jueves, 26 de septiembre de 2013

Desvelo Por Alberto Espinosa Orozco


Desvelo
Por Alberto Espinosa  Orozco





 Caídos en la esfera de la noche,
 al sitio del naufragio y el olvido,
 de las sales, el polvo y el estruendo,
 recuerda el hombre con la tibieza
 del sol que le calienta el pecho,
 como una densa miel que recorre
 el vasto laberinto de las venas,
 el rumor de una fuente en la rivera
 en medio de un jardín que florecía
 poblado por mil aves que cantaran
 solemne himno al que todo lo creara,
 cerca del manantial en que rodaba
 con la música el agua, dos damas conversaban
 y un pavo real con dos conejos que saltaban.

La libertad de volver por el sendero
 peligroso fue señalada desde siempre
 a los seres que habitan el destierro,
 una mañana en que la sierpe huraña
 les mostrara del cuerpo los secretos
 -la libertad de quedarse sobre el valle
 hirsuto del camino pedregoso les fue dada
 también, cuando en tumulto prefirieron a la vida
 ser esclavos del mágico polvo del sepulcro,
 donde Hades, con sus sombras y fantasmas fugitivos,
 puebla el reino de la noche y de los huesos.

La nuestra es la prisión del cuerpo 
que en espejos recrea las formas en sus reflejos,
 haciendo brillar sus inconsútiles destellos
 entre las sombras herrumbradas por vapores,
 donde el olvido hace ciertos los temores
 volviendo inciertas las figuras pasajeras
 al trocarlas por espejismos de la nada
-siendo el recuerdo la luz de las miradas.



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