miércoles, 16 de octubre de 2013

José Clemente Orozco: San Ildefonso: 1923-1924 Por Alberto Espinosa Orozco

José Clemente Orozco: San Ildefonso: 1923-1924
Por Alberto Espinosa Orozco




   José Clemente Orozco pintó sus primeros grandiosos frescos en la planta baja del patio grande de la Escuela Nacional Preparatoria, en sus escaleras y en el primer piso, de 1923 a 1924, con un humilde sueldo de profesor de dibujo. Se trata de una serie de frescos cuyas imágenes simbólicas están organizadas en el cuerpo de una alegoría. En el primer nivel los tableros Maternidad, Cortes y La Malinche y La Trinidad, éste último un fresco a La Gloria de San Francisco; en la parte media un San Cristóbal, un Cristo y un Ángel; y en el último nivel de la Escuela La Trinchera, La destrucción del Viejo Orden, y El Padre Eterno. Por su parte Alfaro Siqueiros siguió pintando el techo en la Escuela Nacional Preparatoria el mural  El Espíritu de Occidente, composición estructurada con formas abstractas de origen mecánico las cuales sirvieron para expresar los símbolos de los cuatro elementos en el primer plafón.
   Es un hecho que fueron los pintores los primeros que realizaron una consideración a profundidad de las circunstancias nacionales, la mayor parte de ellos pintando con un sueldo humilde de obrero, dando así nacimiento al gran ciclo colectivo de la Escuela Nacional Preparatoria. La idea de la pintura mural  se desarrolló junto las ideas en boga nacionalistas, desarrollándose y definiéndose entre 1900 y 1920. En realidad la Escuela de San Ildefonso sirvió como un periodo de preparación, porque necesario antes que nada desarrollar una técnica hecha primero a base de ensayos y tanteos. Una vez que los artistas fueron dueños de su técnica y al ser un grupo organizado que aprendían unos de otros, la usaron ampliamente para expresarse.



   Sin embargo, para el año de 1923 se había desatado una campaña contra el movimiento muralista, pagada por la política personalista que se enseñoreaba por ese tiempo en el país, a la que inmediatamente se adhieren los detractores mezquinos, retardatarios e ignorantes, contando con la complicidad del vulgo semicivilizado y burgués, imantando a la masa incolora y a toda laya de oscurantistas fracasados y envidiosos. El movimiento muralista, empero, defendió sus expresiones como afirmación de nuestra nacionalidad, y por estar ellas de acuerdo no sólo con el sentir del pueblo, sino también con el gusto de los escogidos y con la civilización del buen gusto universal –seguridad que daba a los pintores la resonancia que el movimiento había tenido, en franca acogida, en los círculos cultos internacionales.  Lo que molestó a la reacción fue ver en tamaño ampliado y de gran envergadura a los prototipos de la sociedad capitalista: el clero oscurantista y manipulador, los lideres corruptos que envilecen a la clase obreras, lacras del político y del militar, los intelectuales homosexuales y los rorros fascistas, los falsos revolucionarios y sus políticas burguesas y la complicidad de los falsos socialistas y, en fin, el chango malhecho a que habían reducido al campesino mexicano tras cuatro siglos de desamparo y discriminación.


     Así el 7 de julio de 1923 empieza José Clemente Orozco de 39 años de edad a pintar los muros en el Colegio de San Ildefonso en el corredor del Primer Piso de la Escuela Nacional de San Ildefonso. A principios de 1922 Orozco había sido nombrado Profesor de Dibujo en la Escuela Nacional de Bella Artes y en enero del año siguiente había entrado a trabajar en el Departamento Editorial de la SEP como viñetista y diseñador para el magno proyecto de las “Obras Clásicas”. José Juan Tablada lo recomienda entonces a José Vasconcelos para ser tomado en cuenta para el proyecto mural de la Preparatoria Nacional. El pintor, de 29 años de edad, realiza entonces el conjunto de tableros de corte simbolista “Los Dones que Recibe el Hombre de la Naturaleza”, compuesto por: “Maternidad”, Cristo destruyendo su cruz”, “Los Elementos”, “La Lucha del Hombre con la Naturaleza”.  Lo que más se admiró en estos primeros muros de Orozco fue la compleja y rica integración plástica lograda entre pintura y arquitectura –asunto sobre el que la fotógrafa Tina Modotti dejó constancia gráfica.



   La primera campaña contra la obra revolucionaria de José Vasconcelos tomó a los pintores murales como pretexto para lanzar desprestigiar el proyecto reformador educativo. El 23 de julio de 1923 firman una Protesta pública José Clemente Orozco, Diego Rivera, Jean Charlot, Amado de la Cueva, Roberto Montenegro, Xavier Guerrero, Carlos Mérida, Fermín Revueltas, Siqueiros, Rodríguez Lozano, Emilio Amero, Abraham Ángel y José García Uribe.  La Protesta señalaba la campaña contra el movimiento de pintura, atacado por la ignorancia y la envidia, infamia mal calculada que quería mezclar el movimiento con la política personalista, cuando era en realidad la afirmación y expresión de la nacionalidad del grupo, encontrando el gusto mexicano que lo norma acuerdo entre los hombres civilizados; mezquinos enemigos que deben ser tratados como lo que son: retardatarios, ignorantes y perjudiciales, sombra ideológica de aquellos que se niegan a vacunar, a bañarse o a aprender el silabario. Oscuros fracasados y envidiosos de los artistas que trabajan de acuerdo con el sentir del pueblo y un gusto escogido, burgueses incomprensivos que quieren normar el derecho de la obra de arte tomando como medida su propia bajeza. El equipo de trabajo de la Secretaría de Educación comandada por José Vasconcelos se adhiere de inmediato a la protesta: Martín Luís Guzmán, José Juan Tablada, Antonio Caso, Julio Torri, Carlos Pellicer, Ignacio Asúnsolo, Vicente Lombardo Toledano, Pedro Henríquez Ureña, Luís Enrique Erro, Manuel Cobarrubias, Jorge Juan Crespo de la Serna, Manuel Toussaint, Palma Guillén,  Genaro Estrada, Alfonso Cravioto, Salomón de la Selva, Carlos Obregón Santacilia, Adolfo Best Maugard, Eduardo Villaseñor, José Romano Muñoz y Carlos Gutiérrez Cruz.
   El 20 de julio de 1923 es asesinado Francisco Villa, produciéndose el 5 de diciembre la insurrección de Adolfo de la Huerta, Enrique Estrada y Guadalupe Sánchez en Veracruz, con el apoyo de las compañías petroleras, contra el gobierno de Álvaro Obregón, en protesta contra la imposición de Plutarco Elías Calles como presidente de la República. El 9 de diciembre de 1923 firman un Manifiesto en contra de los golpistas los intelectuales y artistas no envilecidos por la burguesía, firmándolo: José Clemente Orozco y sus colegas Siqueiros, Rivera, Xavier Guerrero, Calor Mérida, Fermín Revueltas, Ramón Alva Guadarrama y Germán Cueto. La situación estaba definida en dos bandos claramente diferenciados: de un lado la revolución social, más ideológicamente organizada que nunca, compuesta por la raza indígena, los obreros y los campesinos que clama por la desaparición de un orden envejecido y cruel, del otro la burguesía armada que azotaba a los pobres por su avaricia, o los explotadores del pueblo.







   El Manifiesto ensalzaba el arte del pueblo y la tradición indígena, repudiando en cambio el individualismo burgués masturbatorio, el arte de caballete por aristocrático, pronunciándose por un arte monumental, a causa de su utilidad pública, de su propaganda ideológica en bien del pueblo, con una finalidad de belleza para todos.
   El colmo llegó cuando las damas de la Cruz Roja hicieron una kermesse de caridad en el Patio Mayor de la Preparatoria, expresando en voz alta su disgusto y desprecio por el trabajo de José Clemente Orozco, al cual le ordenaron con altanería que se retirara, mandando deshacer sus andamios y clavando sobre los murales adornos para la fiesta. Entre los estudiantes se había sembrado la envidia, volviéndose reacios a la belleza, generándose un progresivo malestar derivado de su mal gusto, al grado que el disgusto se convirtió en queja, yendo en masa a protestar ante la Secretaría de Educación. El escultor Ignacio Asúnsolo, quien trabajaba las esculturas que decorarían la fachada y los patios de la Secretaría de Educación, tomó armas en el asunto: se presentó una mañana en la Preparatoria y junto con su brigada de sesenta canteros que tenía a su servicio lanzaron mueras contra los estudiantes reacios a la belleza y empuñando su 45 inició una balacera que agotó los tiros de sus tres cananas. José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros fueron violentamente arrojados a la calle por los estudiantes como perros rabiosos y sus murales fueron gravemente agredidos a palos, pedradas y navajazos.[1] Era la reacción natural de una clase media provinciana, arribista e hipócrita, formada al amparo de la confiscación de la revolución armada por parte de la burguesía nacional,  inmersa en la maquinaria de la corrupción política y en la mezquindad servil que se iba enquistando en el sistema educativo, formando con ello un establisment refractario, inclinado al prejuicio, la superstición y el corporativismo.
   También el periodismo participó con punzantes críticas, asumiendo para ello una nefasta influencia política. Todo ello se debió a que la conciencia “moral” no tolera al arte su libertad de pensamiento y a que la conciencia “reaccionaria” no tolera del espíritu ninguna originalidad en ningún orden de ideas. Tal conciencia social pronto dejó extender su alarma a la multitud de insensatos y de retrasados del espíritu, dando con ello oportunidad al vulgo para escandalizarse y perseguir a quienes no comparten ni su mediocridad ni sus fetiches, Moral de la cobardía que pronto encarnó en los políticos, los cuales dejaron sentir su tiranía sobre la voluntad original y libre que inspiraba al movimiento de los muralistas.
   El hostigamiento contra los muralistas había llegado al paroxismo hacia finales del gobierno de Obregón. Si embargo, José Clemente Orozco había pintado ya el mural  Cristo destruyendo su cruz (el cual sería borrado por Orozco dos años después y sustituido por La Huelga), junto con Los Elementos (sustituido en 1926 por La Trinchera) y otros murales modernistas que Orozco hizo desaparecer: Tzontemoc, Lucha del Hombre con el Gorila, El Sol, Colegialas, Primavera -y algunos más que conservó, Maternidad, El Padre Eterno,  La Ley y la Justicia y Las Fuerzas Reaccionarias.  Por su arte David Alfaro Siquieros pintó la encáustica, en el panel del techo primer tramo de las escaleras, El Espíritu de Occidente o Los Elementos (1923), que es una mujer alada con los símbolos de los cuatro elementos, el fresco El llamado a la libertad o Los ángeles de la liberación (1923), el encáustica Los mitos (1924), el fresco Entierro del obrero sacrificado (1924), pintura en las que tres obreros cargan un ataúd con una cruz y un martillo, que es un homenaje póstumo al socialista Felipe Carrillo Puerto asesinad el 3 de enero de 1924.











   El 30 de noviembre de 1923 estalla una rebelión contra el presidente Álvaro Obregón, la rebelión delahuertista. Para la época navideña ya se combatía en la Ciudad de México y en enero Vasconcelos renuncia a su cargo como ministro de la Secretaría de Educación como protesta contra la represión de los rebeldes, pero es persuadido por Obregón para mantenerse en el cargo. La sublevación duró hasta el mes de marzo de 1924, fue sofocada y Adolfo de la Huerta desterrado, dejando la rebelión un saldo rojo de siete mil muertos.
   El ministro de Educación José Vasconcelos no apoyó la candidatura presidencial de Plutarco Elías Calles y el 28 de enero de 1924 prefirió renunciar antes de seguir a Obregón en apoyo a su candidato. Obregón lo convence por un tiempo de que aguarde los cambios. La situación política siguió inestable y Vasconcelos presenta nuevamente su renuncia en junio de 1924, pero esta vez de forma definitiva, como protesta por la elección a la presidencia de Plutarco Elías Calles, lograda con el apoyo de intereses estadounidenses, pero también con el del presidente Obregón. Vasconcelos sale a fines de junio para inmediatamente lanzar su candidatura a gobernador de Oaxaca. Al salir José Vasconcelos de la Secretaría de Educación Pública los trabajos murales en la Preparatoria de San Ildefonso tuvieron que ser suspendidos pues los sectores reaccionarios de jóvenes y adultos más vandálicos los habían hecho blanco fácil para desahogar su repudio a los artistas revolucionarios, cobrando la saña contra los frescos de Orozco especia brutalidad, pues los rayaron y golpearon, pegándoles encima mantas y papeles, hicieron pintas sobre las obras de los muralistas, las escupieron y escribieron sobre ellos palabras ofensivas.







   Las protestas contra las agresiones de las pinturas murales venían publicándose desde marzo de 1924, mes en que comenzó a publicarse El Machete, órgano del SOTPE. Diego Rivera no estuvo de acuerdo con el tono de la protesta de septiembre de 1924 y renunció al sindicato cuyo secretario era Alfaro Siqueiros. En realidad el rompimiento de Rivera era con Orozco, con quien ya no podía compartir el mismo ideal de belleza ni la misma relación con el gobierno. La protesta señalaba como los depredadores de las pinturas murales a los Caballeros de Colón, a las Damas Católicas, a los liberales fosilizados, a los demócratas melifluos, a los burócratas arraigados y a los estudiantes fifís, hijos de explotadores –responsables todos de truncar el esfuerzo colectivo que ayudaba a los trabajadores de México en su revolución social.[2]
   La pintura mural empezó a invadir los muros de San Ildefonso, pero a los preparatorianos, estudiantes, empleados y profesores, no les caía bien la pintura de los artistas revolucionarios y daban constantes muestras de indignación. Tampoco a los periodistas, empezando violentas críticas por escrito. Las intrigas, envidias que confrontaban a los artistas pronto cedieron su sitio a la unidad que suscitó la agresión a su trabajo. 
   Relata Orozco que prácticamente a nadie le gustaban los nuevos murales, siendo frecuentes las quejas y protestas que los estudiantes llevaban a la Secretaría de Educación. El escultor durangueño Ignacio Asúnsolo que trabajaba en las esculturas que decorarían la fachada y los patios del edificio de la SEP, al enterarse de las quejas estudiantiles contra los muralistas se presentó un mañana en la preparatoria empuñando su pistola 45 y comenzó una balacera que agotó los tiros de sus tres cananas saliendo al frente de 60casnterros que tenía a su servicio, mientras él  sus brigadas lanzaban muras a los estudiantes reacios a la belleza.
   En otra ocasión las damas dela Cruz Roja o de la Cruz Verde  eligieron el patio de la Preparatoria para hacer una kermesse de caridad, ordenando al pintor con altanería que se retirara, mandado deshacer en el acto los andamios y clavaron sobre las pinturas en ejecución adornos para la fiesta. La comitiva expresaba en voz alta su disgusto y desprecio por u trabajo, desagradándoles especialmente el mural Maternidad, pues decía que era una Virgen desnuda con un hijo.[3]
   El incidente  suscitado a propósito del muro “Maternidad, 1923, sirvió sin embargo a Orozco para tomar a las vejetas arguenderas y prepotentes como incalculable modelo de caricatura para su mural Las fuerzas reaccionarias de 1924. El cuadro de reminiscencias renacentistas Maternidad formaba parte del ciclo Los Dones.
   Los pintores sindicalizados se radicalizan; en el patio Grande la Preparatoria Orozco comenzó a insertar hoces y martillos en los entrepaños de la planta baja (La Revolución, La Unión Obrera y Campesina) –pues convertir la pintura en una función implicaba predicar desde los andamios una nueva religión, impregnando con los andamios esa idea mística.  Ante la imposibilidad de seguir trabajando los muros Orozco se refugia como caricaturista en las páginas de El Machete. Queda entonces como titular de Educación Bernardo J. Gastelum, quien por pocos meses, de julio a noviembre de 1924, ocupa el puesto con orden terminante de suspende los trabajos de pintura mural en la Preparatoria de San Ildefonso. Por último fue destituido Orozco como profesor de la Escuela Nacional de Bellas Artes, y acto seguido se le ordenó suspender definitivamente las obras murales en el Colegio de San Ildefonso. Bernardo J. Gastellum fue sucedido por el doctor José Manuel Puig Casauranc (1888-1939) quien fue secretario de noviembre de 1924  hasta el año de 1928.  Por orden del director de la Secretaría de Educación, doctor J.M. Puig Casauranc, también pinta un muro de cien metros cuadrados en la Escuela Industrial de Orizaba para el año de 1926, hazaña llevada a cabo en dos semanas, no teniendo como ayudante sino a un albañil.






[1] José Clemente Orozco, Autobiografía. Págs. 80 y 81.
[2] “Protesta del Sindicato Revolucionario de Pintores y Escultores por  nuevas profanaciones de pinturas murales”. El Machete , No. 13, del 11 al 18 de septiembre de 1924. Ver Raquel Tibol, José Clemente Orozco: una vida para el arte.  Pág. 72.
[3] José Clemente Orozco, Autobiografía. Pág. 80 y 81. 






2 comentarios:

  1. Thank you for this valuable history.

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