domingo, 26 de enero de 2014

La Memoria de los Padres II: Jorge Cuesta Por Don Alfonso Bulle Goyri


La Memoria de los Padres II: Jorge Cuesta
Por Don Alfonso Bulle Goyri

   Mi padre, un técnico, hombre adusto y lejano del mundo de la intelectualidad, fue muy cercano a algunos de los Contemporáneos, especialmente con Jorge Cuesta que fue uno de sus más cercanos amigos en los años de universidad y después juntos construyeron la industria alcoholera moderna de este país.
   Jorge Cuesta murió tres años antes de que yo naciera, pero en mi casa siempre lo evocaba mi padre. Cuando cumplió años de muerto, no sé cuándo, me padre me invitó a la ceremonia que hicieron en su tumba en el Panteón Francés de la Piedad. Fue una breve y emotiva reunión. Estaba entre los asistentes Aron Sáenz una legendaria figura de la Revolución, hombre cercano a Obregón y clave en la industria azucarera moderna de México. Ahí conocí a su hermana Natalia, hermosa mujer de grandes ojos y tez apiñonada. Se recitaron unos sonetos y todo se diluyó. Al final, mi padre y yo caminamos por las avenidas suntuosas de ese panteón y en un momento me dijo: “Sabes, Alfonso, yo no entendí nunca la poesía de Jorge, pero de lo que sí estoy seguro, es de que trabajamos juntos en el laboratorio de alcoholes y ahí los aromas nos hermanaban, y ahí es donde hicimos delicados perfumes que Cuesta regalaba a Dolores del Río, una mujer que admiraba Cuesta”. Otra anécdota de la vida.
   Hay una terrible y nociva percepción de Jorge Cuesta que ha desembocado en un mito atroz. Cuesta era un hombre de Ciencia y un artista que usa la ciencia como instrumento de creación. Canto a un Dios Mineral es una propuesta ligada al mito de la creación de la vida. Es perturbadora la ciencia química que practicó, algo así como una propuesta wagneriana sumergida en el Fausto. Eso me ha hecho pensar que Cuesta es un poeta fáustico, un poeta que con la plataforma de la ciencia penetra en los arcanos de la vida y siendo un científico, riguroso y dogmático, estuvo inquietantemente cerca de la vida. Sus investigaciones sobra las reacciones de oxidación estaban adelantadas a su tiempo. Todo eso es importante tomarlo en cuenta, antes de hacer fantasías que no corresponden a la realidad.
   Creo que el examen de Cuesta sobre el Mural de Diego Rivera es muy interesante pues desenmascara la incompetencia filosófica y científica de Rivera. El tema de la pasión amoroso es intrascendente en Cuesta. Su pasión por Lupe tiene un origen y un desenlace. Jamás ni celos ni sentimientos contaminaron su pensamiento frío, calculador y certero. Si usted lee el texto sedará cuenta que Rivera como todos los comunistas, estaban arrobados por el misticismo cristiano sin saberlo y Rivera quería tener, creo que con conciencia de causa, una religión en su alrededor siendo él el fundador, él el obispo y él el evangelista. Su arte es espectacular, pero incorrecta sus apreciaciones históricas y sus juicios científicos y filosóficos. Creo que los excesos de alcohol y de comida, le hacían trastabillar a Rivera. Cuesta sólo muestra que en el museo, la obra de Rivera deja de tener ese aspecto explosivo que le quería imprimir y en jn lugar neutro, su obra es pura forma y color.
   Me gustaría abundar en estos temas. He leído muchos años los ensayos de cuesta y por supuesto, muchos el poema central de su vida, Canto a un Dios Mineral. Ahí Jorge Cuesta va a entregar toda su sabiduría y todo su espíritu esotérico donde no deja de haber argumentaciones de orden científico y sociológico que lo distinguen como un pensador universal, un ilustrado renacentista por decirlo de alguna manera. Yo creo que ese poema no ha sido suficientemente estudiado y, la lamentable escena de Octavio Paz al no incluirlo en Poesía en Movimiento, revela la incomprensión del Premio Novel por la obra de Cuesta. Paz estuvo lejos de entender quién era ese hombre y estoy persuadido que los años en que Paz era el factotum de las letras en México, no se leyó a Cuesta porque había demasiada ciencia, demasiada filosofía, demasiada emoción y talento que no podía aceptar quien tenía la riendas de las letras mexicanas. En Paz si me parece advertir envidias y sentimientos extralitararios que confundieron e intentaron eclipsar a Cuesta. Hoy creo que las cosas son muy distintas y la obra de Jorge Cuesta esta lista para de nueva cuenta ser examinada.[1]
Salud.






[1] Volpi ha trabajado a Cuesta y el poeta Alberto Blanco escribió una paráfrasis bastante mala del Canto. Debe haber algún texto que no sé si circule de Huberto Batis y quizás, no sé, de Juan García Ponse. También pienso que Salvador Elizondo se inquietó por el Canto. Todo eso es cierto. Panavier escribió por los años 80 la mejor y única biografía de Cuesta. Luis Marios Shnaider y Capistrán reunieron la obra que publicó la UNAM con un Excelente Prólogo. También hay algunos trabajos sueltos y no podemos descuidar a Luis Cardoza y Aragón, amigo íntimo de Cuesta y de Orozco. Asi que tampoco hay demasiado que buscar de bibliografía, casi toda a mano. Gilberto Owen es otro de esos poetas contemporáneos, junto con Bernardo Ortíz de Montellanos muy mal tratados por el mundillo literario de México, siempre tan necesitado de figurones y tan displicente a escritores de altura. Me parece que Guillermo Sheridan es una excepción. Ha trabajado con seriedad aunque sus devaneos con Octavio Paz a veces le hacen marcar el paso a destiempo. Pero en fin, Owen es un grande y un poeta que hay que retrotraer y leerlo para comprender la dimensión no romántica ni solemnizada de los contemporáneos, sino para comprender un momento crucial en la historia del pensamiento moderno y contemporáneo de México.




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