martes, 11 de junio de 2013

Narciso Sin Eco Por Alberto Espinosa

Narciso Sin Eco
Por Alberto Espinosa 

En busca de belleza fui al monte
y la naturaleza era un río de sal :
bosques talados por el fuego,
brumas de yodo tornasol las nubes,
y el lago de alegría era espejo
glacial donde Narciso se miraba
en esquirlas la bizarría del rostro.

Vagué por los minutos hechos horas
En días de horas hechas nada :
Inexistente instante suspendido
En espuma de grantido : polvo
en gtrito de luz petrificado.

Bajé hasta el Purgatorio de las almas
sin pena: inversas colinas
se abrían a mi paso sometidas
a la orfandad, autómatas estatuas
los hombres de sí mismos
y la fascinación desnuda
el apetito y el lujo royendo
la túnica de los nervios últimos.

Levantando la tienda del nómada
en mis huesos armada de otros huesos
y otras pieles, hinché un aeróstato
para cubrir la aridez del mundo:
escarpadas bibliotecas, ruinas,
desiertos que acorrala la memoria
y la selva de la etimología
y el réprobo olor de la mentira
rutinaria de Bagdad olvidada.


Cuando por fin la encontré dormía
en el balcón de su castillo de hadas
y ante ella, con la acritud roja
del humo entre los labios quise hablar
y descubrí que no tenía palabras.
















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