lunes, 10 de febrero de 2014

II.- Germán Valles Fernández: Filosofía del Cuerpo Por Alberto Espinosa Orozco

Germán Valles Fernández: la Fascinación y los Fantasmas
II.- Filosofía del Cuerpo

Por Alberto Esponosa Orozco 
2a de 12 Partes



      Así, en las poderosas imágenes plásticas de Germán Valles podemos leer una especie de filosofía del cuerpo, pues junto con las expresiones mímicas del cuerpo humano, expresante de suyo de su animación, se registran también los indicadores contemporáneos de una vitalidad convulsionada y en decadencia, que anuncia su caducidad, o al menos su agostamiento, tanto en la creciente pérdida de sus contornos y de sus determinaciones como de su lozanía –a lo que hay que añadir tanto los azares y contingencias a que se ve sometido el cuerpo humano, las tensiones y hábitos de vida, pero también las enormes presiones contemporáneas, que lo llevan con frecuencia tan pronto al debilitamiento de su fuerza que a la depresión devastadora, dando lugar así a la expresión mímica de cuerpos de piel desbordante, enjuta o flácida, achicados, abombados o achatados, marcados tanto por las tensiones que por las distensiones de sus excesos, significando la carne cruda una animación meramente material y mórbida (Bacon, Freud).
    La carne avara que sólo sabe acumula la grasa para sí, que desea colmarse con más que aquello que la colma, en el intento frustráneo de retener sólo para sí una alegría que no quiere brindarse sino a sí misma, en un deseo onanista y desbordado proveniente del maleamiento de la s sociedad, cifrado en que unos pocos reclaman de sus congéneres mucho más del servicio que están dispuestos a brindarles, acaparando después para ellos solos todos los privilegios de la puta alegría (“Doña Avaricia”).  Almas blandengues y obesas que incurren en el pecado del relativismo moral, dejándose convencer, para salirse siempre con la suya, de que el bien el mal no son sino funciones de ella misma –desprendiéndose como conclusión, tarde o temprano, que cuando la gente actúa movida sólo por sus mezquinos intereses egoístas no puede sino producirse un estado de ansiedad y de miseria común.



   Retrato contrastante también de la existencia concreta del hombre moderno, donde desfilan los extremos de un mundo profundamente desequilibrado, el que la legión de los egoístas, con todos sus excesos y pecados, no abonan en su manga ancha sino al recrudecimiento de la miseria moral y material, creando de tal forma una especie de espejo inverso de su desmesura de placeres e ilimitación de poder. Región periférica de la existencia en la que se siente más crudamente el fenómeno sólito del desconocimiento de la persona, en el sentido estimativo y práctico, al grado de amenazar el cuerpo mismo de la humanidad, al excluir a bastas zonas de la población del mundo del trabajo, de la educación y de la cultura,  arrojándolo luego sin piedad a los inmensos pudrideros de la mendicidad o a la indigencia de la grey astrosa. Cuerpo desamparado, desollado vivo, pelado, donde pulula lo cuasi-modal, las qusicosas de la pseudovida, que no pueden dar lugar sino al surgimiento de lo infrahumano. Cuerpos sujetos a las contingencias de la enfermedad y los accidentes del azar, capaces de frustrar ya no digamos el desarrollo de etéreas esencias, sino incluso de aniquilar a las mismas existencias.




   Pintura directa, pero que al ser al mismo tiempo critica y corrosiva igualmente detecta severos trastornos en el tejido de la sociedad, trastocada por  un circo de sustituciones y dislocamientos, donde los que fueran claros órganos y centros directores encargados de llevar equidad, salud y justicia a la especie, tanto material como espiritualmente, se han desviado de su misión o se encuentran totalmente enajenados y desfiguradas por otras potencias. Fenómeno de corrupción, en efecto, donde la figura de la Justicia aparece con antifaz y ciega, como si se negara a la visión no por mor de la imparcialidad de sus juicios, sino en un acto de concupiscencia, de impudicia y de exhibicionismo hiriente.




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