martes, 8 de octubre de 2013

Los Murales en el Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo: el Dr. Atl Por Alberto Espinosa

Los Murales en el Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo: El Dr. Atl
Por Alberto Espinosa


   Paradójicamente el incendiario Dr. Atl, el profeta del Movimiento Muralista, quien pintó uno de los primeros murales en el claustro y parte de la escalera del ex Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo (“Preparatoria Chica”), centró su temática en una serie de “paisajes estilizados” y composiciones esotéricas, dedicándose en ellos más que nada a demostrar sus nuevos descubrimientos técnicos de resinas y pigmentos. Pintó así a con una técnica personal, la petrorresina, unas bacantes desnudas que causaron escándalo y que representaban El Sol, El Viento, La Luna, La Lluvia, La Noche, El Vampiro y El Titán. Los dos murales, que no resistieron a las contingencias del tiempo, y de los que difícilmente quedaron registros fotográficos, eran un experimento plástico del vulcanólogo que quiso expresar la identidad mexicana al través, no de los choques armados, la lucha proletaria, o los ideales revolucionarios, sino de la patente realidad natural del cuerpo humano y neutral del paisaje. ¿Acto de ascesis ideológica? Es probable. Porque que en la naturaleza mexicana hay también un ingrediente que constituye el alma colectiva. Búsqueda de una filosofía geográfica, pues, que constituye innegablemente parte de nuestra identidad patria. En un extremo de esa filosofía el Dr. Atl buscó representar la manera en que los elementos densamente tectónicos de la naturaleza logran la portentosa erección de la contracción de la materia hacia las atmósferas superiores para coronarse con la fría escarcha de las atmósferas superiores y así espiritualizarse. Intento, pues, de representar la materia en términos de espíritu –en el otro extremo, fue  el durangueño Fermín Revueltas quien se volcó hacia la naturaleza para intentar la fijación de lo volátil, representando entonces la el espíritu en términos de materia.




   La cierto es que el Dr. Atl se encontraba en aquel entonces bajo la influencia magnética de Carmen Mondragón, bella mujer provocativa, extravagante y “siniestramente mitológica”  que se hacia llamar Nahui Ollín y que Diego Rivera pinto bajo la forma de “la poesía lírica” en el mural La Creación (1921-1922) en el Anfiteatro Bolívar del ex convento jesuita de San Ildefonso. La tortuosa y apasionada relación amorosa entre Nahui Ollín y el Dr. Atl quedó plasmada el libro Poemas de Amor del Dr.  Atl (1959) donde prácticamente identifica el amor con la sensualidad.
   El Dr. Atl conoció a María del Carmen Mondragón el 22 de julio de 1921 en una fiesta de artistas bohemios celebrada en una casa del barrio de San Ángel. Rubia, esbelta, de enormes ojos verdes, iba acompañada de su marido, el pintor Manuel Rodríguez Lozano -del que por cierto estaba perdidamente enamorada la educadora Antonieta Rivas Mercado. De inmediato invitó a la pareja a que lo visitaran en su estudio y modesta residencia, pues el Dr. Atl vivía en la azotea del ex Convento de la Merced, como acto de resistencia para evitar la amenaza de demolición que pesaba sobre el inmueble por un decreto gubernamental que tenía el propósito de la expansión urbana. 
   Hay que agregar que el ex Convento de la Merced es una magnífica edificación única en su tipo. Ubicado en la calle de Capuchinas No. 90 (hoy Republica de Uruguay No. 170), el inmueble de estilo barroco cuenta en su planta baja con una arquería de estilo dórico del siglo XVII y en la planta alta con una impresionante arquería de estilo mudéjar, cuyos trece arcos arabescos con sus picos representan a Jesús y los doce apóstoles. La orden de los religiosos mercedarios contaba con una valiosa colección de pinturas, los cuales se ostentaban en los corredores de la planta baja y del primer piso, teniendo la iglesia en el siglo XVII una impresionante techumbre emplomada de dos aguas que daba con la luz del sol un inusual por fantástico resplandor azul-plateado en la azotea.
   Sobre ese marco se desarrolló la pasión amorosa entre Gerardo Murillo y Carmen Mondragón.  El 30 de julio se presentó con su marido al estudio del vulcanólogo, quien había quedado fascinado por su exótica belleza. Ella se había casado con Rodríguez Lozano no por amor, sino para escapar del padre autoritario, un viejo y acaudalado general porfirista que había tomado parte en el asesinato de Ignacio Madero en la Decena Trágica. Al poco tiempo salió a la luz pública la declarada homosexualidad del pintor y ella se fue a vivir con el Dr. Atl al ex Convento, riéndose con ello del mundo y de su marido.




   En su novela y libro de vivencias Gentes Profanas en el Convento el Dr. Atl relata –además del encuentro con espatos y ángeles vestidos a la última moda-. Su pasión por esa virgen furiosa “que había soñado con el amor” y de perversas voluptuosidades fue una pasión trágica.[4] Le dio el nombre de Nahui Ollin (“Cuatro Movimiento”) que en que en el idioma prehispánico náhuatl conjuga el símbolo del sol con el de la energía generadora de la vida. La relación se deterioró vertiginosamente, afectada en parte por la constantes vistitas de la intelectualidad mexicana; un continuo peregrinaje de escritores, críticos de arte, actrices, pero también de obreros y prostitutas. El Dr. Atl la abandonaba también para irse a pintar al Popocatepetl, quedándose ella sola en estudio, donde le escribía constantemente catas, de las que se conservan más de doscientas. Cartas de amor, pero también de celos, de odio e incomprensión. Los excesos dramáticos empezaron a rondar a la pareja, la cual exhibía comportamientos impulsivos rayanos en la locura, con constantes escenas de insultos e ira que eran  pasto para la comidilla de amigos y vecinos. Mujer hermosa y orgullos de su hermosura, soportó mal la situación. En alguna ocasión fue a visitarlo al Convento de San Pedro y San Pablo y lo insultó, mientras que desde el andamio el Dr. Atl le aventó al rostro un bote pintura.  En otra ella tomó una pistola y le apuntó al pintor al pecho mientras dormía, quien despertó en medio de una pesadilla: ella hincada sobre él, con el cabello desordenado. Después de mirarla fijamente, ella bajo la pistola lentamente… jalando el gatillo y dejando salir cinco tiros que fueron a impactarse al suelo.
   Se separaron y ella se fue a vivir a la azotea del Palacio de la Marquesa de Uruapan. Cayó en desgracia económica. Años después el Dr. Atl la encontró caminando por la calle de San Juan de Letrán y le regaló unos cuadros suyos para que los vendiera. El final de su vida fue muy triste, pues sumida en la penuria vagaba desaliñada por los jardines de La Alameda con una jauría de perros que la acompañaban.
   En lo que respecta a la obra mural del Dr. Atl irónicamente  prácticamente nada  quedó. Sus murales de la Preparatoria fueron destruidos. De su obra mural  sólo se  salvó un fragmento de la Vista arquitectónica de la ciudad de Puebla y un tardío proyecto para el Hotel Casino de la Selva. Sin embargo, al Dr. Atl se debe el diseño de una de las más famosas vidrierías de México: el telón de cristal del Palacio de Bellas Artes, el cual fue elaborado por la casa Tiffany de Nueva York. 
   Luego de iniciadas las obras en San Pedro y San Pablo José Vasconcelos ofreció entonces los muros de la Escuela Nacional Preparatoria a Diego Rivera, para que trabajara en el Anfiteatro de la Preparatoria de San Ildefonso acabado de construir. Sólo se pintó el fondo del Anfiteatro, pues Vasconcelos dispuso que Rivera pintara luego los muros del edificio de la Secretaria que se acababa de inaugurar, acordando con Rivera que se le asignara una decoración más amplia en ese lugar. Los demás muros, que doce años antes quisieron pintar el Dr. Atl y José Clemente Orozco, los ponía Vasconcelos a disposición del grupo de Coyoacán: Emilio García Chaero, Jean Charlot, Ramón Alva de la Canal. Fermín Revueltas y Fernando Leal, equipo al que posteriormente se unirían llenos de ardor David Alfaro Siqueiros y Amado de la Cueva.






[1] José Vasconcelos, De Robinson a Odiseo. Pedagogía Estructurativa (1935).  Editorial Constancia, México, 1952. Pág. 212 y 213.
[2] Julieta Ortiz Gaytán, Entre dos mundos. Los murales de Roberto Montenegro, Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. 2ª Ed.
[3] La obra Roberto Montenegro muestra que el muralismo tuvo muchas vetas. Él es de los pintores que conjugó el academicismo que aprendió durante sus dos estancias en Europa, de 1905 a 1909 y de 1912 a 1919, con los temas de la cultura popular, las tradiciones y la esencia del mexicano, pues la obra de Montenegro se distingue por sus líneas refinadas y lenguaje sofisticado. Los murales La industria, El Trabajo y el Comercio en el Museo de Irapuato, los cuales fueron destruidos y de los cuales sólo había referencias, quedaron sin embargo algunos bocetos inéditos. Julieta Ortiz Gaytán, Entre dos mundos. Los murales de Roberto Montenegro, Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. 2ª Ed. El texto ofrece una visión del trabajo mural de Montenegro desde su primer fresco en Palma de Mallorca, en el año de 1919, en España, hasta su último trabajo Apolo y la Musas, en el Teatro Degollado de Guadalajara.
[4] Dr. Atl, Gentes Profanas en el Convento, Ed. Botas. México, 1950. 





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