martes, 5 de noviembre de 2013

Diego Rivera: la Iglesia Pagana de Chapingo Por Alberto Espinosa Orozco

Diego Rivera: la Iglesia Pagana de Chapingo
Por Alberto Espinosa Orozco






   Simultáneamente a la decoración del edificio de la SEP, Diego Rivera pintó, entre 1924 y 1927, en los muros de la escuela de Agricultura de Chapingo, cerca de Texcoco, una extensa alegoría a la madre tierra -participando también en la restauración y decoración del Palacio de Cortés en la ciudad de Cuernavaca, Morelos. El tema de los murales es una larga meditación sobre el lema del plantel: “Aquí se enseña a explotar la tierra, no a los hombres”.
   Con lo que respecta a los artistas José Vasconcelos y Diego Rivera mantenían por ese entonces una estrecha relación, pero su trato no fue nunca fácil. Las pugnas, de orden intelectual y político estallaron durante esa época, teniendo el enfrentamiento como motivo emblemático las antinómicas inclinaciones electivas de dos maestros renacentistas, siendo Botticelli el talismán para Vasconcelos y dejándose imantar Rivera por los encantos de Leonardo Da Vinci. El Ministro de Educación, reconociendo en Leonardo Da Vinci un gran dibujante, reprochaba acremente sin embargo el no haber podido mantenerse cristalino, terminando por volverse confuso en el uso del color, llegando por su desagradable hermafroditismo a ser si no plenamente impresionista cuando menos impreciso. Rivera por su parte calificaba tales apreciaciones de absurdas, no sólo admirando el San Juan Batista (1513-1516), sino asimilando sus atributos esotéricos, empleados en su mural La Tierra fecunda que cubre el ábside de la ex capilla de la ex hacienda de Chapingo. La metáfora plástica del genio renacentista se refiere directamente al “hermafroditismo” o androginia, alegoría del ser que propaga la fecundidad y que también se entiende como símbolo del conocimiento absoluto. Rivera había tomado como modelo a su ex esposa Guadalupe Marín Preciado quien, entre otras cosas, era bien conocida por su androginia –aunque Rivera la plasma embarazada, imagen de la tierra fértil preñada por la energía primera del universo: la Fuerza.  Androginia, pues, que resulta al aplicar al ser humano el simbolismo del numero dos para producir una dualización integrada –ser doble escindido en sexos pero ligado a una sola personalidad, que es la Fuerza, pero que también representa a la luz de la que emana la vida y que es llamado por ello “Lingman”.[1] 
   En Chapingo Rivera realizó 39 frescos en que se narra la historia del estado de Morelos, la tierra roja que los agraristas han regado con la propia sangre que simboliza las interminables luchas del pueblo mexicano por la posesión de su propia tierra. Los frescos se extienden en dos edificios: la rectoría y el salón de actos o antigua capilla de la ex–hacienda. En el salón de actos el pintor plasmó una grandiosa imagen: La Tierra Fecunda ( o La Tierra Liberada con las Fuerzas Naturales Controladas por el Hombre), en el que se retrata  a una mujer de exuberantes formas –la esposa del pintor en ese entonces, Lupe Marín embarazada de su hija Guadalupe. En el arco del coro se encuentra el fresco La Tierra Virgen, para cuya imagen central sirvió de modelo la fotógrafa Tina Modotti. El cuerpo de la capilla cuenta con ocho paneles más donde se muestran las etapas de la transformación social en analogía con la evolución natural. En lo profundo del subsuelo los espíritus utilizan sus fuerzas para ayudar al hombre; las corrientes subterráneas y la calidez solar hacen fructificar la sangre de los mártires agrarios de Emiliano Zapata y Otilo Montaño. La tierra aparece oprimida  por las fuerzas del capitalismo, el militarismo y el clero, en abierta posición o manipulando a la trilogía del obrero, el campesino y el soldado por cuyos esfuerzos culminará el ideal de un nuevo orden social. Rivera se ocupó de cada detalle, pues incluso  la puerta del salón, la mesa de madera de cedro junto con las bancas se realizaron sobre dibujos que preparó el pintor en el taller del ebanista y escultor Abraham López Jiménez.
   Aunque el encargo de la obra provino del Secretario de Agricultura durante el gobierno de Obregón, Ramón P. de Negri, cuando la Escuela de Agricultura se trasladó de San Lorenzo a la Ex Hacienda de Chapingo, los murales en la Universidad Autónoma de Chapingo fueron pintados durante la presidencia de Plutarco Elías Calles y la consolidación del Partido Nacional Revolucionario, siendo su director Marte R. Gómez. La decoración incluye los frescos: Reparto de tierras (1924). Legal posesión de las bondades de la tierra (1925); La revelación del camino (1925); Germinación (1925), Fuerzas subterráneas (1925), La abundancia de la tierra (o Frutas en sazón, 1925), Revolución-fructificción (o Triunfo de la revolución, 1925), La abundancia de la tierra (1926-1927),  y El buen gobierno (que en 1946 fue modificado por el muralista, incluyendo los retratos de Álvaro Obregón, Ramón O. Negri, Manuel Ávila Camacho y Marte R. Gómez).
   La visión marxista y mexicanista del pintor quedó plasmada  en el centro de la bóveda, en el fresco titulado La revelación del camino, donde las hoces y martillos superpuestos, así como la estrella roja, expresan sus convicciones comunistas. Las pinturas aéreas del techo se dividen en cuatro partes: una de ellas dedicada a los elementos y las tres restantes con figuras morenas masculinas en acusados escorzos.
   Se trata, efectivamente, de un largo canto a la tierra, representada por mujeres de bellísimos cuerpos –entre cuyas modelos se encuentran Tina Modotti, Lupe Marín, Concha, y también Cristina Kalho, la hermana de Frida. Paralelamente a la proclama del ideal revolucionario Diego expone también a la luz pública su fe en la vida, entendía en lo que tiene de belleza sensual encarnada en el cuerpo femenino. Se trata, n efecto, de la religión pagana y ctónica, primitiva, la religión de la mujer-tierra, a la vez fecunda y generosa y que reina con el vientre distendido y los senos henchidos por arriba del trabajo de los hombres. En el ábside de la capilla, donde antes se erigía el altar cristiano de la iglesia católica y romana, aliada al poder de la casta militar y del dinero, elige la imagen más antigua y más nueva del mundo: la del cuerpo femenino en toda su desnudez, a la vez impúdico y angustiante, provocador y cósmico.









  Fue durante 1925 a 1927 que Rivera contó en Chapingo y en la SEP como ayudante con el pintor norteamericano Pablo O´Higgins (1904-1983).  Originario de Salt  Lake City, el artista viajó en 1924 a México entusiasmado por los trabajos murales de Diego Rivera y José Clemente Orozco.
   Luego de estudiar y trabajar con Rivera participó, de 1929 a 1930 en las Misiones Culturales, viajando a La Parrilla, en el estado de Durango y posteriormente enseñó dibujo en muchas escuelas primarias de la Ciudad de México. Pintó su primer mural en la escuela “Emiliano Zapata” de Villa Madero en el año de 1932 –luego de un viaje en la Unión Soviética para estudiar becado en la Academia de Arte de Moscú. De 1934 a 1935 pintó junto con Leopoldo Méndez y Alfredo Zalce los célebres murales del Mercado Abelardo L. Rodríguez y en 1939 decoró el Palacio de Gobierno de Morelia, en Michoacán.
   La obra de la ex hacienda de Chapingo: aunque recibe el reconocimiento internacional como una obra nacida del “materialismo socialista y agrario” es en realidad himno a la belleza triunfal de la naturaleza. Lupe Marín fue la modelo para el gran desnudo del testero de Chapingo, mientras que Tina Modotti personifica a la tierra dormida.
   Los frescos de Chapingo han sido considerados como la expresión culminante de su arte. Fueron pintados luego de los trabajos murales para la SEP y el primer gobierno de Plutarco Elías Calles, durante 1927 y 1928. Pintura de magia negra, de religión pagana, de religión lunar de cuerpos de miel y de caoba. La obra mural se compone de 30 frescos donde el pintor canta a la tierra, representada por mujeres de bellísimos cuerpos –cuyas modelos fueron Cristina Kalho, Lupe Marín y Tina Modotti y también a las luchas del pueblo mexicano por la tierra.
   A la entra de la nave hay dos tableros pequeños, un niño y una mujer, figurando las Ofrendas de la Tierra. En la bóveda central una estrella roja, como símbolo de la Unidad de Obrero y el Campesino. En la tierra, como dos grandes larvas o semillas, Zapata y Montaño: La Sangre de los Mártires Agrarios y La Semilla de la Revolución por Medio de la Palabra Hablada.
   Son ocho paneles en el centro de la capilla, cuatro de cada lado, donde con una mirada positivista son tratadas diferentes etapas de la transformación social, comparadas con las de la evolución natural. En el muro central el enorme Desnudo Femenino: Alegoría a la Madre Tierra, donde la mujer aparece simbolizando a la “Tierra Madre”, de cuya mano derecha brota un capullo y en la izquierda un ademán armónico. A su alrededor los elementos: el agua, el viento, el fuego. En la parte inferior: El Productor y El Hombre Domando los Elementos.
   En lo alto del muro de enfrente aparece La Tierra Dormida, simbolizada por un desnudo femenino cuyo modelo fue Tina Modotti. En el techo de la capilla, que se divide en cuatro partes, destaca otro desnudo femenino, La Tierra Fecunda: aire, sol, lluvia.
   Esta obra de Rivera ha sido considerada por la crítica oficial como la “Capilla Sixtina” mexicana y obra cumbre del arte mexicano moderno, pues en su unidad plástica, por su armonía de colores rojos, ocres, rojos tierra, azules, logra expresar la gracia y la fuerza de los desnudos.
   Los caracteres alegóricos son realidades intermedias entre las realidades absolutas de la vida y las puras abstracciones del entendimiento lógico. Para el pintor, como para el místico, el mundo entero no es más que un dilatado sistema de símbolos –pero ninguna interpretación agota el símbolo ni puede agotarlo. En Chapingo Rivera lleva acabo la alegoría del matriarcado y de sí mismo, intentando la divinización de sí mismo en un subjetivismo extremo cuyo único asidero es la muerte. Mundo sin trascendencia, donde lo más moderno comulga con lo más antiguo en una especie de involución destructora donde todo signo puede ser contrario –donde poder leer también la crítica y la autocrítica de la modernidad.
   La filosofía de Rivera es la del materialismo gnóstico –que investiga la Anábasis fundamental y el punto alfa. Es la filosofía del panteísmo, la filosofía del Uno-Todo en el que Deus-Natura-Homo no hacen más que uno. Es la representación y la vivencia del universo que se expande sideralmente, presentado a nosotros desde una visión pico-química, como vías de enrollamiento orgánico sobre sí mismo. Se trata del esfuerzo por ver nacer la vida, de ver comenzar el movimiento de las formas y el deseo de ser todo, de ladrar, de mugir, de aullar, de volar. Es el fútil intento de estar en todo, de emanar con lo olores, desarrollándose como las plantas, de discurrir como el agua, de vibrar como el sonido, de bailar como la luz, de acurrucarse sobre todas las formas para penetrar en cada átomo y descender hasta el fondo de la montaña para ser la matera misma.
    En el fondo se trata del culto al dios de la dicha fácil y de la embriaguez (Dionisio), de la materia que llama por estar ahí solicitando al hombre para abandonarse a ella sin reservas y para que la adorase. Efusión por las formas que es también disolución en ellas. Búsqueda del punto alfa más allá de todo (principium individuationis) que pretende ser una salvación por el conocimiento de la materia –pero que sólo se logra secularizando el tiempo y la vida, reinando entonces la preocupación, si no se lo mitologiza, después de haberlo desacralizado. El carácter iniciático y soteriológico no puede ser así sino el de la utilización de estructuras religiosas residuales de la iglesia monista: la celebración de la llegada de las estaciones, renovando la arquitectura de los templos adornándolos, no con imágenes de santos y crucificados, sino con representaciones tomadas de las bellezas naturales: con al fuerza creadora de los trópicos, de los corales, las estrellas y las medusas tomados como un altar mayor.
  Mundo primitivo e infantil; Mito del mundo uno y armonioso, pues su mundo es el gran imperio vital del existir. El alma sólo tiene un rostro hacia afuera y no hay mito del alma, que no conoce el mundo de adentro, el reino invisible, el reino interior, únicamente accesible al alma. Se trata del concept existencial, de la imagen de la existencia perfecta y redonda en sí –radicalmente en contra de la idea de José Clemente Orozco con su Prometeo, donde se postula un centro nuevo con medidas nuevas. 
   Pintura existencial, es verdad, donde lo que se vive no es propiedad de su alma, sino una parte del mundo y su formaciones -quedando anclado en las profundas soledades de un más allá amorfo. Sin embargo, reconoce en la imagen del mundo los rasgos de lo vivido tan fielmente que lo contemplado nos enternece por la verdad de su contenido, que se eleva hacia lo grandioso. Porque la postura existencial trata del hombre definido por sus inclinaciones y convicciones y obligaciones exteriores –impuso que no lleva de dentro hacia un centro sentimental y una voluntad fundamental, sino que impulsa hacia afuera, a la fuerza centrífuga que tiene hacia la grandeza del mundo. Empero, en su agrado hacia lo objetivo y existencial, hacia el ser del mundo, pude sentir lo divino, sentir al gran ser que circunda al hombre y a sus figuras vivas –por lo que conocerlas a ellas es conocerse a sí mismo, siendo lo decisivo ponerse en contacto con ellas (parabién o para mal). Pero esa esfera dudosa y funesta que lo atrae es un hechizo que aparta del orden y del deber, ante lo cual invoca su poder y su grandeza. La conciencia no lo tortura, pues es un asunto de inteligencia que sigue su hechizo, no del sentimiento, del alma o de la voluntad, pero que sin embargo es oscurecida –trayéndole ello daño a su vida y a su honor. Error oriundo de buscar el motivo de la decisión moral no en la voluntad, sino en el conocimiento. Su mito es así en realidad el mito mundano, no el mito anímico, donde actúa el conocimiento y la convención social sobre la voluntad y el sentimiento. Otro de sus expedientes: "La Marcha de la humanidad" (1971) de David Alfaro Siqueiros, dentro del Poliforum Cultural, hoy en día absorbido por el WTC. 







[1] El mismo mito fue conocido por los antiguos mexicanos bajo la forma de Quetzalcóatl, al reunir el héroe cultural los valores separados de los principios y de los sexos que existencialmente se contraponen, siendo una deidad ante todo generadora, ligada íntimamente e identificada en el fondo con el arquetipo de Géminis. Diego Rivera se uniría en 1925 a la Hermandad Rosacruz Quetzalcóatl, desarrollando en su mural al fresco La Tierra Fecunda una intrincada visión conceptual .fundado en estas nociones. Ver Diego Rivera. Epopeya Mural. Textos de Juan Rafael Coronel Rivera, Linda Bank Downs y Luis Rius Caso. INBA, CONACULTA. México 2007. Págs. 47 a 49. 







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