domingo, 15 de septiembre de 2013

Historia del Muralismo Mexicano I.- La Academia de San Carlos Por Alberto Espinosa Orozco


La Historia del Movimiento Muralista Mexicano
La Academia de San Carlos
Por Alberto Espinosa Orozco



   La historia de la Academia de San Carlos se remonta a finales del siglo XVIII, cuando en 1779 el grabador Jerónimo Antonio Gil, acuñador de la Casa de Moneda, solicitó formalmente la fundación de una escuela de grabado. De hecho, el pintor Miguel Cabrera había hecho sentir en 1753 la necesidad de crear una Academia en la Nueva España para el inmemorial arte de la pintura. Así fue que en el 4 de noviembre de 1781 a solicitud de las autoridades de la Casa de Moneda se iniciaron a impartir clases de grabado en esa institución, teniendo como primer maestro al propio Jerónimo Antonio Gil y como modelo ideal la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de Madrid. Un par de años después, el 25 de diciembre de 1783, se funda oficialmente la Real Academia de San Carlos de las Nobles Artes de la Nueva España, expidiéndose la Cédula Real por Carlos III de España, la cual fue sancionada por la Real Orden del Virrey de la Nueva España, Matías de Gálvez, el 1 de julio de 1785. A partir de entonces se fueron incorporando a la Academia de San Carlos una serie de maestros provenientes de San Fernando, los cuales impusieron los métodos de enseñanza clasicistas europeos.
   El primer local de la Academia se encontraba anexo a las instalaciones de la Casa de Moneda, donde funcionó la escuela de grabado hasta el año de 1791. Posteriormente la Academia se trasladó al antiguo Hospital del Amor de Dios, que fue su primer edificio y donde se impartían clases de grabado, pintura y escultura, pero también de arquitectura, siendo su título el de Academia de las Tres Nobles Artes de San Carlos de la Nueva España, y las tres nobles artes eran: arquitectura, pintura y escultura. De hecho las más importantes pinturas, esculturas y dibujos de México y Centroamérica durante todo el Siglo XIX tuvieron como origen la Academia de San Carlos, como también los proyectos arquitectónicos de iglesias y centros educativos. A mediados del siglo XIX la fachada de antiguo Hospital del Amor de Dios, cede ya de la Academia de San Carlos, fue remodelada por el arquitecto italiano Javier Cavallari en el estilo neoclásico, el que guarda hasta la fecha. El contenido de la escuela también se enriqueció con una serie de impresionantes yesos y vaciados de esculturas grecolatinas provenientes del Museo Vaticano y de réplicas de obras de Miguel Ángel Buonaroti –sumando con el tiempo a su acervo más de 60 mil obras, por lo que desde el principio se le considero el primer Museo de Arte de Latinoamérica.






   Para inicios del siglo XX la Academia de Bellas Artes de San Carlos era dirigida por el arquitecto Antonio Rivas Mercado, siendo algunos de los maestros más importantes el gran paisajista José María Velasco (1840-1912), el recordado maestro Germán Gedovius (1867-1937), los destacados artistas Leandro Izaguirre (1876-1941), Santiago Rebull y Alberto Fuster (1870-1922). Según testimonio de José Clemente Orozco la Academia se encontraba por entonces en el apogeo de su eficiencia y buena organización, debido en buena parte al impuso impreso en la escuela por Antonio Fabrés, pintor y escultor catalán contratado por Justo Sierra y radicado en México por un breve periodo, de 1902 a 1906.
   El artista catalán Antonio Fabrés fue un gran pintor académico, muy influido por Velásquez, adoptando como temas de sus pinturas los religiosos y costumbristas, mostrando profundos conocimientos de la técnica pictórica y una habilidad excepcional. Entre sus méritos como director de la Escuela Nacional de Bellas Artes en los cuatro años de su estadía en la capital de México destacó haber mandado reconstruir los salones de clase, instalando muebles y enceres especiales y disponiendo una iluminación eléctrica perfecta, que contaba con una ingeniosa maquinaria para iluminar a los modelos, parecida a la de los teatros modernos. Su discípulo predilecto y protegido fue el más joven del grupo, Saturnino Herrán (1887-1918), pero asistían a sus talleres como alumnos el precoz Diego Rivera (1886-1957), José Clemente Orozco (1883-1949), Francisco Goytia (1882-1918), Roberto Montenegro (1885-1968), Ángel Zárraga, los hermanos Garduño, Francisco de la Torre, Coria, Ramón López, Romano Guillemín, Antonio Garduño, Rafael Ponce de León y Miguel Ángel Fernández entre otros. 
   El siguiente favorito de Fravés fue Digo Rivera, quien destacaba como uno de los alumnos más aventajados, descollando en todas las disciplinas que eran de su agrado. Recuerda Montenegro que poseía, además de su predisposición para la reproducción de imágenes, una memoria prodigiosa y ya desde entonces daba a sus condiscípulos lecciones de cultura al final de las clases. Rivera inició muy joven la Academia, a los 12 años de edad, siendo discípulo de Pina, de Santiago Rebull, de José María Velazco y de otros célebres pintores.
   La enseñanza se fundaba en un entrenamiento intenso y en una rigurosa disciplina, cuyas normas eran las de la academia europea: copiar la naturaleza fotográficamente con la mayor exactitud. Un modelo estático posaba así durante semanas, el cual era elegido de una vasta colección de reproducciones del arte clásico en posesión de la Academia. Entre otros ejercicios se encontraba el copiar al modelo puesto de cabeza, con lo que los futuros artistas aprendían verdaderamente a dibujar. En aquella época se contaba también con todo tipo de recursos: materiales para pintar, modelos al natural gratuitamente, una soberbia colección de obras maestras de la antigüedad, una gran biblioteca de libros de arte y buenos maestros de anatomía, pintura y perspectiva, reinando por lo tanto entre los estudiantes un entusiasmo sin igual.


[1] Es por ello que entre los tesoros que custodia la Academia de San Carlos se encuentran los troqueles originales de las primeras monedas acuñadas en México, así como las piedras litográficas de los primeros billetes editados en el país.  Hay que agregar que en su acervo cuenta la Academia con  una importante colección de grabados de los maestros más grandes de occidente. Rubens, Durero, Rembradth  y Giovanni Battista Pironesi. También se conserva un importante expediente con de más de mil 400 fotografías originales de Guillermo Kalho y otro con fotografías únicas de la Opera de París. 
  


Maestros de la Academia de San Carlos: Velasco, Pina, Parra, Barragán y alumnos. Plata sobre gelatina

En esta imagen Justo Sierra al centro, acompañado por el director de la Academia Antonio Rivas Mercado y el subdirector Antonio Fabrés, José María Velazco atrás, y en rojo con una flecha Adamo Boari, también se encuentran Federico mariscal y Nicolas Mariscal 





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