, “Amaos los Unos a los Otros”, tiene por tema el de la reivindicación por la magia de las musas de las clases trabajadoras obreras y campesinas oprimidas. En los murales portátiles desfilan trece mujeres vistiendo atavíos populares de sus etnias: europeas, negras, hindúes, eslavas, orientales y americanas, siendo la figura principal inspirada en la actriz Dolores del Río. Himno de conciliación entre las naciones en el que la joven mexicana con sus trenzas de tabaco y apareciendo de espaldas se incorpora a la danza de altruismo universal. Síntesis de laicismo y religiosidad con el tema de la fraternidad universal entre las naciones, en cuya alegoría se simboliza la incorporación y reintegración de México al esfuerzo civilizador de la cultura y a los triunfos ciertos de la educación. En otros lienzos de la serie el pintor expresa las diferencias entre el mero inmanentismo anejo al culto pagano y el contraste trascendente inscrito en el espíritu de la civilización cristiana, teniendo dos de ellos el tema de las cuatro virtudes morales y las tres teologales. Una más se detiene en la imagen mítica de Cuauhtemoc, el joven abuelo fiel en su nobleza al espíritu más puro de su raza . La cultura de Francia es representada por el impuso moderno de la aviación en las figuras de Nungesser y Coli, muertos en su aeronave al intentar cruzar el Océano Atlántico y el triunfo de Charles Lindberg. Hay que agregar que las obras fueron arrancadas de sus bastidores y se les arrumbó por años en los sótanos de la Legación, para ser rescatados y restaurados en México hasta el año de 1988 -esper ando con avidez la cultura durangueña una magna exposición de tales reliquias. 




   Hay que destacar que ya desde 1914 había pintado cuatro lienzos titulados El Cielo de la Acción, donde vuelve a probar su maestría armonizando sus composiciones en la difícil dinámica circular de sus figuras. En efecto, la famosa imagen de San Jorge el pintor durangueño plasmó a uno de los héroes paradigmas de la historia de la humanidad, especialmente para la cultura regional de Durango debido a ser el Santo Patrono de esta ciudad desde el año de 1749 –tétrada completada por Mctezuma Ilhuicamnina, el flechador del cielo; David, y El Aviador. Siguiendo una composición similar y semejante estilo al desarrollado para la Legación pintaría luego dos imágenes de cuño religioso: San Miguel (1939) y Juana de Arco, la Doncella de Orleáns (1939). Lienzos de carácter metafísico que ponen de manifiesto la realidad histórica actuante de la moral y de fe cristiana.



  En ese mismo año de 1927 es propuesto por André Honorat para ser nombrado Chavalier dans l Ódre Legión d´Honeur (Roseta de Oficial de la Legión de Honor), reconociendo el gobierno francés sus subidos méritos en 20 años al servicio del arte... a los 40 años de edad –siendo promovido en 1935 y recibiendo la Roseta de Oficial. Debido a la política del gobierno mexicano y sus escollos ideológicos revolucionarios no es sino hasta el año de 1934 que es aceptado como consejero de la Legación de México en París, distinción que solicitaba el pintor desde los tiempos de Alfonso Reyes. En ese mismo año se casa con la bella rubia suizo-alemana María Gysi, pintando por aquellos años una serie de mujeres luminosas y transparentes de robusta sensualidad.
   Durante su estancia en Francia conoció el pintor de cerca todas las guerras y revoluciones que cada década sacudieron a Francia -supo también a la distancia de las que en el mismo tiempo sacudieron a su patria. Ante ello el artista mexicano respondió con un proyecto cultural de radicalismo y laicismo de inspiración francesa, que trasplanta en términos de la filosofía cristiana los ideales de la fraternidad universal entre los pueblos, la libertad del individuo y la igualdad de todos los seres humanos.
   Vuelve a la pintura mural en el año de 1932, trasladándose al África, a Marruecos, donde pinta en la Iglesia de Fedhala a Santiago Apóstol, patrono de los peregrinos, y a Pedro y Pablo en su tarea evangelizadora en tierras de los gentiles. De regreso a Francia pinta un fresco más, esta vez en la Capilla del Sanatorio de Cristo Redentor, en la Alta Saboya, donado por la familia Guebriant y pensado para atender a mujeres tuberculosas,  edificado bajo la arquitectura moderna de Paul Abraham y Henri-Jacques Le Méme. Ángel Zárraga desarrolla nuevamente los temas cristológicos en una obra de gran belleza, plenitud y grandiosidad, donde plasma  la Anunciación, Redención, Bienaventuranza y Vía Crucis –encontrándose para orgullo regional los bocetos preliminares al carbón del Vía Crucis en el Museo Ángel Zárraga (ICED) de la ciudad de Durango. Entre 1933 y 1934 pinta en el Sanatorio Martel de Joinville tres murales al fresco: La Sagrada Familia, Crucifixión y Jesús llega a los brazos del Padre. Sigue a esta obra la decoración de la Maisón du Café de París, en la Plaza de la Ópera –la cual desapareció tras la guerra, aunque sabemos por reliquias fotográficas que trataba de los Atlantes y de Don Quijote de la Mancha. Prosigue su labor de muralista en la Sala de Consejo del edificio de la Unión de Minas de París y en la misma época realiza otro mural para la Compañía de Fosfatos de Constantine.




   Por último en los preámbulos de la Segunda Guerra Mundial alcanza todavía a realizar cuatro obras murales más: en la Cúpula de Mal Paso, en Mégreve, plasma temas de la mitología griega. Desarrolla en el templo parisino de tradición franco-española de Saint Ferdinand des Ternes imágenes sobre la vida y milagros de Santa Teresa de Ávila y de Santa Teresa de Lisieaux. Apoyado por el filósofo Jaque Maritain; pinta también en la Iglesia de Saint-Martín, en el Castillo de Meudon con el tema de las Fábulas de Lafontaine. Por último, en la Capilla de la Ciudad Universitaria de París (1937-1940) desarrolla el tema central del humanismo: la pasión de Cristo, sirviéndose de un planteamiento calificado de intelectual, cerrando su obra  europea como muralista en pleno bombardeo en Francia por los nacional-socialistas alemanes en junio de 1940 –murales que, por otra parte, no se exhiben desde hace años al publico debido a incontables retruécanos de tipo burocrático.
   Se a criticado a Zárraga de apoliticismo. No es verdad. De hecho su regreso a México precipitado por las hostilidades del espíritu guerrero, se debió más que nada al clima de frialdad creado en su contra en el medio acomodado y artístico en el que se desenvolvía, debido a su participación en la Radio Francesa, donde difundió exhortaciones públicas a las naciones hispanoamericanas para condenar el socialismo totalitario que surgió como una amenaza de anti-humanidad e  invadiendo como un cáncer a los países de eje, teniendo su cedes en Tokio, Roma y Berlín. Al finalizar el año de 1941 parte de Francia y al inicio de 1942 desembarca en el puerto de Veracruz con su esposa María Luisa y su hija Clarita, acompañando de un gran menaje de viaje, entre cuyos mundos y baúles cargados de lienzos llegó también  un automóvil Renault del que por cuestiones tanto simbólicas como afectivas no pudo ni quiso desprenderse.



III
   A su llega a México pinta en menos de un lustro un kilómetro de pintura mural más. Inicia en los Laboratorios Abbot, desarrollando el doble tema opuesto de la salud y la enfermedad. Por instancias del acaudalado Arturo J. Pani es contratado para un mural en el bar del Club de Banqueros, en el edificio Guardiola, donde pinta la Alegoría de la Riqueza y la Abundancia, La Miseria y el Placer. y El mito de Dannae y Perseo. Por instancias de su antiguo condiscípulo en la Escuela Anexa a la Normal,  Jaime Torres Bodet, se integra al Seminario de Cultura Mexicana como miembro prominente y de excelencia, efectuando conferencias magistrales sobre la pintura francesa contemporánea, especialmente el cubismo en cuyo movimiento participó desde su creación activamente, leyendo sus notas personales acerca del arte religioso y publicando estudios sobre pintura, siendo posteriormente nombrado vicepresidente.






   A mediados de los 40´s concluye a la encáustica la ábside y tres tableros en la Catedral de Monterrey, en Nuevo León, donde pinta las Ocho Bienaventuranzas separadas por unas filacterias que contienen textos de los evangelios, terminándola por cábala del destino el mismo día de la victoria aliada sobre la Alemania nazi, por lo que la firma con la leyenda “Aleluya. 6/X/45”. Finalmente realiza uno de los cuatro murales ideados para de la “Sala de lectura José Vasconcelos” en los Talleres Gráficos de la Nación, hoy Biblioteca México, en la Ciudadela, los cuales habían sido encargada por el Secretario de Educación, el ensayista y poeta del grupo Contemporáneos Jaime Torres Bodet. Alcanza a concluir La Voluntad de Construir -dejando en proyecto los frescos El Triunfo del Entendimiento, El Cuerpo Humano y La Imaginación. Se trata, en efecto, de una serie en donde el autor quiso representar, de modo edificante, el poder del hombre para transformar la naturaleza en cultura y el tiempo en historia por virtud de sus obras y sus creaciones. Tema de la técnica moderna, la cual provee al hombre del conocimiento material para transformar la materia y su entorno, y de la cultura que presta el conocimiento simbólico que precisa el ser humano como el otro medio para desplegar plenamente su voluntad, siendo estos elementos los principios de un mundo superior en una síntesis entre el mundo secular, religioso y cultural. Obra de gran refinamiento, que aspira a la modernización constructiva de la patria, anquilosada
por los soñadores de sistemas y su público, las legiones masificadas aletargadas por la inacción, la propaganda y la fidelidad al horario televisivo.[4]


  Al igual que el genial compositor durangueño Silvestre Revueltas, Ángel Zárraga muere de una pulmonía cuata mal atendida el 23 de septiembre de 1946, a los 60 años de edad. Hay que señalar que el resto de la comitiva integrada por las máximas figuras vivas de la Escuela Mexicana guardaron un lamentable silencio.  
  Especie sui generis de caballero andante, encomendado desde pequeño por la oración a San Jorge, Ángel Zárraga templó sus pinceles y bruño su paleta recorriendo el mundo y su época y, a la manera de un geógrafo del espíritu, levanto la cartografía de su gestación y su más moderna orografía, absorbiendo sus movimientos y precisando sus presencias poderosas o revelando en estancias a las visitaciones del espíritu. Lo verdaderamente revolucionario en su obra muralista estriba en la aceptación de una doble dimensión del arte nacional, que a la vez que defiende el laicismo y la libertad de la conciencia individual se avoca a la plasmación de los ideales sociales de la patria dentro de una óptica cristiana. Porque lo que Ángel Zárraga descubrió en el radicalismo francés, más que las contorsiones de las frivolidades vanguardistas, fue las raíces del laicismo mexicano y de la conciencia social -como un asunto más que revolucionario, diríamos hoy de democracia nacional-, intentando aportar los elementos de dinamismo y modernidad de su pintura para contrarrestar el enquistamiento de nuestra raza, tendiente a la petrificación y la moribundez,  amando la más alta espiritualidad, la salud y la vida.





[1] Ver “Mensaje a Durango”, en Archivo Carlos Pellicer, 1942
[2] Ángel Zárraga practico la poesía desde aquel entonces continuando sus ejercicios en París donde, junto con su amigo Guillaume Apollinaire (Roma, 26 de agosto de 1880 – París, 9 de noviembre de 1918), desarrolló una especie de catolicismo modernista. Se publicaron en aquella ciudad sus libros de poesía: Oda a la Virgen de Guadalupe (1917), algunos de cuyos versos aparecieron en la revista mexicana de Contemporáneos; Tres Poemas (1934); Oda a Francia (1938) y; Oda a la Victoria (1939). La editorial de la Revista Ábside publica su libro Poemas 1917-1939 con prólogo de Alfonso Reyes.
[3] Antes de pasar a la tarea mural Zárraga trasformaba sus cuidadosos dibujos en lienzos de pequeño formato, enviando a México como regalo para su padre los estudios para la Cripta de Notre-Dame de La Salett. De esta obra desaparecida, por causa de los bombardeos alemanes, se conservan empero tres cuadros preparatorios de estilo cubista sintético, custodiados por la Cámara Nacional de la Industria de la Construcción de México. Se trata del tríptico “La Anunciación, La Asunción y La Coronación”.
[4] El proyecto para la ornamentación de la Catedral de Cuernavaca quedó inconcluso, salvándose sólo unos dibujos de tamaño mural. Aunque en su ciudad natal no dejó obra mural alguna el Museo de Arte Contemporáneo que lleva su nombre conserva unos bocetos a lápiz de su mano para el Via Crucis de la Capilla del Sanatorio de Cristo Redentor, en la Alta Saboya,




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