lunes, 8 de julio de 2013

La Fecha de Fundación de la Provincia de la Nueva Vizcaya Por Héctor Palencia Alonso

La Fecha de Fundación de la Provincia de la Nueva Vizcaya 

Por Héctor Palencia Alonso



   El dato acerca de la fecha de la fundación de Durango por el joven Capitán vascongado Francisco de Ibarra, forma parte de la colosal obra de investigación del insigne José Fernando Ramírez, llamado el "Padre de la Historia Antigua de México", y pionero de la investigación metódica cuyos estudios sirvieron de base a los libros de Alfredo Chavero y Manuel Orozco y Berra. Muy ilustre durangueño nacido en el mineral de Parral, cuando esta población pertenecía al Estado de Durango, José Fernando Ramírez fue actor y testigo de la historia de varias décadas, miembro destacado del Partido Liberal, abogado reconocido en Europa, según consta en documentos ingleses, no pudo contestar con una negativa a la insistente petición de la Emperatriz Carlota para que colaborara en el Imperio de Maximiliano, y fue nombrado por éste, Ministro de Asuntos Extranjeros, el abogado José Fernando Ramírez se trasladó a Alemania, donde era respetado como científico eminente, y murió en la ciudad de Bonn, el cuatro de marzo de 1871.
    Otros datos relativos a esta durangueño, hablan de su notable dedicación al estudio. Su biblioteca personal la adquirieron las autoridades estatales, cuando Ramírez se fue a vivir a la ciudad de México. Esta biblioteca, con obras de los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX, muchas de ellas empastadas en pergamino y escritas en español antiguo, constaba de siete mil cuatrocientos setenta y siete volúmenes, incluidos varios incunables. Estas obras existen en la Biblioteca Pública del Estado, y hacen que dicha Biblioteca sea una de las más ricas del país.
La casa habitación de José Fernando Ramírez también fue adquirida por el gobierno estatal, y es la que hasta hace algunos años ocupaba la Escuela Superior de Música de la Universidad Juárez del Estado, y antes había sido, primero el Instituto de Niñas y después, sede de la elidía Normal del Estado. Esta finca es propiedad de la Universidad Juárez y se localiza en el crucero de las hoy calles de Negrete y Bruno.
   Como abogado, José Fernando Ramírez alcanzó notoriedad como penalista, defensor de doña Nepomucena Alcalde, acusada de dar muerte a su marido en esta ciudad de Durango. Todavía llama la atención el alegato que con que defensor presentó ante el juez de lo criminal. Un alegato que conservo publicado en una revista de derecho.
   Cuando el abogado Miguel González Avelar, ocupó la Secretaría de Educación Pública, se hizo pública la intención de depositar los restos mortales de José Fernando Ramírez en la Rotonda de los Hombres Ilustres de México. Verdad que algunos se opusieron tomando en cuenta la colaboración de Ramírez con el Imperio de Maximiliano. La reinhumación quedó en proyecto de González Avelar y hoy los restos mortales del gran historiador se han perdido. De cualquier manera, es de obligada consulta para los estudiosos de la historia de Durango, el libro "Noticias Históricas y Estadísticas de Durango", obra editada en la Imprenta de Ignacio Cumplido de la ciudad de México, en el año de 1851.
   Cuando se fundó la Villa de Durango, en sitio inmediato a ésta, al sur, ya existía la misión de San Juan Bautista, llamado Analco por los indígenas, nombre de origen nahua que significa "más allá del agua" la cual fue el principio en la inmensa del norte de la Nueva España, de la obra inconmensurable de los heroicos caminantes que difundieron el mensaje de amor de aquel San Francisco que hizo montón menospreciable de todas sus riquezas, y fue por los caminos cantando la luz del sol y la armónica fraternidad de las cosas.
   Un año antes de la llegada al Valle del Guadiana, del Capitán vascongado Francisco de Ibarra ya se escuchaba en la llanura inhóspita al Hombre de Asís que predicaba, a través de sus discípulos, el más alto ideal que no puede ser olvidado, envueltos en su sayal de color ceniza y polvo semejante a la pluma de la alondra. La Misión de San Juan Bautista, así llamada porque los franciscanos llegaron a ese lugar un veinticuatro de junio, albergó al Capitán Alonso de Pacheco, subordinado del Gobernador Francisco de Ibarra, comisionado por éste, para hacer la traza de la Villa de Durango, tres meses antes del acto jurídico solemne de la fundación.
   Es el templo de Analco un monumento de la historia, cansado de años, de baldosas que un día besaron las humildes sandalias franciscanas, evocador atrio arrinconado y delgados cipreses que gimen al recibir el abrazo pesado e inalcanzable del veinte. El día de su primera dedicación, se celebró también el primer bautismo, que fue de un indio apache de nombre cristiano Vicente Simón, que habiendo sido hecho prisionero fue instruido en la nueva religión.
   Los conquistadores que venían con Francisco de Ibarra no formaban parte de un ejército a sueldo. De acuerdo a las normas establecidas para la conquista, que aparecen en el libro de Silvio A. Zavala, titulado "Los Intereses Particulares en la Conquista de la Nueva España", los expedicionarios invertían por iniciativa individual ciertos bienes y comprometían sus servicios, a cambio de tierras y metales preciosos si la empresa se veía coronada por el éxito. Aquí encuentro el origen de la iniciativa privada en Durango y en el norte de México.
   Por tratarse de una empresa particular, se repartían los españoles conforme a ciertas reglas. Se recompensaba mejor a los soldados que aportaban caballo y espada que a los que participaban a pie. Las "Caballerías" eran medidas de tierra para los expedicionarios a caballo, y las "peonías" para los que marchaban a pié. El origen de la palabra "Patán" se refería a caminar a pie. "Patán" viene, pues de ir "a pata". Una distinción con el caballero, de marcado sentido económico.
   Grandes acontecimientos están en el origen de Durango, génesis en la que, según la poética visión del ilustre orador sagrado y escritor David G. Ramírez, se fundieron en un mismo crisol todos los brillos de nuestra Historia: la espada virtuosa del joven Capitán don Francisco de Ibarra y el raído tornasol de los sayales franciscanos el ágata empolvado de los soldados españoles y el ocre glorioso de los indios expectantes... Y en el mismo canto memorable a nuestra cuna, el poeta Ramírez -Jorge Gram, en la literatura-, imagina a la ciudad de Durango como gentil princesa encantada, que acaricia el ensueño de rutilante destino recostada en la mitad de su valle de luz.







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