viernes, 20 de septiembre de 2013

La Crisis de la Academia y la Revolución. Historia del Muralismo Mexicano Por Alberto Espinosa Orozco

La Crisis de la Academia y la Revolución
Por Alberto Espinosa Orozco




   En el año de 1911 los artistas que estaban en Europa mandaron sus cuadros a México para ser exhibidos en grupo: Se exhibían cuadros de Roberto Montenegro, Diego Rivera (La Casa sobre el Puente), Alfredo Ramos Martínez, Ángel Zárraga, Téllez Toledo y Francisco Gotilla. La caída de la dictadura porfirista calentó los ánimos y los estudiantes de arte inflamados por el anhelo de nuevas direcciones en lo estético dieron la batalla contra los conservadores incrustados en el aparato universitario que defendían enérgicamente sus posiciones retrógradas. El desprestigio acarreado por la cerrazón académica hacia nuevas alternativas incitó una rebelión, no sólo contra el clasicismo, sino también contra el absolutismo y el colonialismo que ocultaba, abriendo todo ello la posibilidad a un regionalismo cultural.
   En ese tiempo estalló en México la huelga en la Academia, que se prolongaría de 1911 a 1913. La gota que derramó el vaso fue la llegada de unos profesores académicos de París para impartir un método francés de enseñanza de dibujo llamado Sistema Pillet, pero sobre todo pesaron los abusos del Dr. Daniel Vergara Lope, quien en sus clases de anatomía vendía un texto traducido por él del francés que los estudiantes debían seguir ciegamente, pues el mismo Dr. Vergara había retirado todos los libros de anatomía artística de la biblioteca de la escuela. La protesta de los estudiantes desató una ola de impopularidad contra el director de la academia Antonio Rivas Mercado, quien había construido la columna del Ángel de la Independencia, señalado por la prensa de ineptitud artística, de incompetencia y nulidad, además de haber sido “científico” y de ser un dictador.
   El joven  poeta romántico Raziel Cabildo fue el encargado de redactar el manifiesto contra la Academia, pero con un lenguaje tan suave y armonioso que hacia pensar en Rubén Darío. El manifiesto fue firmado por José Clemente Orozco, Ignacio Asúnsolo, Francisco Romano Guillemin, Francisco de la Torre, Jorge Enciso, Saturnino Herrán, Ernesto García Cabral y el mismo Raziel Cabildo. Pedían la destitución del arquitecto  Antonio Rivas Mercado y de los profesores “de la Pillet”, un cambio radical en los planes de estudio, la abolición del sistema de premios, por ser un método arbitrario de evaluación entre los alumnos que daba lugar al oportunismo, así como la separación de la escuela de arquitectura de la pintura y escultura. Rivas Mercado fue apedreado en un motín de estudiantes liderados por David Alfaro Siquieros e Ignacio Asúnsolo, quienes fueron a dar a la cárcel. En la brigada de choque de los “analfabetos”, como la llamaría Clemente Orozco, se encontraban también Fernández Urbin, los hermanos Labrador –luego poderosos banqueros de Isabel la Católica-, Romano Guillemin, Miguel Ángel Fernández, Luís G. Serrano y el periodista José de Jesús Ibarra.
   En abril de 1912 Rivas Mercado se ve orillado a renunciar a la dirección de la Escuela de Bellas de Bellas Artes de San Carlos y para finales de 1913 Alfredo Ramos Martínez (1871-1946), quien había llegado de Europa, pacta con el gobierno de Victoriano Huerta y es nombrado por el Secretario de Instrucción Pública, Nemesio García, director de la Academia Nacional de Bellas Artes, una especie de entelequia que dependía directamente del gobierno. La idea de Ramos Martínez era la de importar la estética impresionista, captar la fugacidad de las impresiones ópticas, instalando en México una sucursal de la modernista escuela de Barbizón, famosa aldea a orillas del Sena cerca de París.
   En octubre de 1913 se fundo así la primera Escuela de Pintura al Aire Libre (EPAL), en Santa Anita, Iztapalapa, a orillas de la ciudad de México. Los pintores ya conocían el estilo de Ramos Martínez a través de su cuadro La Primavera, en la que representaba a un grupo de muchachas aristocráticas con vestidos vaporosos de colores suaves, inundadas por un ambiente cargado de perfumes entre flores cintas y encajes. Pues con el apoyo de los estudiantes fue Ramos Martínez quien prometió acabar con el monstruo académico haciendo grandes reformas a los métodos de estudio. Muchos artistas fueron atraídos por las EPAL pintando bonitos paisajes en reglamentarios de tonos violetas para las sombras y verde Nilo para los cielos , siendo los espíritus orientadores de aquella empresa Claude Monet, Renoir, Matisse, Camil Pizarro y en fin, todos los impresioncitas franceses juntos.
   Por su parte Gerardo Murillo quien había marchado a Europa al iniciarse la huelga de la Academia de San Carlos en 1911, debido a las intrigas que se cernieron en torno al Centro Artístico formada por él con la colaboración de Orozco y de Clausell, se instala en París  y con la ayuda del poeta argentino Leopoldo Lugones modificada su nombre al de Dr. Atl –años antes ya había formado sus artículos periodísticos con el nombre del Dr. Orage (Dr. Tempestad), en el tiempo en que combatía el academicismo prevaleciente del profiriato por su dulzonería, abigarramiento, cursilería y mezquindad. En Europa el Dr. Atl se dedicó a montar exposiciones con sus trabajos en varias ciudades de Francia y Alemania. En el año de 1913 dirige la publicación Action d´Art y con un grupo de intelectuales funda la Liga Internacional de Escritores y Artistas la cual tenía como cometido editar y difundir obras estéticas, así como transformar a sus miembros en agentes combativos del progreso.. La revista Action d´Art, órgano e la Liga Internacional de Escritores y Artistas, tenía así como objetivo reunir a los artistas y escritores en una coalición para transformarlos en “factores primordiales de progreso”. Ya dedicado en pleno a la política el Dr. Atl organiza una campaña en contra del chacal Victoriano Huerta, abandonando la revista Action d´Art  para fundar, junto con el poeta y diplomático Luís Quintanilla, el periódico Lá Revolucion au Mexique, en que denunciaban al régimen del usurpador. En marzo del mismo año se adhiere al Manifiesto a la Nación de Venusiano Carranza. 
   Regresa en 1914 a México sin barba, disfrazado de italiano y hablando la lengua de aquel país. El Dr. Atl se reúne con Venustiano Carranza y se adhiere a la cusa constitucionalista, entrando también de lleno en la esfera de influencia del general Obregón con el objetivo de desarrollar en ella su actividad revolucionaria. Primero es nombrado Interventor de Escuela Nacional de Bellas Artes de San Carlos, el 25 de agosto de 1914, y el 10 de octubre del mismo año es ascendido a director de la Academia, en la que inmediatamente propone un  innovador programa y reforma profunda de los planes de estudio que proponía que la escuela funcionara como un taller de obreros, donde estos pudieran bañarse, trabajar y ganar dinero. Su concepción politizada del arte incluía el ejercicio de temas libres que abarcaran objetos nacionales y representaciones simbólicas o concretas de la Revolución, estableciendo el trabajo conjunto de arquitectos, pintores y escultores con el fin de levantar escuelas armoniosas y bellas, también se contemplaba la exhibición de cerámica popular y crear un museo con obras de carácter histórico. Al poco tiempo, en julio de 1915, luego de intentar convertir a la Academia en un “taller popular”, el Dr. Atl es suspendido como director y es obligado a abandonar la escuela. Inmediatamente se une a las movilizaciones políticas del “Primer Jefe de la Revolución”, Venustiano Carranza, quien representa sin embargo los intereses del bloque terrateniente burgués dentro de la revolución.
   Tras la ruptura de Venustiano Carranza con el grupo de los Convencionalistas en noviembre de 1914, el autodenominado “Jefe Máximo” llama al Dr. Atl  para nombrarlo Jefe de Propaganda e Información en Europa y América del Sur. El Dr. Atl marcha así como “enviado de la paz” para entrevistarse con Zapata, quien se había negado a reconocer a Carranza como “primer jefe” por no respetar el Plan de Ayala. La entrevista con Zapata resulta infructuosa, pero el Dr. Atl aprovecha para, al internarse en los terrenos del Ejército Libertador del Sur y espiar los contactos que los zapatistas tenían en Puebla, Morelos, Guerrero y la Ciudad de México,  acto por el cual el Tribunal Revolucionario del Ejercito Libertador del Sur lo condenó a la pena máxima, por causa espionaje –juicio que por las vicisitudes revolucionarias quedo sin efecto. No contento con ello, el pintor jaliciense también arremetió contra el zapatismo en conferencias, difamando en las mismas a Francisco Villa y al Artillero del Estado Mayor de la División del Norte, el culto revolucionario general Felipe Ángeles –quien había reclutado al pintor zacatecano Francisco Gotilla como “enviado cultural”.
   Luego de instigar a la destrucción de los Atilas del Norte y del Sur, el Dr. Atl organizó entre 1914 y 1915 la Casa del Obrero Mundial. La Revolución armada se había escindido, pues mientras que Villa y Zapata controlaban las zonas agrarias, conformando el ala convencionalista, las divisiones de Obregón y Pablo González intentaban presionar en los centros industriales, pues necesitaban el apoyo de los trabajadores urbanos, representando el ala constitucionalista de la Revolución comandada por Venustiano Carranza. Los trabajadores industriales se concentraron así en la Casa del Obrero Mundial, sindicato que trataba de mantenerse al margen de los enfrentamientos entre las facciones revolucionarias. Los trabajadores de “La Mundial” estaban divididos e indecisos respecto al bando al que se afiliarían, si al villista o al carrancista. Luego de una larga y tormentosa discusión se presentó el Dr. Atl con un elocuente discurso que inclinó definitivamente la balanza hacia el lado carrancista.
   El Dr. Atl pagado por el carrancismo había fundado en Puebla la Confederación Mundial del Trabajo y al llegar a la Ciudad de México adquirió gran notoriedad entre los obreros capitalinos pues repartía los billetes carrancistas entre las capas más desprotegidas de la población y también entre los obreros de COM. El día 10 de febrero de 1915, tres días después de reventar la huelga de la Compañía Telefónica y Telegráfica Mexicana armado con sus ardientes discursos visionarios y carretadas de bilimbiques, el Dr. Atl logró que la COM se aliara la causa carrancista, en un acuerdo forzado para ambas partes, logrando con ello el compromiso de leyes favorables para los trabajadores.
   Ante la amenaza inminente de que las tropas de Francisco Villa tomaran la Ciudad de México, como efectivamente sucedería, Obregón ordenó la evacuación y en varios convoyes se fue en masa la Casa del Obrero Mundial con rumbo a Orizaba, Veracruz. Detrás de ellos, en otro tren de carga, se cargo entero el periódico El Imparcial del Sr. Reyes Spíndola, con todo y maquinaria, enseres e implementos. En uno más viajaba el Dr. Atl acompañado por José Clemente Orozco con algunos amigos pintores, escritores y sus familiares.
   Al llegar a Orizaba lo primero que hicieron las tropas obregonistas fue asaltar y saquear los templos de la población. El templo del Carmen fue asaltado asimismo  y entregado a los obreros de “La Mundial” para que allí vivieran. Los pintores se llevaron los ornatos de los altares y de los sacerdotes. Cuenta Clemente Orozco en su Autobiografía que todos los pintores salieron contentísimos adornados con rosarios, medallas y escapularios. Los santos, confesionarios y altares fueron hechos leña para que cocinaran las mujeres. El Dr. Atl organizó a los obreros en los primeros “batallones rojos” de la revolución, saqueando primero otro templo donde instalaron prensas y linotipos para un periódico editado por ellos, para luego batirse heroicamente en batalla de Celaya contra los villistas 
   Escritores y pintores fueron instalados en una casa que había sido convento, llamada por ellos “La Manigua” y en la iglesia de Los Dolores, previamente vaciada, se instalaron dos prensas planas, los linotipos y los aparatos del taller de grabado, instalando la redacción en la casa del cura, dándose inmediatamente a la tarea de editar un periódico revolucionario llamado La Vanguardia, el cual adoptó el lema carrancista: “Defensa y realización de la autonomía individual y de los derechos de la colectividad”. .
   El director de La Vanguardia era el Dr. Atl y el jefe de redacción Raziel Cabildo; entre los redactores estaban Manuel Becerra Acosta (alias “Julio el Verde”), Francisco Valladares y Luís Castillo Ledón; en el consejo de arquitectura Francisco Centeno, grabador Tostado; caricaturista José Clemente Orozco; dibujantes, Miguel Ángel Fernández y Romano Guillemín. . Orozco y los dibujantes se pusieron a hacer carteles para  anunciar el periódico, los cuales fueron usados en los mítines revolucionarios. El mismo periódico envió a David Alfaro Siqueiros y a Francisco Valladares a Jalisco para estar cerca del general Maule M. Dieguez, gobernador del estado que combatía a los villistas. Sequeiros hizo carrera y fue posteriormente nombrado capitán de la División del Occidente en donde le llamaban “el coronelazo”. En el año de 1915 Carranza ordena transformar el fuerte de San Juan de Ulúa en museo y José Clemente Orozco realiza una gran composición teniendo como tema la poderosa arquitectura del castillo: El puente de San Juan de Ulúa (1915)  El 17 de julio de ese mismo año tiene lugar en Orizaba una poderosa manifestación de diez mil obreros en honor a Carranza con el lema “Dentro del Constitucionalismo se Realizarán las Reformas Sociales que Emanciparán al Pueblo”.
   La alianza de los obreros con Carranza fue un episodio clave para el devenir de la revolución, pues fueron los obreros los que inicialmente sostuvieron al Primer Jefe para  luego legitimar a Álvaro Obregón y a Plutarco Elías Calles en el poder. La clase obrera pactó así a cambio de una política social más avanzada y una legislación obrera, con lo cual quedó estrechamente vinculada con al familia constitucionalista sonorense, viviendo a cambio de ello a la sombra del Estado autoritario, al amparo del cual fue desarrollándose la burguesía oligárquica nacional. La clase obrera, señala Octavio Paz, quedó así bajo la férrea tutela gubernamental, en una alianza convertida en sumisión, premiando el gobierno a sus dirigentes con puestos públicos –proceso que se acentuó en el periodo más extremista de la revolución, con Lázaro Cárdenas, época en que se dio a luz una figura típica de la revolución triunfante: la del líder obrero convertido en profesional de la política, premiando su obediencia con diputaciones, senadurías o gubernaturas. Alianza desastrosa, por cierto, pues ella ha sido el principal impedimento de una verdadera democracia sindical en México.
   Clemente Orozco ha dejado algunas imágenes del horror de la tragedia revolucionaria en su primera fase de guerra civil: las tropas marchando por las vías férreas hacia el matadero mientras se celebraba a gritos los triunfos de La Trinidad y de Celaya contra Pancho Villa. Sí, al grito de “Viva Carranza, Muera Villa” los desgraciados peones zapatistas que caían presos de los carrancistas eran abatidos por el pelotón el atrio de la parroquia de Orizaba. El examen social de ese momento histórico realizado por el genial muralista no puede ser más ilustrativo: había cundido, dice, el odio en lo político y la lucha por el poder y la riqueza, las intrigas subterráneas entre los amigos dispuestos a exterminarse mañana, la subdivisión hasta el infinito de las facciones y los deseos incontenibles de venganza. La gente, prosigue, se acostumbró a la matanza, al egoísmo más despiadado, al hartazgo de los sentidos, a los asaltos y a los excesos de todas clases, a la animalidad pura y sin tapujos.[1] 
   En el año de 1916, tras los triunfos de Carranza sobre las huestes de Villa y Zapata, el constitucionalismo se radicalizó tomando posiciones de extrema derecha y con un notable doble lenguaje empieza a tildar a todos los contrarios de “reaccionarios”. En ese año los batallones rojos de la COM fueron licenciados sin obtener pago alguno, sus publicaciones fueron canceladas y las oficinas de la confederación en México fueron clausuradas bayoneta en mano. Los obreros dejaron de apoyar la política económica de Carranza puesto que cada vez se encontraban más empobrecidos. La huelga general en la capital empezó a configurarse. El Dr. Atl llevó al comité de huelga a dialogar con el Primer Jefe, quien en respuesta lo acusó de haber puesto a los obreros en su contra, por lo que manda encarcelar al artista por el delito de insubordinación, mientas el gobierno apresaba a los dirigentes obreros. Carranza decreta la disolución de la COM y ante la protesta del Dr. Atl que había sido excarcelado el gobierno clausura su periódico Acción Mundial cuyo objetivo había sido defender la revolución constitucionalista a la vez que mostraba a los tres grandes enemigos del pueblo: el capital, el clericalismo y el militarismo.
  El Dr. Atl en cuanto pudo se exiló en los Estados Unidos, en Los Ángeles, radicando en esa ciudad entre 1916 y 1920, conspirando tan infatigable como inútilmente contra el líder constitucionalista. Sin embargo el Dr. Atl aparentemente se solidariza con Carranza a partir del plan de Agua Prieta lanzado por Álvaro Obregón con el objetivo de destituirlo de la presidencia. El artista vuelve de California y se reúne con el presidente en la ciudad de México. Cuando el jefe constitucionalista tiene que huir con rumbo a Veracruz, el Dr. Atl lo acompaña en el tren, pero sólo hasta llegar al poblado de los Aljibes, donde el pintor hace un discreto mutis, mientras deja seguir a Venustiano Carranza el trayecto fatal hasta Tlaxcalatongo. A partir del asesinato de Venustiano Carranza en mayo de 1920 el Dr. Atl quedará totalmente marginado de la política nacional.
   Por su parte José Vasconcelos, que había sido agente confidencial de Venustiano Carranza en Estados Unidos y Canadá durante el golpe de estado de Victoriano Huerta y Feliz Días, logra que los gobiernos de Inglaterra y Francia lo reconozcan como presidente de facto en el año de 1914. Carranza lo nombra a su regreso director de la Escuela Nacional Preparatoria, por un breve lapso, porque luego de verter algunas críticas sobre el caudillo revolucionario éste, molesto, ordenó su arresto. Así, tan infranqueables discrepancias con el jefe constitucionalista lo llevaron al exilio, permaneciendo en Estados Unidos de 1915 a 1920 -año en el que se adhiere al Plan de Agua Prieta y se entrevista con Álvaro Obregón. Siendo Adolfo de la Huerta presidente interino nombra a José Vasconcelos Jefe del Departamento Universitario y de Bellas Artes, cargo que apendicularmente incluía la rectoría de la Universidad Nacional, permaneciendo en él del 9 de julio de 1920 al 12 de octubre de 1921, tiempo en el que luchará por la autonomía universitaria al lado de Manuel Gómez Morín.[2]
   La Revolución Mexicana de 1910 fue no sólo la primera revolución armada del siglo XX, sino una onda de choque cuya fuerza cimbra los cimientos de la sociedad mexicana y acaba expandiéndose recorriendo el mundo entero.
   El episodio maderista que inicio la conflagración fratricida fue una revolución a medias lastrada por la confusión y la inconsistencia, entrando en país en general en un estado de desorden político. El ladino general Victoriano Huerta dejó que acabaran con el general Bernardo Reyes en la Ciudadela y lanzando los batallones maderistas contra los cañones. Luego mandó matar a Ignacio Madero y a Pino Suárez, para luego eliminar uno a uno a todos los contrarios. Luego puso garitos en todas las esquinas para reclutar por medio de la leva a los hombres fuertes. De noche la ciudad era algo fantástico debido a los numerosísimos centros de juerga. En los teatros el albur había tomado cetro y la leperada corona y en medio de un ambiente denso y nauseabundo se daba la mezcla social en un confuso hibridismo de intelectuales artistas, burócratas, oficiales, políticos y secretarios de estado. El cáncer de la inquirida bohemia marcada por la melena, la suciedad, el alcohol y las enfermedades surtidas hacía sus estragos en la Academia, rematada por la rutina y por los fósiles estudiantiles con vocación de momias.
   Varios caudillos a la cabeza de veinte mil generales se levantaron contra Huerta, seguidos de miles de soldados seguidos por sus mujeres e hijos, detrás de los cuales iba el pueblo en masa. La tragedia desgarró al país. La gente se acostumbró a la matanza, al egoísmo más despiadado, al hartazgo de los sentidos, a la animalidad pura y sin tapujos. Las poblaciones pequeñas eran avasalladas y se cometía toda clase de excesos. En lo político el deseo incontenible de venganza y las intrigas subterráneas: la guerra sin cuartel y la lucha por el poder y la riqueza que desembocó en la división infinita de las facciones.
   La revolución se había dividido en dos bloques: el terrateniente burgués, comandado por Carranza y Obregón, y el de la democracia revolucionaria, comandado por Villa y Zapata. Pelearon todos contra todos y las cosas quedaron igual, si no es que peor que antes. Fue una guerra furiosa que costó más de un millón de muertos y trastocó el orden establecido. Luego del levantamiento todos reconocen que ninguna otra nación se había enfrentado con tal ardor al poder del dinero y a poder armado por el imperialismo.
   La Revolución Mexicana, en efecto, fue un movimiento espontáneo que tuvo en los campesinos a sus verdaderos protagonistas. En realidad fueron ellos los que se revelaron  contra los grandes propietarios que los aplastaban si piedad, los grandes hacendados y terratenientes que actuando como amos absolutos se repartían gigantes extensiones de tierra, como la hacienda de San Blas, en Sinaloa, o la del Progreso, en Yucatán, que abarcaban cada una de ellas más de un millón de hectáreas .Sus inimaginables fortunas no eran menores a la de los imperios comerciales de las minas y cementeras en manos de norteamericanos, la industria de armas y la quincallería en manos de alemanes o de telas y el gran comercio en manos francesas. 
   La revolución que estalla al llamado de Madero es una fogarada de violencia imperiosa y trágica que levanta hasta lo más alto a los dos hombres que simbolizan las demandas irrenunciables del pueblo de México: llevando a Francisco Villa y a Emiliano Zapata hasta Palacio Nacional, donde antaño reinaron los señores de esencia divina, los antiguos tenochcas aztecas y los virreyes de España. Luego los deja caer. El jefe de la División del Norte y el “Atila del Sur” encarnan a los revolucionarios auténticos del pueblo cuya lucha por la democracia campesina no tienen equivalente en la historia.   
   Al consolidarse en nuevo poder revolucionario al pactar con la oligarquía del capital financiero, la Academia adoptó en definitiva en tono nacionalista, mientras que el teatro degeneró del género del albur y el toma y daca con el público, al género político propio de familias decentes. El nacionalismo se hizo sentir así en términos edulcorados: los de lo sentimental y cursi. El coro de tehuanas y los charros negros alteraron entonces con las necedades interminables del cine y la radio. Dando con ello cuenta de la terrible realidad de los magna voces y de los locutores que hablan en el vacío. Aquellos espectáculos del peor gusto saludaban así al inicio de una nueva civilización, ya no burguesa, sino populista y sin clase: la sociedad de masas.
   La Revolución Mexicana, nacida del entusiasmo de democrático de Madero y de la indignación popular muere en el transcurso de los años veinte bajo el peso de caudillismo revolucionario y en la sucesión de sus césares y asesinatos. Es definitivamente enterrada por Plutarco Elías Calles quien hunde al México rural en la más cruel de las guerras de castas: la del poder central, ateo y anticlerical, contra los campesinos católicos, afectando el terrible fuego de la persecución sobre todo en los estados de Michoacán, Jalisco, Nayarit y Durango.




[1] José Clemente Orozco, Autobiografía. CONACULTA, Planeta, Joaquín Mortiz. México, 2002. Pág. 39-40.
[2]   De José Vasconcelos quedaron impresas las mas acervas críticas al carrancismo y al propio Venustiano Carranza. Ver Qué es Revolución?




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