sábado, 18 de mayo de 2013

Gentecilla de Aldea I y II (Cuentos) Por Alberto Espinosa


Gentecilla de Aldea I 
Los Hombres de la Cueva

   La callada y tranquila provincia colonial mexicana da a veces la impresión de un cuadro, romo, chato, que recuerda vivamente a aquellos dos compadres que huyendo de la justicia se van a meter al oscuro recoveco de una cañada, para encerrarse con su botín a piedra y lodo, dándole la espalda a la realidad universal, embelesados en su compartido subjetivismo extremo, sintiéndose por ello y dando gritos jubilosos por ello, los más chingones del mundo. Su estratagema había sido siempre la misma: hacer roncha aparte, diciéndole desdeñosamente a la comunidad pues ahí se quedan, dejando pronto chiflando en la loma a sus secuaces. Los forajidos, sin embargo, repetían cada vez que alguien los visitaba para llevarles alguna vianda: "No hay dinero", les decían, y les volvían a repetir a la salida en un tono más bien amenazante: "Es que.., No hay dinero...!", ya con mecánica voz de cinta magnetofónica y una especie de testarudez redomada, mientras con ojos largos y ávidos desviaban la vista y miraban al unísono el petate, bajo cuya trama deshilachada se escondía "el sabroso" botín, y les escurría la  baba, blanca, de la boca, que se hacia como de agua. Así le llamaban a todo aquello: "El sabroso", por el gusto que le daba ocultar todo aquello. No habiendo mujeres a la redonda, pues total, que los dos compadres aquellos empezaron a agarrarse cariño... Feo cuadro, en verdad, producto de una huera ambición desmesurada y del confinamiento esclavo al que conducen las mentiras y las pasiones malamente domeñadas....!!!



Gentecilla de Aldea II

El Capitán de la Capital del Capital  

   Encontrándole un átomo de verdad al dogmático Marx, el académico y científico social aquel se dedicó por rancios años a edificar sobre su núcleo una montaña de vagarosos sueños progresistas viendo, no sin sorpresa, que el invisible y diminuto átomo, apenas una ínfima partícula, casi nada, casi una mera teoría nada más del intelecto humano, era una rica veta de mineral precioso, con la que se podían mover masas, agitar conciencias a voluntad, aceitar los procedimientos administrativos... por y como por añadidura aplicar para viajes, conseguir créditos y honores... explotando así ese filón, ese hilillo dorado de la credulidad humana, haciéndolo así, sin tacha alguna, militantemente hasta llegada su dilatada jubilación... Después de ello, en viajes confortables y despilfarrados por las Vegas, en sofocantes divertimentos por Florida, en asombrosos paseos gélidos por Nueva York, empezó a reconsiderar las ventajas del capitalismo, su holgura material, una cierta permisividad de expresión, confirmando así, se decía él, de alguna manera, su obcecada fe en El Capital. Y sin embargo, en sus sueños más profundos, noche a noche, como la gota de agua que llena categóricamente el balde  agua en la terraza, lo agitaba siempre la misma desazón de madrugada, la misma angustia hundida en la tiniebla, de ir avanzando, a empellones, con dificultad, poco a poco, entre cadáveres---¡!!








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